26 jun. 2012

Nos mudamos!


Mudarse es un cambio importante en la familia. Es una bisagra que cierra un lugar cargado de vivencias y abre otro al que habrá que adaptarse. Se pasa por distintas emociones que van desde el estrés, la ansiedad, la angustia y el fastidio a la felicidad.


“Otra vez cambio de casa, de nuevo cambiaron mis cosas, otra vez cambio de luna y de barrio...”, cantaba Mónica Posse a principio de los 80, en el disco Tiempos de Cambios, en cuya tapa estaba ella sentada sobre unos canastos de mimbre, en medio de todas sus pertenencias acumuladas y muebles desordenados que ilustraban el día de la mudanza.

Según los profesionales de la salud y los psicólogos, la mudanza ocupa el tercer puesto en la clasificación de los factores que causan estrés y debilitación, por detrás del duelo y el despido. La doctora Graciela Moreschi columnista en el canal América, consultada por Convivimos, dijo al respecto que cuando una persona o familia atraviesa una mudanza se remueve todo su pasado.

Una mudanza es un duelo, además de un cambio y representa mucho esfuerzo para adaptarse a una nueva situación y entorno. También, implica hacer limpieza y remover elementos que rodean y forman parte de la vida cotidiana pasada y presente. Florecen recuerdos, álbumes de fotos, se clasifica y se descarta la ropa.

Este proceso de desarmar una casa para rearmar otra es una manera de enfrentarse al paso del tiempo. Por lo tanto, una mudanza genera ansiedad y estrés “esto último es la velocidad de desgaste del organismo ante algo nuevo”. En algunos casos angustia, melancolía y, en extremo, depresión.

El viernes 16 de noviembre, a las 9 de la mañana, irrumpieron en la casa de Raúl Cordomi y su pareja toda una legión de trabajadores cargados con cajas de cartón, papel para envolver, mantas y ese “fabuloso invento que es el papel plástico de burbujas”.

Alrededor de las 15 horas de ese día el aspecto de todo el departamento era “escandaloso”, montones de cajas de distintos tamaños, apiladas, a la espera de ser acarreadas hacia el nuevo hogar. “La noche del viernes al sábado, la única cosa que estaba entera en la casa era nuestra cama, pues tuvieron la gentileza de no desarmarla hasta el día del traslado”, recuerda Raúl alzando sus cejas con hastío.

Y el día de la mudanza llegó. “A pesar de la dedicación y paciencia de mi compañera, la jornada fue extenuante”, confiesa Raúl y dice que los únicos adjetivos que le vienen a la mente al recordar aquel día del traslado son tensión, ansiedad, angustia, fatiga y agotamiento, todos ellos unidos a varios dolores que les recubrían todo el cuerpo.

Mudarse con hijos

Para los niños también es difícil el proceso de una mudanza. Ellos también experimentan nuevas emociones frente al cambio de escuela, amigos, un nuevo lugar y hogar. “Para los más pequeños su casa es todo. Están apegados a sus cosas y su lugar es el mundo que conocen. Entonces, mudarlos es cambiarles el mundo y ellos no tienen la experiencia suficiente como para saber qué pasará después”, explica la doctora Moreschi también miembro y docente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA)

Por lo tanto, es aconsejable, en primer lugar, “hablar mucho del asunto y hacerlos participar. Son fundamentales los objetos que aman y a los que se sienten ligados, deben ser los primeros en aparecer en la nueva casa y deben tener un lugar preferencial”, recomienda la doctora Moreschi y considera que asegurarles que quedaran ligados a sus amigos de la casa anterior y, si es posible, invitarlos a la nueva a quedarse a dormir es otra manera de ayudar a los hijos a pasar por este proceso de cambio.

Luciana M. había contado, en una nota anterior, que crió a sus hijos en Tartagal, provincia de Salta, luego por el trabajo de su marido, se mudó con su familia por nueve meses a Buenos Aires, de donde son oriundos ellos, y en febrero de este año se instalaron en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut.

Actualmente, instalada en Comodoro, Luciana asume que los chicos tuvieron la facilidad de hacerse amigos muy pronto. Además, coincidió el traslado con dos matrimonios amigos de Salta, de la misma empresa de su marido, con quienes sus hijos esperaban encontrarse porque los hijos de ellos también formaban parte del grupo de sus “viejos” amigos del colegio y barrio anterior.

Adaptarse a los cambios

El factor económico no es tan importante para los más chicos, entiende la doctora Moreschi, sino los amigos y la posibilidad de participar que se les brinde en este proceso. “Todos sabemos como a veces los niños se enganchan con un juguete pequeño y sin valor y desestiman otro carísimo. De todos modos los chicos deberán pasar por un importante proceso de adaptación si el cambio es considerablemente distinto al lugar donde estaban viviendo”.

En este sentido, los chicos tienen que aprender que en la vida hay cambios para bien y para mal. “La capacidad para asimilar estos cambios les dará el nivel de tolerancia a la frustración, que es imprescindible para ser feliz. Un chico que nunca se ha frustrado, no tiene ninguna tolerancia y un pasaporte a la infelicidad de por vida”, conceptúa la doctora Moreschi.

La reubicación en otra provincia por cuestiones laborales, generalmente trae mejoras salariales y abre la posibilidad de futuros ahorros pero implica la separación de la familia extensa, abuelos, primos y tíos.

La distancia

Susana Castro cuenta que con su familia se mudaron varias veces debido al trabajo de su marido. Desde San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires, a General Madariaga, luego a Bahía Blanca, Río Negro y por último se establecieron en Llavallol, al suroeste del Gran Buenos Aires.

“Para mí fue estresante, sobre todo la primera vez, porque lo hice con una bebé de 2 meses y a muchos kilómetros de mi casa y mi familia” –confiesa Susana y recuerda- “nos mudábamos con lo justo y necesario, con el ánimo de volver (por lo menos yo) ya que nuestro departamento quedaba medianamente armado y alquilábamos una propiedad en el lugar de destino”.

Susana cuenta que el motivo de sus mudanzas fue siempre económico. “Mejorar el porvenir aprovechando las oportunidades laborales y de nuestra juventud”. En aquellos años se pagaba mejor sueldo en el interior y la posibilidad de ahorrar era mayor. Sin lugar a dudas nuestra posición económica mejoró a raíz de esos cambios”, admite Susana.

También, Susana recuerda que la visita de los abuelos, un par de veces al año, era motivo de alegría. Pero no se pudo evitar el alejamiento de los primos y el trato de cercanía no se recuperó más. “No tengo dudas que los chicos se adaptan a todo, siempre que estén con los padres. Creo que los hijos, cuando son chicos, están unidos al vínculo familiar y no a los sitios”, afirma Susana.

