13 mar. 2013

COMO SER FELIZ - Por Natalia Yanina Vázquez




La creencia general es que la felicidad se consigue al obtener algo que falta: un hombre, una mujer, un auto o una casa. Pero según los estudios de la psicología positiva la felicidad se construye al conjugar las emociones, los vínculos sociales, los logros y el amor en todas sus manifestaciones.

“Consciente de que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental” y “reconociendo la pertinencia de la felicidad y del bienestar como objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo”, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó, este año, al 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad.

Pero ¿Se puede ser feliz y construir la felicidad? Si las necesidades básicas están cubiertas –según Aristóteles- se puede afirmar que la felicidad no tiene que ver ni con el dinero, ni con el éxito. La felicidad se construye en función de vivir poniendo en juego las diferentes áreas que el psicólogo norteamericano Martin Seligman denominó PERMA”.

Viviana Kelmanowicz psicóloga y psicopedagoga, profesora titular de “Intervenciones en Psicología Positiva” de la Universidad de Palermo explica que el PERMA (acrónimo en inglés) resume: P: Emociones positivas. E: (Engagement) Compromiso. R: Relacioones, vínculos sociales. M: (Meaning) Tener una vida con significado y A: (Accomplishment) Realizaciones, logros.

Asimismo, la psicóloga advierte que el amor es la emoción que condensa a todas las demás emociones positivas (gratitud, orgullo, serenidad, etc.) por lo tanto, se puede afirmar que experimentar amor en cualquiera de sus formas (romántico, fraternal, espiritual, maternal y otros) incrementa la felicidad.

Sin dudas, la maternidad y ese primer vínculo con el recién nacido es uno de los momentos que toda madre revive con mayor bienestar. Romina Hernández (37) cuenta que su primer bebé se adelantó 1 mes y por eso no pudo tenerlo con ella en la habitación del sanatorio. “Lautaro estuvo 2 semanas internado en neonatología y recuerdo que recién a los 5 días de nacer los médicos me permitieron ponerlo en mi pecho. Ese fue un momento hermoso, emocionante y de plena felicidad, que aún hoy se me estremece la piel al contarlo”, manifiesta Romina.


La felicidad es heredable y estable


Sonja Lyubomirski en su libro “La ciencia de la felicidad” (en un estudio que incluye 225.000 adultos) sostiene que el rango en que se experimenta la felicidad es en un 50 por ciento hereditario, sólo el 10 por ciento está definido por las circunstancias que se atraviesan (dinero, casamiento, soltería, trabajo, etc.) El 40 por ciento restante se debe a la actividad deliberada que cada uno realiza en busca del bienestar, en función de lo que cada persona haga. Es decir, que todos tienen un 40 por ciento de posibilidades de guiar su actividad en forma intencional para producir mejores estados de ánimo o mayor felicidad.

En este sentido, Viviana Kelmanowicz consultada por Convivimos explica que las personas poseen una capacidad notable para habituarse a cualquier cambio positivo en su vida, por eso se habla de “habituación o adaptación hedónica” a las emociones positivas. En consecuencia, según la lógica, no se puede lograr que las personas sean muy felices para siempre, porque cualquier aumento de la felicidad será temporal y a largo plazo, regresan a su nivel de bienestar original o de “referencia” (ese 50 por ciento genético) por eso se explica que cuando alguien obtiene algo que deseaba con ansias no suele provocar un estado de felicidad eterno, sino efímero.

La felicidad se construye


“Entonces, la clave de la felicidad no consiste en cambiar nuestra constitución genética -algo imposible- ni en cambiar nuestras circunstancias –por ejemplo buscar tener más dinero-, sino en nuestras ‘actividades deliberadas’ de todos los días que tienen efecto sobre nuestro nivel de felicidad” -afirma Kelmanowicz y expone- “la felicidad depende del accionar de cada persona. Es necesario que los adultos desarrollen una ‘actitud’ intencional y activa hacia la búsqueda de la felicidad y es ‘responsabilidad’ de cada persona adulta promover el diseño de contextos favorecedores de afectividad positiva, para que los niños sean proclives a desplegar, en el futuro, una búsqueda activa hacia el ‘bienestar subjetivo’ porque “la felicidad no se encuentra, se construye y se crea”, remarca la profesional.

Según los profesores en psicología estadounidenses Edward Diener, Steve Sandvik y William Pavot el “bienestar subjetivo” implica un balance del efecto positivo frente al negativo y por ende, una vivencia de felicidad. Esa sensación de bienestar es experimentar emociones positivas en un mayor porcentaje de tiempo, respecto al que sentimos emociones negativas, formando un círculo positivo de retroalimentación.

Maria del Carmen Ibañez (84) dice que, a su edad, tiene un gran número de recuerdos felices pero que, actualmente, lo que la hace sentir bien es “ver crecer a sus plantas” y no solo las que cultiva en su propio jardín –que parece un cuadro de Monet- sino a los plantines y gajos que hace para sus nietas. “A Valeria, la mayor, le planté dos hermosos jazmines celestes y unas campanitas trepadoras blancas que hoy están inmensas y embellecen su parque. Esa es mi manera de brindar amor y me da mucha felicidad ver como han crecido y las han cuidado. Es una manera de estar con ella y permanecer”, expresa con ternura María.


