26 jun. 2012

Parejas Desparejas

A principios del siglo pasado, era frecuente que las mujeres muy jóvenes se casaran con hombres muy mayores una costumbre heredada del orden patriarcal tradicional cuando las uniones eran por conveniencia o las mujeres estaban destinadas únicamente a la procreación.
Hoy, la mujer y el hombre se relacionan de otra forma. Mucho tuvo que ver la influencia de la llamada “Generación Beat”, “Movimiento Hippie” y el “Activismo Femenino” con la consecuente modificación del rol de la mujer.

Tal es así que, en las sociedades más desarrolladas, la mujer ingresa -o reingresa después de haber tenido hijos- en el mercado laboral, en cualquier etapa de la vida familiar, por lo que consigue expectativas mayores de satisfacción personal respecto de hacerlo sólo a través del matrimonio y de la familia.

El mayor que ella

En noviembre de 1991, Nora (33) se cruzó con Carlos (50) vecino de años de su tía, el día que fue a ayudarla a organizar el cumpleaños de un sobrino y entonces él le peguntó: “-¿Qué vas a hacer esta noche?-”. Nora, irónicamente, le comentó que tenía una juerga total, un cumpleaños de 13. “Por su puesto que acepté salir luego de la fiesta. Me pasó a buscar por casa, fuimos a bailar, luego a tomar un café y desde aquella noche, hace 20 años atrás, no nos separamos más”, recuerda Nora con melancolía.

María Fernanda Avecilla conoció a Fernando cuando ella tenía 23 y él 34, en el trabajo. Todo empezó con una amistad, el fue su consejero cuando terminó con su primer novio y la contuvo. “A mi no me importaba la diferencia de edad pero a él sí, ya que había tenido una novia anterior más joven, con quien terminó porque ella no quería formalizar sino que prefería primero viajar, vivir sola y no tener hijos ni familia en ese momento, en cambio él ya quería encontrar una mujer para que sea su esposa”, recuerda María Fernanda.

Nunca convivieron, aunque ella se quedaba mas en la casa de él que en la propia y a los dos años formalizaron su compromiso y se presentaron a las familias. “El tenía su proyecto de vida ya muy claro a diferencia de otros novios que tuve de mi misma edad. La parte económica no fue lo que me interesó pero si que compartiera conmigo la importancia de crecer en el aspecto profesional, yo soy contadora y él es licenciado en comercio exterior”, entiende María Fernanda y explica que luego empezaron los proyectos en común: “casarnos, formar una familia y acordar lo que deseábamos para nuestros futuros hijos”.

La mirada de los otros

María Fernanda medita que quizás lo más conflictivo fue ensamblarse cada uno en el grupo de amigos del otro. Los amigos de ella estaban en la etapa de salir a bailar, tomar alcohol y cambiar de chicas todos los sábados, mientras que los de él, en su mayoría, ya estaban casados e incluso con hijos.

Estas lógicas diferencias no impidieron que Fernando (39) y María Fernanda (28) se casaran y tuvieran a Benjamín, que hoy tiene casi 1 año. Ambos siguen adelante con sus profesiones, sus trabajos y se organizan para criar a su bebé y esperar a los que proyectan tener.

“El no quiere dejar pasar mucho tiempo más para el segundo”, explica María Fernanda y agrega: “porque en cierta medida, lo persigue su reloj biológico, quiere disfrutar del rol de abuelo y de sus nietos. Entonces, no es lo mismo ser papa a los 30 que a los 40 como lo fue él”, concluye María Fernanda.

En el caso de Nora V, la edad tampoco tuvo importancia para formalizar la relación cuando se casaron por Civil. “Acepto a la gente como es y no por su edad, ya que conozco a muchos jóvenes viejos y viejos jóvenes”, afirma.

Pero por el lado de la maternidad y paternidad entiende que la diferencia de edad influyó en la decisión de ambos con respecto a los hijos: “Desde un principio acordamos no tenerlos, Carlos porque ya no estaba en edad para hacerlo y por ejemplo no quería que cuando lo fuera a buscar al colegio le preguntaran a su hijo si era “el abuelo”. Por mi parte, no quise que mi hijo tuviera que sufrir todo lo que pasé yo por ser única hija de padres mayores, recurrentemente enfermos”, argumenta Nora.

Con respecto a la vida social, Nora y Carlos, que actualmente viven en Mar del Plata, no tuvieron problemas. “Quizás porque al año de estar en pareja, nos fuimos de Buenos Aires a Córdoba y la gente nos conoció como una pareja conformada, así que nos aceptaron como tal”, reflexiona Nora pero admite que en lo familiar no fue fácil.