Es cierto que los más chicos se adaptan más fácil que los adultos a los cambios y que una mudanza será un episodio desestabilizante para una persona de acuerdo al grado de flexibilidad que tenga. Cuánto más rígida y con resistencia al cambio más dificultad se tendrá para atravesar un proceso de cambio. La ansiedad y el estrés es común en esos momentos y solo empeoran estos estados de ánimo en aquellas personas que cuentan con una disposición personal previa.

La doctora Moreschi admite que en los casos que las mudanzas se dan por ruptura familiar (separación de los padres, por ejemplo) las circunstancias son más difíciles porque este cambio está íntimamente ligado a cómo se lleva a cabo esa separación. En este sentido, es conveniente “no hablar mal del otro progenitor frente a los niños, asegurarles que lo verán seguido, a pesar de la distancia, y que podrán comunicarse con él cuando lo deseen y mostrarles que en cada casa hay un lugar para ellos”.

Pensando en el bolsillo

La decisión de cambiar de casa y de lugar ocurre porque hubo o se busca un crecimiento económico debido a una mejora laboral de algún integrante de la familia o por lo contrario, existe la necesidad de recortar gastos y se opta por alquilar una propiedad más pequeña o se vende la casa para hacer una diferencia de dinero y saldar alguna deuda.

También, en un país donde aún esta fresco el recuerdo del corralito, algunos le temen a los bancos y consideran una opción más segura invertir sus ahorros en ladrillos y adquieren propiedades de mayor valor como el caso de Jorge V., divorciado y actualmente residente en Neuquén, que decidió mudarse a sus 65 años, luego de jubilarse, porque “evaluó el tema desde el lado económico y el resultado fue que lo consideró una excelente inversión”.

En consecuencia, todo cambio implica un nuevo desafío y como decía la canción Otra vez cambio de casa: “Gira, gira, gira, gira que siempre vuelve primavera”.


Hablemos de la mudanza

La distancia genera, en los niños y también en los adultos, dolor por esa separación y repercutirá en mayor o menor grado de acuerdo a la ligazón que hayan tenido con la familia extensa. Es importante crear nuevas redes sociales en el nuevo lugar y organizar por ejemplo una merienda para los mas chicos, una ronda de mate para los mas grandes o una cena donde todos colaboren y formar parte de este nuevo barrio o comunidad.

Cada situación familiar es distinta, por lo tanto, cada mudanza se da por distintos motivos. A pesar de que muchas veces es buscada y anhelada, se genera un alto nivel de estrés porque se conjugan ilusiones y expectativas nuevas pero también hay temores que pone a prueba a toda la familia y en particular a la pareja.

Se discuten y proyectan muchas cosas relacionadas al dinero, al lugar y qué significado tiene para cada integrante de la familia. Es aconsejable hablar mucho sobre lo que significa mudarse para cada integrante de la pareja y en el caso de las familias también es recomendable hacer participar a los hijos y sobretodo crear un tiempo, en todo ese alboroto, para escucharlos.

Mudarse con mascotas

Una mudanza puede ser tan estresante para los animales como lo es para las personas. Para que su perro o gato no la pase tan mal, durante el tiempo que llevará la mudanza, trate de mantener los programas de ejercicio y alimentación lo más estricto posibles y brindarles la misma cantidad de atención y afecto como siempre lo hace.

Qué hacer antes de mudarse:

• Pida a su veterinario copias de los certificados médicos y vacunas de su animal.

• Compre chapas de identificación con su nueva dirección. Muchas mascotas suelen extraviarse los días de mudanzas.

• Si viajará en avión, lo ideal es un vuelo directo. Deberá averiguar cuáles son las reglas de la aerolínea al momento de transportar mascotas y qué tipo de contenedor necesitará para trasladarla.

• Si viajará por tierra y el viaje tomará más de un día, asegúrese de reservar hoteles que acepten mascotas. Y hable con su veterinario para que le recete unas gotas contra el mareo y los vómitos.

El día de la mudanza, su mascota se sentirá nerviosa por el movimiento. Entonces, la mejor solución será que un familiar o un amigo lo cuide hasta que se haga toda la carga y descarga de los objetos. Si usted no tiene a alguien que lo pueda tener, mantenga a su mascota en una habitación pequeña, tal vez el baño, junto a suficiente comida, agua, una caja de arena (si tiene un gato) y algunos juguetes favoritos. Puede pegar un cartel que diga “no entrar” en la puerta para que la mascota no se escape accidentalmente.



Nota publicada en Revista Convivimos // Autora: Natalia Yanina Vázquez

El novio de mi hija se queda a dormir en casa

Los hijos crecen y quieren que sus novios o novias se queden a dormir en casa. En ese momento, empiezan las provocaciones de los hijos y los enfrentamientos con los padres.



El novio de mi hija se queda a dormir en casa

¿Los dejamos dormir juntos o en cuartos separados? ¿Con la puerta abierta o cerrada? Que el novio o novia de una hija o un hijo pase la noche bajo el mismo techo no es lo mismo para todos los padres. Cada familia tiene sus reglas, si bien son mucho más flexibles que hace unas décadas, no suelen ser iguales para varones y mujeres.

“Con mis padres fue raro al principio, ellos todavía estaban procesando mi ruptura con mi ex pareja ¡Y yo ya quería que mi actual novio se quede a dormir en casa!”, confiesa Mariela B. de 25 años que esta de novia con Pablo desde hace 5. También, cuenta que con su mamá fue más fácil, porque la veía tan feliz que siempre la apoyó. En cambio, a su papá le costó un poquito más acercarse a su novio aunque, hoy, lo adora.

El permiso de dejar a los novios dormir en casa, sitúa a los padres en la disyuntiva de tomar cierta actitud frente a sus hijos de una actualidad que ellos quizás no vivieron. Esta situación, engloba dos cuestiones de suma importancia: por un lado la adolescencia como una crisis del desarrollo y por otro lado el impacto que dicha etapa ocasiona en la estructura familiar, en especial si hablamos de la incorporación de un nuevo miembro.

Así lo explica la psicóloga Florencia Cocorullo consultada por Convivimos que trabaja con grupos de adolescentes y que es especialista en terapia sistémica relacional. “Debemos comprender que la adolescencia implica cambios físicos y emocionales tanto para el propio joven como así también, cambios en la organización y en las relaciones familiares”.