Paraíso e Infierno


Viviana Kelmanowicz como miembro titular también de la Asociación Internacional de Psicología Positiva explica que sentimos lo positivo, tanto como lo negativo. “Paraíso e infierno”. Los estudios dicen que aquellos que más intensamente sienten lo negativo, experimentan con igual intensidad lo positivo. “La clave está entonces -confía Kelmanowicz- en aumentar la frecuencia de lo positivo, de las experiencias y vínculos efectivos y no en intentar eliminar lo negativo, básicamente porque es imposible”.

La psicología positiva tiene como foco no sólo ayudar a las personas a superar sus problemas (objetivo de las terapias tradicionales) sino, y básicamente, focalizarse en sus fortalezas, en aquello que hace sentir a las personas realizadas, en paz y armonía con los otros. Abraham Maslow y Carl Rogerts fueron los que establecieron las bases del bienestar psicológico, de la felicidad y trabajaron sobre los aspectos objetivos de las personas como el amor, la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la resiliencia y Martin Seligman el que aunó todos esos esfuerzos en lo que denominó “psicología positiva”.

Y así se entiende que la “inteligencia emocional” (la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos) es fundamental. No se puede evitar la tristeza, la decepción, la desilusión ni el dolor. No se pueden evitar los duelos. El estado de ánimo de cada persona va a depender momentáneamente de lo que le suceda. “Los hechos nos acontecen”.

“Lo importante es qué hacemos con lo que nos ocurre” –revela Kelmanowicz- “Cómo estos hechos pueden influirnos”. Es decir, cómo y en qué medida los acontecimientos de la vida afectan el ánimo y la calidad de vida de los individuos. Entonces, dependerá de esa fracción genética pero también de ese 40 por ciento de actividad intencional, que se puede generar en la vida y, como adultos, enseñarles a los hijos.

“A mi terminar de leer un libro me da placer” -cuenta Gisela Barros (39) y relata- Martín, un amigo entusiasta por la literatura, que cursa talleres literarios y que espero, algún día, edite y publique sus cuentos, me regaló un libro de Pablo Ramos, crudo, intenso y cuyos cuentos me llegaron a las vísceras, más que al corazón y que terminé en 3 días. Eso me puso feliz”, relata Gisela quien recuperó un hábito que había abandonado.


Saborear, Fluir y Atención Plena


Entre las premisas que propone practicar la psicología positiva como entrenamiento para lograr el bienestar y la felicidad están: El saboreo relacionado con el aprecio de la belleza, la excelencia, la capacidad de admiración y el asombro.

También el “fluir”: la posibilidad que tenemos de abstraernos de todo y entregarnos, al menos por un momento, a aquellas actividades que no tienen otro objetivo más que el placer de hacerlas. El psicólogo y sociólogo croata Mihaly Csikszentmihalyi define “fluir” como el momento en que funcionamos a pleno rendimiento y estamos concentrados en la actividad que realizamos.

Para que esto ocurra, el psicólogo cree que es necesario que haya un equilibrio entre nuestras habilidades y los desafíos a que nos enfrentamos. Por ello, el peor acoso laboral es impedir la posibilidad de fluir, ya sea a través de tareas demasiado fáciles, que nos llevan al aburrimiento, o a través de tareas demasiado complicadas, que nos provocan estrés.

Y por último esta lo denominado Mindfulness o “atención plena” esto es aprender a centrar la mente de forma consciente en la experiencia del presente, del aquí y ahora. Y hacerlo como observadores sin prejuicios, sin emitir juicios. Algo así como aprender a centrarnos en el presente sin poner etiquetas, sin pensar "esto no debería ser así", "no me debería sentir así". Simplemente recibiendo el presente lo que existe, la experiencia tal y como es.

En definitiva “saborear” las cosas placenteras de la vida, “fluir” en la práctica de aquello que nos da verdadero placer y conectarse con suma “atención” y plena conciencia con “este presente”, sin prejuicios, dándole el tiempo y el espacio que merece es una forma de emprender el camino para acercarse a la felicidad.

Entrenamiento para ser feliz


Algunos consejos que la psicóloga Viviana Kelmanowicz enumera de la Psicología Positiva para alcanzar el estado de felicidad:

 Actos de amabilidad: Recordar algún momento en que uno haya actuado de manera generosa y amable y en los que se sintió satisfecho. Visualizar la respuesta del receptor de la actuación y la sensación que se experimentó. “Saborearla”.

 Placer y significado: Llevar un registro, por 2 semanas, de las actividades cotidianas y tomar el tiempo que le dedica a cada actividad. Armar una tabla que indique cuánto significado y cuánto placer le provee cada actividad y la cantidad de tiempo que le dedica. Evaluar si se está satisfecho con el resultado.

 Preguntarse qué le provee a la vida de significado. Qué brinda esa gratificación emocional que uno necesita para sentirte bien consigo mismo.

 Desarrollar habilidades nuevas. Proponerse aprender cosas nuevas.

 Cultivar las relaciones: conectarse, llamar o verse con aquellas personas con las que no uno se encuentra por falta de tiempo o por la inercia de la vida. Incrementar la intensidad de los vínculos.

 Contar bendiciones: pensar las tres mejores cosas que le pasaron en el día, llevar un racconto de lo bueno que le pasó (desde lo más pequeño hasta lo más grande) y agradecer por eso.

 Agradecer: pensar en aquellas personas a las que por su impacto en tu vida, uno desea agradecerles. Escribirle una carta contándoles por qué fueron importantes para uno, en qué ayudaron, qué le brindaron a uno, etc.

 Compromiso: Comprometerse con sus objetivos.



Nota publicada originalmente en la revista Convivimos/Autora: Natalia Yanina Vázquez