“Mis primas y primos me decían que salga con el hijo que era mas para mi edad que Carlos, quien además me “negaba la maternidad”. La ahijada, Florencia, le escribió una carta muy fuerte y la dejó de tratar por el mismo tema. A su vez, se presentaron conflictos con los hijos del matrimonio anterior de Carlos. “Fabiana siempre me usó como trampolín para llegar al padre y obtener algún beneficio económico. Pablo, desde un principio, aclaró que nunca iba a aceptar al padre con otra pareja que no fuera su madre”, lamenta Nora.

Hoy, después de 20 años de matrimonio, Pablo la respeta: “Pienso que observó mi dedicación y cuidado ante las enfermedades del padre -20 operaciones- y reflexiona que si bien estos conflictos no afectaron a la pareja para desunirla, dejaron sus huellas.

La edad y el sexo

El médico y sexólogo Juan Carlos Kusnetsoff considera que los hombres que se relacionan con mujeres más jóvenes buscan un aditamento que es la juventud por el vínculo sexual. Pero “existen, en esas situaciones, frustraciones porque muchos mitos y estereotipos no se cumplen en la realidad y al poco tiempo esos vínculos tienden a desaparecer. Lo mismo pasa a la inversa”, explica el médico más conocido como “Dr. K”, en la columna del programa radial “Perros de la Calle”, conducido por su hijo Andy, y creador también de la pagina www.e-sexologia.com

Kusnetsoff reniega hablar de generalidades puesto que es mucha la variedad de parejas que asisten al consultorio y cada una es un caso particular. Aunque, hay cierta frecuencia de consultas que, en el plano sexual, se plantean con respecto a la edad.

Actualmente, Nora (53) advierte que con los años se nota la diferencia de edad, sobre todo en el plano sexual, ya que no se trata solamente de querer, sino de poder. “Muchas veces necesito y quiero estar con Carlos (70) pero no se llega a buen término porque su irrigación sanguínea no es suficientemente estable para poder complacernos a ambos”, confiesa Nora.

Un hombre, cuando llega a determinada edad, siente la necesidad de ser acariciado, "contenido" y hasta "acunado" por su mujer. El control eyaculatorio en las edades de sesenta o más años, es superior al de los jóvenes. Es capaz de mantener su erección durante un período prolongado de tiempo, sin eyacular, y esto constituye una ventaja en relación al joven.

Sin embargo, el período refractario -período posterior al orgasmo y eyaculación- es más prolongado a medida que pasan los años, entonces el orgasmo masculino es mucho mas lento, tarda en llegar afectando, lógicamente, la frecuencia general de relaciones sexuales, revela el Dr. K

Existen muchas diferencias físicas y psicológicas entre un hombre o mujer a los 40 años con respecto a otro hombre o mujer de 20. “Al principio la cosa puede andar bastante bien, pero tarde o temprano una vez satisfechas las necesidades o las esperanzas de tipo sexual, la realidad se impone y esa situación ideal sexual se desvanece si no se completa con otros proyectos”, explica el Dr. K. y recuerda que cuando él era adolescente su padre, “que de sexólogo no tenía nada”, le dijo: “Una vez que se te va la calentura vos tenes que vivir con la persona. Con eso me dijo todo”, concluye Kusnetsoff.

El amor es más fuerte

Enrique Martín López, catedrático español de Sociología y autor de “Familia y Sociedad”, explica que la convivencia entre el hombre y la mujer se basa en el reconocimiento de las cualidades y valores del otro, la perdida total y parcial de los mismos –belleza, juventud, simpatía, educación, posición social y económica, capacidad intelectual, etc.-, debida a factores como el tiempo o la enfermedad, o el descubrimiento de que tales valores no eran realmente poseídos por el otro, a través de la convivencia, supondrían, muy probablemente, la ruptura de la relación pero al mismo tiempo afirma que puede surgir el amor que “todo lo disculpa y todo lo perdona”.

Cuando las mujeres eligen a los hombres mayores como pareja no es, necesariamente, patológico, ni aplicable a la teoría freudiana sobre el complejo de Edipo y el deseo sexual hacia el progenitor del sexo opuesto, manifestado en el hombre elegido.

Juan Carlos Kusnetsoff considera que esa consideración es un rebusque del psicoanalista para poder decir algo conforme a la expectativa que uno tiene: lo busca al padre, madre o abuelo. Cada caso es un caso, es muy difícil generalizar: “Este país esta psicoanalizado y habla ese lenguaje” y explica: “Vos venís de una mamá al igual que yo, entonces obviamente que es cierta la premisa maravillosa que los problemas que uno tiene, como la elección de una pareja, tiene que ver con mamá y papá”, ironiza Kusnetsoff.