Un miembro más en la familia



“¡El primer día fue terrible! Mi hermano también estaba de novio y su novia siempre se quedaba en casa, en su habitación, así que supuse que yo iba a tener los mismos derechos que él ¡Pero no fue así!” - relata Mariela B. y continúa- Casi por irnos a dormir me llama mi papá, mientras mi novio esperaba en el living solo, y me dice que no le parecía bien que Pablo durmiese conmigo en mi habitación y me remarcó: “El caso de tu hermano es distinto” ¡Me morí de vergüenza! Así que mi novio terminó durmiendo en el sillón y yo en mi habitación, enfurecida, por la actitud de mis padres.

La psicóloga Cocorullo señala que la entrada de un miembro a la familia (novio/a) siempre produce cambios en el sistema familiar. Aquellas familias con una estructura sana y flexible pueden sortear dicho cambio sin inconveniente alguno pero, generalmente, depende en mayor o menor medida del tipo de estructura familiar.

Cuando un miembro se incorpora, se crea un lugar nuevo al que las familias deberán readaptarse y reacomodarse, y esto siempre produce cambios en las mismas. “Si pensamos en una toma de actitud frente a los hijos, considero que aquellas familias flexibles y sanas pueden reacomodarse a los tiempos actuales que las atraviesan, los cuales difieren ampliamente de la adolescencia de sus padres”, aconseja Cocorullo.

Mariela B. no recuerda que haya habido un permiso explícito para que le permitieran a su novio compartir el cuarto con ella pero cuenta que fue un proceso lento: “Pasó del sillón a dormir con mi hermano, en su pieza. Después, le permitieron dormir en una habitación vacía cerca de la mía. En el invierno pasado, mi mamá me dijo que le lleve el colchón a mi habitación porque en ese dormitorio, donde lo dejaban dormir, hacía mucho frío. Así fue que, sólo un par de veces, durmió en un colchón en mi habitación hasta que por último, terminó durmiendo en la cama conmigo. Al principio, dormíamos con la puerta entreabierta y hoy compartimos la habitación y la cama con la puerta cerrada.



Los padres frente a la sexualidad de los hijos



En el artículo “¿Puede quedarse a dormir?”, la psicóloga Coks Feenstra manifiesta que los padres que aceptan que su hijo duerma en su habitación con su novia, también están aceptando su madurez emocional y sexual, haciendo que el paso de la adolescencia a la juventud sea más fluido y sano.

Por otro lado, “las relaciones sexuales perderían el lado pecaminoso que las generaciones anteriores les inculcaron a sus hijos y podría comenzar a hablarse con más libertad de ellas sin los habituales reparos”, concluye Feenstra.

En este sentido la psicóloga Cocorullo observa que, actualmente, los adolescentes viven la sexualidad en forma diferente a como la vivieron sus padres, los tiempos y la sociedad han cambiado mucho. En la mayoría de los casos, los adolescentes se inician muy tempranamente, la sexualidad ya no es vivida como una experiencia pecaminosa. Estos primeros encuentros sexuales con uno mismo y con el otro también son parte de construir su intimidad, su paso de ser niño a ser adulto, de lo intrafamiliar a lo extrafamiliar.

Pero esto también depende de cómo sea vivida la sexualidad en la familia, en la pareja de padres, cómo vivieron estos padres su propia sexualidad en la adolescencia, si se hablaba de sexualidad o si era un tema tabú en dichas familias, cuales eran los mandatos y las reglas.

“Ahora me siento bien, contenta. Además, nosotros somos muy respetuosos y eso mis padres lo notan. Es habitual saludarnos a la noche y subir juntos a dormir y también desayunar todos juntos un domingo”, manifiesta Mariela B. y reconoce que le encanta estar en familia con sus papas y su novio, pero que se siente mucho más cómoda cuando se quedan solos, sin sus padres.

En la casa de su novio también se queda a dormir pero desde que sus padres le dieron permiso. “Al principio porque se hacia tarde para que me lleve a casa o para volver sola. Luego, porque al día siguiente tenía que hacer algo con Pablo y así de a poco me fui quedando en su casa” -cuenta Mariela B. Pablo vive con su mamá, sus padres están separados, y ella nunca tuvo ningún inconveniente de que me quede a dormir en su casa, “considero que las mamás son más comprensivas que los papás”, agrega Mariela B.

Los padres toman ahora mayor conciencia de la sexualidad de sus hijos y, en mayor o menor grado, la aceptan explícitamente. “Existe una actitud permisiva hacia la sexualidad de los hijos y una mayor tolerancia hacia su vida y necesidades, en menor peso de la censura posible de vecinos o extraños y, sobre todo, el deseo de brindar la seguridad del hogar a hijos e hijas en sus experiencias tempranas”, expone Mario Margullis en su libro “Juventud, Cultura y Sexualidad”

Asimismo, considera que los porcentajes de permisividad son mayores, en conjunto, hacia los varones que hacia las mujeres: “Desde luego, que esta resistencia a favorecer el ejercicio de la vida sexual de las hijas en el hogar no implica una total negativa hacia su sexualidad: es posible y probable que se acepte que mantengan relaciones fuera del hogar. Pero que éstas ocurran en la propia casa paterna supone un grado mayor de superación de resistencias y tabúes: implica enfrentar sin eufemismos la sexualidad de las hijas”.

Mariela B. confiesa que ella tiene relaciones sexuales con su novio tanto en su casa como en la casa de él. Las mayores ocasiones se dan cuando están solos. “Creo que la actitud de mis padres, en un principio, de no dejar que durmiésemos juntos fue para controlar o “cuidar” mi sexualidad. Pero, ahora, que conocen a mi novio y ven que tenemos una relación sana, muy linda y con proyecto de casarnos y comprar nuestra casa, están más tranquilos y lo viven mejor que al principio.

En este sentido la psicóloga Cocorullo cree que en aquellos casos en los cuales la sexualidad de los hijos es vivida como vergonzante o pecaminosa, la pregunta sería cómo esos padres atravesaron la sexualidad en la adolescencia, si era vista por sus propios padres como pecaminosa, cuáles eran los mandatos sociales y familiares con respecto a la sexualidad en dicho momento. “Actualmente, la sexualidad es vivida como una experiencia saludable a diferencia de otros tiempos en la que era un tema tabú”.

El adolescente se encuentra en una etapa de cambios y duelos por atravesar, dentro de los cuales uno de ellos es el del paso de un cuerpo de niño al de un adulto y los padres también deben reacomodarse a este cambio

“¿Y qué dirá tu padre al despertar? Y esta vez tu amor será, será sin abandono”, cantaba el Flaco Spinetta en su disco “Para los Árboles” en homenaje a las bellezas de la naturaleza, más allá de la mirada humana.




La convivencia prolongada



Las dificultades económicas propician una convivencia más prolongada de los hijos en el hogar de los padres, en apoyo de la economía conjunta. También, favorece las relaciones sexuales de los jóvenes en la casa familiar, a falta de la disposición de otros lugares o de dinero para pagarlos.

Mario Margullis en su libro “Juventud, Cultura y Sexualidad” entiende que el temor al Sida también tiene influencia en el cambio de actitud de los padres. Influye en el deseo de cuidar a los hijos y supervisar de algún modo sus relaciones. “El tremendo peligro que significa esta enfermedad, agravado por las fallas en la comunicación pública y las deficiencias en la información, la prevención y los cuidados, habilita un proceso de diálogo por parte de los padres y una actitud más protectora y de menor negación”.

La prolongación de la estadía de los jóvenes en el hogar paterno, conlleva a una postergación de las responsabilidades que implica vivir independientemente y tener que afrontar los desafíos de la vida cotidiana –materiales y afectivos- sin la tutela de los padres.

Esta postergación es favorecida, en épocas de crisis, por la falta de oportunidades laborales, la prolongación de los estudios y la difícil inserción en el mercado laboral, luego de obtener un titulo universitario o terciario. Entonces, para las parejas jóvenes resulta progresivamente más arduo conseguir un empleo estable, alquilar o comprar un departamento y solventar los gastos necesarios para iniciar la vida en pareja.




Luego de la “revolución sexual”

En la década de los 90 la gradual desaparición de las restricciones y de la censura interna y la externa acarrearon a que en algunas familias, de sectores acotados de la clase media, comenzara a aceptarse que hijos e hijas tuvieran relaciones sexuales en el hogar paterno.

Así, se daba mayor legitimidad a la vida afectiva de los jóvenes, no se desvinculaban de la vida familiar las relaciones con sus novios o novias. Este cambio de actitud tiene que ver, en parte, con que los padres de los jóvenes de hoy fueron también influidos, en su juventud, por los cambios culturales derivados de la llamada “revolución sexual”.

Sexualidad y genitalidad

Es frecuente confundir y reducir el significado de la sexualidad a genitalidad. La genitalidad, aunque importante, solamente es una parte de la sexualidad. También es frecuente simplificar el concepto sexualidad limitándolo a la copulación y fecundación. De estas confusiones se deriva la negación de algunos de los padres a que sus hijos reciban educación sexual en la escuela.


Nota Publicada en Revista Convivimos - Autora Natalia Yanina Vázquez


Entrevista a Laura Gutman // La biografía humana

Laura nos recibe en su casa de Palermo, en la calle Anasagasti, parisina y aristocrática, donde las casas cambian de dueños pero quedan dentro del linaje familiar. Ella cuenta que la propiedad se la recomendaron y que la conoció el día que escrituró, porque la mujer que allí vivía no permitía que nadie ingrese a verla. “Me cayó del cielo y la compré a ojos cerrados”.



Ciertamente, la casa tiene un aura celestial. Todo blanco, pulcro y con muebles rodantes que parecían flotar, cuando nos permitió moverlos como quisiéramos para las fotos. Allí vive con su tercera hija Gaia (15), de su segunda pareja, y llena de alumnos, los días que dicta clases en su escuela Crianza.


Cálida, cordial, bien dispuesta para las fotos y para la entrevista, sin apuro, me invita al cuarto donde trabaja para comenzar a “charlar”.





¿Qué edad tenías cuando te exiliaste en París, en 1976, durante el Gobierno Militar y por qué elegiste ese destino?



Tenía 18 años. En verdad, en el exilio uno no elige nada. Es el destino que elige por uno. Aterricé en Italia donde vivía mi hermana mayor (que dicho sea de paso, tenía 21 años, no era “muy” mayor). Mi hermana acababa de tener a su primer bebe. Me quedé pocos días, luego me puse a hacer dedo y viví viajando por toda Italia, trabajando de lo que podía. Un poco por casualidad llegué a una comunidad cerca de Torino, en medio de los Alpes. Allí conocí a un francés con quien me fui a Francia, a Grenoble. No puedo explicarte el frío que hacía en Grenoble. A los pocos meses, desesperada, muerta de frío y de nieve, volví a hacer dedo y me fui a Paris. Tenía una dirección de alguien. Llegué a la Place D´Italie, busqué esa dirección, me ofrecieron un colchón por una noche. Luego sigue toda una historia de supervivencia. La cuestión es que me quedé en Paris 12 años.



¿En qué universidad te formaste en Paris y qué significó estudiar con la pediatra y psicoanalista Francoise Dolto?



Me formé en la Universidad de Paris VIII. Fue una Universidad que surgió después de la revolución de Mayo del 68. Muy alternativa, de avanzada. A Francoise Dolto la busqué. Siendo argentina, yo ya había leído muchos libros de ella en Buenos Aires y me llamaba la atención que no tuviera tanto reconocimiento en París. Ella fue un referente fundamental para mí en ese momento, era alguien que traía la voz de los niños, y eso me parecía tan natural y acertado, que yo no entendía cómo alguien la podía cuestionar. También te confieso que ahora, 30 años más tarde, he evolucionado mucho en mi práctica y en mi pensamiento, y cuando releo sus obras, hoy no tienen para mí el impacto que sí tuvieron a mis 20 años.



Leí que tus años en Paris fueron muy duros, en particular siendo mamá de hijos chiquitos, cuando tuviste a Micäel y a Maïara.



Sí, fueron durísimo. Éramos pobres, estudiantes, extranjeros, en una ciudad sin niños y con mucho frío. Te aclaro que yo soy terriblemente friolenta, así que el frío me atravesó todo esos años al punto que hoy lloro de sólo recordarlo. Una vez habíamos juntado dinero para ir a cenar al restaurante que estaba al lado de nuestra casa, bien francés. Llegamos con Micaël bebé -que era un príncipe educadísimo- y no nos dejaron entrar. En cambio vi como permitían el ingreso de un señor con su perro. Los últimos años nos mudamos del barrio de Montparnasse, un departamento cerca de la Bastille, a un cuarto piso por escalera, como es habitual allí. La encargada del edificio era una mujer horrible. Yo subía con Micaël hasta el primer piso, luego bajaba y volvía a subir con Maïara, luego bajaba y volvía a subir con el carrito de compras, a veces bajaba y volvía a subir con algún triciclo o juguete o los tapados de los niños o el mío porque transpirábamos subiendo las escaleras. Luego, lo mismo hacía desde el primer piso al segundo, del segundo al tercero, etc. Tardaba unos 30 minutos en lograr llegar a mi casa. Pero indefectiblemente, salía la encargada y gritaba “silenceeeeee”. Nunca, jamás, en los años que viví allí, me ayudó ni me preguntó ni me habló, salvo para gritarme.