Entonces, como explica el Dr. K, si la pareja no se completa en un proyecto que contemple ansiedades y ambiciones comunes en el plano de la realización mutua, termina desacoplándose, independientemente de la diferencia de edad.

Ella mayor que él

Existe un tabú social que reza que la mujer que esta con un hombre 7, 10 o más años menor busca únicamente la satisfacción sexual. Kusnetsoff asiente que esa unión puede llegar a tener relación con la sexualidad: “algunas veces la mujer puede buscar la resistencia, la posibilidad de aumentar los vínculos sexuales, pensando que un hombre joven puede satisfacer a una mujer adulta, lo mismo ocurre a la inversa”, explica Kusnetsoff pero agrega que eso es un mito y finalmente con esa única idea, las cosas suelen fracasar y la frustración y la realidad se imponen.

Natalia González médica pediatra de 36 años conoció a Juan, 7 años menor, en la clínica donde trabajaban: “Nos comprometimos a los 5 meses de noviazgo y la fecha de los añillos es del primer día que nos dimos un beso. El dice que desde entonces se siente comprometido conmigo”, cuenta Natalia.

Con respecto a la diferencia de edad ella admite que al principio él no le había contado su verdadera edad por miedo a que ella lo rechazara. Natalia se enteró en el cumpleaños de él pero para ese entonces ya estaba tan enganchada que no le importó: “Además, salvo esa mentirita, me demostró más madurez que muchos de mi edad”, admite Natalia.

Socialmente, nadie parecía oponerse a la relación pero recibieron advertencias. Juan por parte de su abuela pero más que la diferencia de edad, la preocupación fue que Natalia tenía una hija, Lucía, y consideraba que la relación era “mucha responsabilidad para su nieto”.

Del lado de la familia de Natalia, las advertencias vinieron de parte de su mamá: “Imaginate caer con un pibe 7 años menor y lleno de rastas, se imaginó que su nieta viviría tipo hippie toda su vida”, manifiesta Natalia entre risas.

Cada uno terminó sus proyectos: el se recibió de médico y ella terminó la residencia. “Luego vinieron los proyectos comunes, formamos una familia tuvimos dos hijos en común y en cuanto podamos cumpliremos el sueño de la casa propia”, reflexiona Natalia y entiende que si hay amor se puede seguir adelante con la pareja: “Después de 7 años los problemas son los de cualquier pareja, rutina y cansancio pero no por la diferencia de edad” concluye e ironiza: “Aunque si lo pesco con una más joven lo mato” (risas)

Como escribió Émile Armand, influyente escritor y activista anarquista francés, propagandista del amor libre: “Los sexos se atraen mutuamente, se buscan naturalmente, normalmente: este es el hecho original, primordial, la base fundamental de las relaciones entre las dos mitades del género humano. Por otro lado, es una locura querer reducir el amor a una ecuación o limitarlo a una forma única de expresión. Aquellos que lo intentaron se dieron cuenta bien pronto de que habían equivocado el camino. La experiencia amorosa no conoce fronteras. Varía de individuo a individuo”.




Consultora de vínculos

Mónica Piccoli, directora de la agencia de nombre homónimo explica que no hay lugares para conocer gente, antiguamente estaban los clubes y mediaban las presentaciones de amigos. Hoy, por la falta de tiempo y desconfianza de quienes se pueden conocer en un boliche, muchos solteros optan por tercerizar las cuestiones del corazón.

Este rol de celestina, que prestigió el nombre de agencia matrimonial como consultora de vínculos, tiene clientes que, en su mayoría, son profesionales de alto nivel socioeconómico y cultural, mujeres y hombres que viven solos. Según la EPH de 2009 los hogares unipersonales en la Ciudad de Buenos Aires, representan el 29% del total de hogares y van en ascenso.

Picolli explica que el consultor funciona como filtro y nexo. De ese modo, analiza su base actual de datos, unas 400 personas, y busca quiénes podrían ser afines. Les anuncia por teléfono que pueden conectarse y ellos lo hacen, también, telefónicamente. De ahí en más, el futuro depende de ellos. “La consultora no establece honorarios por cada presentación, existe un arancel único al principio, que no tiene tiempo límite ni cantidad de presentaciones topes”, manifiesta Piccoli y con esto revela que las uniones son siempre exitosas.

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