Con el retorno de la democracia volviste a Buenos Aires con tus dos hijos chiquitos y leí que te costó el divorcio ¿Por donde arrancaste?



El des-exilio es duro, pero en mi caso no fue tan duro como el exilio. Tenía el apoyo de mi familia. Mal que mal, en Buenos Aires me sentía en casa. Arranqué visitando pediatras y ofreciéndoles mis servicios como “doula” para las madres recientes (en ese entonces, era 1988, nadie había escuchado esa palabra) Muy pocos profesionales me ayudaron. Empecé haciendo visitas a domicilio a las madres puérperas. Aunque fue difícil, yo sentía que tocaba el cielo con las manos. Lo que me parecía encantador, era ir a la plaza con mis hijos en las noches de verano.



En 1997 comenzaste a escribir lo que enseñabas en tus clases, hiciste fotocopias y fueron artículos que llamaste “Queridas mamás”. De ese entonces, a los 15 mil ejemplares que se imprimieron en tu último libro fue un crecimiento muy importante ¿Lo planeaste o fue surgiendo?



No, no lo planeé. Yo era básicamente una comunicadora oral. Una alumna en ese momento me incitó a escribir, ella me ayudó efectivamente con las “Queridas Mamás”. Después de tres años de publicarlas, me di cuenta que tenía casi un libro escrito. Revisé los artículos, los ordené, escribí lo que faltaba y empecé a recorrer editoriales con las fotocopias anilladas (en ese momento no se entregaban los CDs ni se mandaban los archivos por email). Ese recorrido por editoriales también está lleno de anécdotas. Y de absurdos, como podrás imaginar. Ese fue el nacimiento de mi primer libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”.



Contame esas anécdotas del recorrido por las editoriales.



Firmé con Editorial Atlántida en 1999 para publicar mi primer libro dos años después, luego vino el “incendio de 2001”, no me publicaron el libro y se lo quedaron sin darme fecha de publicación. Ese momento fue muy duro para mí. Entonces, pagué para llevarme el libro, luego lo llevé a una imprenta, contraté a un diseñador e imprimí unos mil ejemplares y dije: ¿Cómo hago para venderlos? Así fue que les di a mis alumnos en consignación 6 libros al precio de 5. La cuestión que, en 6 meses, la gente me venía a tocar el timbre a mi casa para comprarlo y de este modo llegaron los libros a España, de boca en boca. Así me contrataron por primera vez en Europa y todavía no tenía mi primer libro editado. En ese momento, me llamaron de la editorial Del Nuevo Extremo, yo ya tenía escrito mi segundo libro “Puerperios y otras exploraciones del alma femenina” que en las siguientes ediciones se llamó “La familia nace con el primer hijo” porque la palabra puerperio que yo insistía en nombrar e imponer, era muy fuerte ¡La remé toda!





En tu libro “Puerperios…” explicas sobre las vicisitudes de la maternidad y las actividades intra-hogareñas que parecen haberse constituido en obstáculos para la realización personal ¿Por qué es tan difícil para la mujer realizar ambas cosas sin sentirse culposas de descuidar lo profesional o los hijos?




Porque son dos ámbitos muy diferentes. Uno es totalmente hacia afuera, el otro es totalmente hacia adentro. Uno es veloz, el otro es lento. Uno es racional, el otro es intuitivo. El problema es que en la actualidad las mujeres tenemos organizada la identidad sólo en el ámbito público, entonces cuando permanecemos en el ámbito privado, tenemos la sensación que desaparecemos. Y a nadie le gusta desaparecer.



¿Esta sociedad esta perdiendo a las madres?



Sí. Es un pensamiento tóxico de nuestra civilización, porque si no apoyamos a las madres en la tarea de maternizar, nos vamos a quedar sin ciudadanos pacíficos, calmos, maduros, honestos y generosos. No atender a la cría es un desastre ecológico, miremos por donde miremos. Si no tenemos madres que miran a sus crías, nos perjudicaremos todos, a la brevedad.



Contame cómo surgió la idea de hacer el libro “La familia Ilustrada” que realizaste con tu hijo mayor Micaël.




Yo ya no estaba más dispuesta a escribir absolutamente nada más sobre maternidad ni paternidad ni vínculos tempranos. Estaba preparando mi libro “El poder del discurso materno”, sobre la metodología que fui desarrollando respecto a la construcción de la biografía humana. Entonces se me ocurrió hacer un “cierre” de ese “período”. ¿Viste como Picasso que tiene el “período azul” o el “período rosa”? Bueno, igual. Estaba visitando a Micaël (30) en Paris, él reside allí. Yo siempre admiré mucho su trabajo como artista y, conversando sobre esto, surgió la idea de hacer algo que concluyera enfáticamente con estos temas. Se nos ocurrió que él dibujara con humor, mis textos. Eso hicimos. Trabajamos durante dos años, encontrándonos puntualmente por Skype para discutir las ideas (él en París y yo en Buenos Aires) hasta que terminamos el libro. Es un libro precioso.



En tu último libro “El poder del Discurso Materno” y también en “La Revolución de las madres” contas sobre el Yo engañado. Lo que yo creo que recibí. ¿Por qué es tan determinante en nuestra psique lo que nos han dicho nuestros padres en los primeros años de vida?



Porque hemos aprehendido el mundo externo y el mundo interno, a través de las palabras que nombraban los hechos o las emociones, desde un cierto punto de vista. Los niños no tenemos palabras para nombrar lo que nos pasa. Usamos palabras prestadas. Si me caigo y mi mamá dice “qué torpe sos”, yo crezco interpretando que caerse es cosa de torpes. En cambio, mi ser interior siente que eso es “me duele”. Pero si nunca nadie me ha dicho “eso se llama me duele”, no seré capaz de nombrarlo así. A menos que siendo adulto, alguien me preste nuevas palabras y yo sienta que encajan en mi vivencia interior.



¿Cuáles son tus anhelos?



Sólo me interesa generar nuevos pensamientos, mejores maneras de trabajar, ser cada vez más eficaz, más clara, más contundente. Me preocupo por escribir libros mejores, más entendibles y que sirvan a más personas. Me preocupo por plasmar materialmente, lo que es fuego adentro de mi cabeza.



Laura Gutman, escritora y terapeuta familiar, publicó varios libros sobre maternidad, paternidad, desamparo emocional, adicciones, violencia y metodologías para acompañar procesos de indagación personal y construir el rompecabezas de nuestra “biografía humana” o la “búsqueda de la propia sombra” así lo expone en su último libro “El poder del discurso materno” que presenta en abril, en la 38ª Feria del Libro de Buenos Aires.

Dirige Crianza, una Escuela de Capacitación con base en Buenos Aires, donde ella misma enseña, durante 3 años, su metodología de trabajo y donde para ingresar no hace falta contar con formación profesional anterior, salvo “la intención de abrir el corazón y comprometerse emocionalmente”. Cada alumno aprende a trazar los mapas familiares personales, y “presta” su historia, como dice Laura su “organización de luz y sombra” para el estudio.



Escribió dos obras de teatro: “Post parto” que se repondrá este año y fue recientemente galardonada junto a Ignacio Apolo con el Premio Casa de las Américas 2012" por su segunda obra “El tao del sexo”.




Entrevista publicada en Revista Convivimos - Autora: Natalia Yanina Vázquez

Parejas Desparejas

A principios del siglo pasado, era frecuente que las mujeres muy jóvenes se casaran con hombres muy mayores una costumbre heredada del orden patriarcal tradicional cuando las uniones eran por conveniencia o las mujeres estaban destinadas únicamente a la procreación.
Hoy, la mujer y el hombre se relacionan de otra forma. Mucho tuvo que ver la influencia de la llamada “Generación Beat”, “Movimiento Hippie” y el “Activismo Femenino” con la consecuente modificación del rol de la mujer.

Tal es así que, en las sociedades más desarrolladas, la mujer ingresa -o reingresa después de haber tenido hijos- en el mercado laboral, en cualquier etapa de la vida familiar, por lo que consigue expectativas mayores de satisfacción personal respecto de hacerlo sólo a través del matrimonio y de la familia.

El mayor que ella

En noviembre de 1991, Nora (33) se cruzó con Carlos (50) vecino de años de su tía, el día que fue a ayudarla a organizar el cumpleaños de un sobrino y entonces él le peguntó: “-¿Qué vas a hacer esta noche?-”. Nora, irónicamente, le comentó que tenía una juerga total, un cumpleaños de 13. “Por su puesto que acepté salir luego de la fiesta. Me pasó a buscar por casa, fuimos a bailar, luego a tomar un café y desde aquella noche, hace 20 años atrás, no nos separamos más”, recuerda Nora con melancolía.

María Fernanda Avecilla conoció a Fernando cuando ella tenía 23 y él 34, en el trabajo. Todo empezó con una amistad, el fue su consejero cuando terminó con su primer novio y la contuvo. “A mi no me importaba la diferencia de edad pero a él sí, ya que había tenido una novia anterior más joven, con quien terminó porque ella no quería formalizar sino que prefería primero viajar, vivir sola y no tener hijos ni familia en ese momento, en cambio él ya quería encontrar una mujer para que sea su esposa”, recuerda María Fernanda.

Nunca convivieron, aunque ella se quedaba mas en la casa de él que en la propia y a los dos años formalizaron su compromiso y se presentaron a las familias. “El tenía su proyecto de vida ya muy claro a diferencia de otros novios que tuve de mi misma edad. La parte económica no fue lo que me interesó pero si que compartiera conmigo la importancia de crecer en el aspecto profesional, yo soy contadora y él es licenciado en comercio exterior”, entiende María Fernanda y explica que luego empezaron los proyectos en común: “casarnos, formar una familia y acordar lo que deseábamos para nuestros futuros hijos”.

La mirada de los otros

María Fernanda medita que quizás lo más conflictivo fue ensamblarse cada uno en el grupo de amigos del otro. Los amigos de ella estaban en la etapa de salir a bailar, tomar alcohol y cambiar de chicas todos los sábados, mientras que los de él, en su mayoría, ya estaban casados e incluso con hijos.

Estas lógicas diferencias no impidieron que Fernando (39) y María Fernanda (28) se casaran y tuvieran a Benjamín, que hoy tiene casi 1 año. Ambos siguen adelante con sus profesiones, sus trabajos y se organizan para criar a su bebé y esperar a los que proyectan tener.

“El no quiere dejar pasar mucho tiempo más para el segundo”, explica María Fernanda y agrega: “porque en cierta medida, lo persigue su reloj biológico, quiere disfrutar del rol de abuelo y de sus nietos. Entonces, no es lo mismo ser papa a los 30 que a los 40 como lo fue él”, concluye María Fernanda.

En el caso de Nora V, la edad tampoco tuvo importancia para formalizar la relación cuando se casaron por Civil. “Acepto a la gente como es y no por su edad, ya que conozco a muchos jóvenes viejos y viejos jóvenes”, afirma.

Pero por el lado de la maternidad y paternidad entiende que la diferencia de edad influyó en la decisión de ambos con respecto a los hijos: “Desde un principio acordamos no tenerlos, Carlos porque ya no estaba en edad para hacerlo y por ejemplo no quería que cuando lo fuera a buscar al colegio le preguntaran a su hijo si era “el abuelo”. Por mi parte, no quise que mi hijo tuviera que sufrir todo lo que pasé yo por ser única hija de padres mayores, recurrentemente enfermos”, argumenta Nora.

Con respecto a la vida social, Nora y Carlos, que actualmente viven en Mar del Plata, no tuvieron problemas. “Quizás porque al año de estar en pareja, nos fuimos de Buenos Aires a Córdoba y la gente nos conoció como una pareja conformada, así que nos aceptaron como tal”, reflexiona Nora pero admite que en lo familiar no fue fácil.

“Mis primas y primos me decían que salga con el hijo que era mas para mi edad que Carlos, quien además me “negaba la maternidad”. La ahijada, Florencia, le escribió una carta muy fuerte y la dejó de tratar por el mismo tema. A su vez, se presentaron conflictos con los hijos del matrimonio anterior de Carlos. “Fabiana siempre me usó como trampolín para llegar al padre y obtener algún beneficio económico. Pablo, desde un principio, aclaró que nunca iba a aceptar al padre con otra pareja que no fuera su madre”, lamenta Nora.

Hoy, después de 20 años de matrimonio, Pablo la respeta: “Pienso que observó mi dedicación y cuidado ante las enfermedades del padre -20 operaciones- y reflexiona que si bien estos conflictos no afectaron a la pareja para desunirla, dejaron sus huellas.

La edad y el sexo

El médico y sexólogo Juan Carlos Kusnetsoff considera que los hombres que se relacionan con mujeres más jóvenes buscan un aditamento que es la juventud por el vínculo sexual. Pero “existen, en esas situaciones, frustraciones porque muchos mitos y estereotipos no se cumplen en la realidad y al poco tiempo esos vínculos tienden a desaparecer. Lo mismo pasa a la inversa”, explica el médico más conocido como “Dr. K”, en la columna del programa radial “Perros de la Calle”, conducido por su hijo Andy, y creador también de la pagina www.e-sexologia.com

Kusnetsoff reniega hablar de generalidades puesto que es mucha la variedad de parejas que asisten al consultorio y cada una es un caso particular. Aunque, hay cierta frecuencia de consultas que, en el plano sexual, se plantean con respecto a la edad.

Actualmente, Nora (53) advierte que con los años se nota la diferencia de edad, sobre todo en el plano sexual, ya que no se trata solamente de querer, sino de poder. “Muchas veces necesito y quiero estar con Carlos (70) pero no se llega a buen término porque su irrigación sanguínea no es suficientemente estable para poder complacernos a ambos”, confiesa Nora.

Un hombre, cuando llega a determinada edad, siente la necesidad de ser acariciado, "contenido" y hasta "acunado" por su mujer. El control eyaculatorio en las edades de sesenta o más años, es superior al de los jóvenes. Es capaz de mantener su erección durante un período prolongado de tiempo, sin eyacular, y esto constituye una ventaja en relación al joven.

Sin embargo, el período refractario -período posterior al orgasmo y eyaculación- es más prolongado a medida que pasan los años, entonces el orgasmo masculino es mucho mas lento, tarda en llegar afectando, lógicamente, la frecuencia general de relaciones sexuales, revela el Dr. K

Existen muchas diferencias físicas y psicológicas entre un hombre o mujer a los 40 años con respecto a otro hombre o mujer de 20. “Al principio la cosa puede andar bastante bien, pero tarde o temprano una vez satisfechas las necesidades o las esperanzas de tipo sexual, la realidad se impone y esa situación ideal sexual se desvanece si no se completa con otros proyectos”, explica el Dr. K. y recuerda que cuando él era adolescente su padre, “que de sexólogo no tenía nada”, le dijo: “Una vez que se te va la calentura vos tenes que vivir con la persona. Con eso me dijo todo”, concluye Kusnetsoff.

El amor es más fuerte

Enrique Martín López, catedrático español de Sociología y autor de “Familia y Sociedad”, explica que la convivencia entre el hombre y la mujer se basa en el reconocimiento de las cualidades y valores del otro, la perdida total y parcial de los mismos –belleza, juventud, simpatía, educación, posición social y económica, capacidad intelectual, etc.-, debida a factores como el tiempo o la enfermedad, o el descubrimiento de que tales valores no eran realmente poseídos por el otro, a través de la convivencia, supondrían, muy probablemente, la ruptura de la relación pero al mismo tiempo afirma que puede surgir el amor que “todo lo disculpa y todo lo perdona”.

Cuando las mujeres eligen a los hombres mayores como pareja no es, necesariamente, patológico, ni aplicable a la teoría freudiana sobre el complejo de Edipo y el deseo sexual hacia el progenitor del sexo opuesto, manifestado en el hombre elegido.

Juan Carlos Kusnetsoff considera que esa consideración es un rebusque del psicoanalista para poder decir algo conforme a la expectativa que uno tiene: lo busca al padre, madre o abuelo. Cada caso es un caso, es muy difícil generalizar: “Este país esta psicoanalizado y habla ese lenguaje” y explica: “Vos venís de una mamá al igual que yo, entonces obviamente que es cierta la premisa maravillosa que los problemas que uno tiene, como la elección de una pareja, tiene que ver con mamá y papá”, ironiza Kusnetsoff.

Entonces, como explica el Dr. K, si la pareja no se completa en un proyecto que contemple ansiedades y ambiciones comunes en el plano de la realización mutua, termina desacoplándose, independientemente de la diferencia de edad.

Ella mayor que él

Existe un tabú social que reza que la mujer que esta con un hombre 7, 10 o más años menor busca únicamente la satisfacción sexual. Kusnetsoff asiente que esa unión puede llegar a tener relación con la sexualidad: “algunas veces la mujer puede buscar la resistencia, la posibilidad de aumentar los vínculos sexuales, pensando que un hombre joven puede satisfacer a una mujer adulta, lo mismo ocurre a la inversa”, explica Kusnetsoff pero agrega que eso es un mito y finalmente con esa única idea, las cosas suelen fracasar y la frustración y la realidad se imponen.

Natalia González médica pediatra de 36 años conoció a Juan, 7 años menor, en la clínica donde trabajaban: “Nos comprometimos a los 5 meses de noviazgo y la fecha de los añillos es del primer día que nos dimos un beso. El dice que desde entonces se siente comprometido conmigo”, cuenta Natalia.

Con respecto a la diferencia de edad ella admite que al principio él no le había contado su verdadera edad por miedo a que ella lo rechazara. Natalia se enteró en el cumpleaños de él pero para ese entonces ya estaba tan enganchada que no le importó: “Además, salvo esa mentirita, me demostró más madurez que muchos de mi edad”, admite Natalia.

Socialmente, nadie parecía oponerse a la relación pero recibieron advertencias. Juan por parte de su abuela pero más que la diferencia de edad, la preocupación fue que Natalia tenía una hija, Lucía, y consideraba que la relación era “mucha responsabilidad para su nieto”.

Del lado de la familia de Natalia, las advertencias vinieron de parte de su mamá: “Imaginate caer con un pibe 7 años menor y lleno de rastas, se imaginó que su nieta viviría tipo hippie toda su vida”, manifiesta Natalia entre risas.

Cada uno terminó sus proyectos: el se recibió de médico y ella terminó la residencia. “Luego vinieron los proyectos comunes, formamos una familia tuvimos dos hijos en común y en cuanto podamos cumpliremos el sueño de la casa propia”, reflexiona Natalia y entiende que si hay amor se puede seguir adelante con la pareja: “Después de 7 años los problemas son los de cualquier pareja, rutina y cansancio pero no por la diferencia de edad” concluye e ironiza: “Aunque si lo pesco con una más joven lo mato” (risas)

Como escribió Émile Armand, influyente escritor y activista anarquista francés, propagandista del amor libre: “Los sexos se atraen mutuamente, se buscan naturalmente, normalmente: este es el hecho original, primordial, la base fundamental de las relaciones entre las dos mitades del género humano. Por otro lado, es una locura querer reducir el amor a una ecuación o limitarlo a una forma única de expresión. Aquellos que lo intentaron se dieron cuenta bien pronto de que habían equivocado el camino. La experiencia amorosa no conoce fronteras. Varía de individuo a individuo”.




Consultora de vínculos

Mónica Piccoli, directora de la agencia de nombre homónimo explica que no hay lugares para conocer gente, antiguamente estaban los clubes y mediaban las presentaciones de amigos. Hoy, por la falta de tiempo y desconfianza de quienes se pueden conocer en un boliche, muchos solteros optan por tercerizar las cuestiones del corazón.

Este rol de celestina, que prestigió el nombre de agencia matrimonial como consultora de vínculos, tiene clientes que, en su mayoría, son profesionales de alto nivel socioeconómico y cultural, mujeres y hombres que viven solos. Según la EPH de 2009 los hogares unipersonales en la Ciudad de Buenos Aires, representan el 29% del total de hogares y van en ascenso.

Picolli explica que el consultor funciona como filtro y nexo. De ese modo, analiza su base actual de datos, unas 400 personas, y busca quiénes podrían ser afines. Les anuncia por teléfono que pueden conectarse y ellos lo hacen, también, telefónicamente. De ahí en más, el futuro depende de ellos. “La consultora no establece honorarios por cada presentación, existe un arancel único al principio, que no tiene tiempo límite ni cantidad de presentaciones topes”, manifiesta Piccoli y con esto revela que las uniones son siempre exitosas.

Cuando los hijos no hacen caso

A través de los límites les enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para afrontar la vida. Los profesionales aconsejan limitar sin violencia pero con firmeza. Limitar la acción pero no la emoción.

Las frases que los papás y las mamás repiten a diario son muchas: “No te tirés al piso que esta sucio”. “A mí no me gritás”. “Los juguetes no se rompen”. “Si no comés la comida, no hay postre”. “No empujes a tu hermana que es mas chiquita”. “Sentate bien”.


Los berrinches y rabietas de los niños desesperan y avergüenzan a todos los padres, especialmente en lugares públicos. En esos momentos, hay que recordar que les servimos de ejemplo al permanecer calmados, que el estrés y el enojo de los adultos aumentan el de los niños. Al manejar nuestras emociones, les estamos enseñando a manejar las propias. Emplear la ternura y reflexionar sobre la importancia de escuchar qué es lo que los hijos nos están diciendo y demandando.

Los límites son un marco de referencia, de seguridad y contención, ayudan a los chicos a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y que no, qué está permitido y qué prohibido.

Pequeños caprichos

La licenciada María Paula Gerardi, consultada por Convivimos, psicóloga de niños y adolescentes nos cuenta que, a los 2 y 3 años, los famosos “no” son intentos del niño de diferenciarse del adulto. “Les cuesta mucho tolerar la frustración. Hay que tolerar la rabia del nene y permitirle expresarla de forma razonable. Tenemos que contener a los chicos cuando están invadidos por el miedo, la bronca, en medio de una pataleta o con un desborde de llanto”, aconseja Gerardi titular del sitio Web www.orientacionapadres.com.

Entonces, la idea es hablarles y ayudarlos a identificar lo que sienten y expresarlo con palabras. “Si se tira al piso, nos patea, pega o muerde, se puede sostenerlo y abrazarlo con fuerza, darle tiempo para que se tranquilice y decirle que no vamos a permitir que se lastime o que nos lastime”.

Mientras tanto, la licenciada Gerardi propone pensar ¿Qué pasó antes del berrinche? ¿Qué nos está queriendo decir? ¿Qué necesita? Es decir, tratar de decodificar qué le está pasando al nene y luego poner esto en palabras. A los nenes más chiquitos hay que ayudarlos a entender lo que sienten ofreciéndoles vocablos, por ejemplo: ¿Tenés miedo? ¿Tenés sueño? ¿Estás enojado? “Es normal que los chicos nos digan “no te quiero más” o “sos mala”, es por el enojo que sienten. Hay que dejarlo pasar, no tomárselo en serio ni angustiarse por eso.

Sobornos, premios y amenazas

“Los premios deben significar un reconocimiento, y son más efectivos cuando no se anuncian ni se condicionan”, expone el psicólogo Roberto Lerner, coordinador del blog Espacio de Crianza de Educared, quien además explora los estilos de relaciones de los padres con los niños y nombra las “amenazas”, los “sobornos” y las “promesas solemnes”.

Entonces, condicionar un cambio deseado a un premio puede lograr ciertos resultados inmediatos, pero no consigue convencimiento permanente ni conductas sostenidas. Por definición, es cortoplacista y desde el punto de vista moral, cuestionable. Por otro lado, “establece una causalidad algo perversa, porque el niño puede pensar legítimamente que controla el comportamiento de su madre por el temor que ella tiene de que él se porte mal”, escribe Lerner con respecto a los sobornos.

Corina Gabotti dice que ella premia a sus hijas – Rosario (8) y Lucía (5) – si tienen un buen desempeño en el colegio: “Si dan bien un examen o si las maestras me cuentan que se destacaron en alguna tarea les hago un regalito. Si bien es la única obligación que tienen, considero que es un estímulo y un reconocimiento a su deber y obligación”, reflexiona Corina.

Adriana Álvarez confiesa que a los más grandes – Lucas (11) y Juana (8) cuando se portan mal los “amenaza” con no ir al cumpleaños de un compañerito o no ir a fútbol o patín. También confiesa que repite, al momento de las comidas, lo que le decían sus padres: “Si no comes, no hay postre”. Pero “¡La pequeña –Alma de 3 añitos-es terrible! En ciertas situaciones le doy un chirlo en la cola o un zamarreo porque no me hace caso. Nos hace frente y me cuesta mucho hacer que se porte bien”, confiesa Adriana.

Lerner explica que las amenazas encierran a los protagonistas de la relación en la camisa de fuerza de sus propias palabras, en la cual todos terminan haciendo lo que verdaderamente no desean solo porque no pueden escapar de sus propias palabras. Cuando le decimos al niño: “Si volvés a tirar la pelota a tu hermanito vas a ver lo que te pasa”. El niño sólo escucha «tirar la pelota», lo que lo invita a repetir la acción.

Limitar sin violencia

Gerardi sostiene que cada padre irá encontrando su propio estilo. Lo importante es poner límites claros, sostenerlos en el tiempo, no enviar dobles mensajes, “limitar sin violencia pero con firmeza”. Poder ayudar al niño a comprender el por qué del no, a controlar sus propios impulsos, ayudarlo a saber que sus acciones tienen consecuencias y, con el tiempo, ir tolerando la frustración.

Con respecto a los castigos, Corina G. cuenta que ellos usaban las penitencias cuando sus hijas eran pequeñas: las apartaban en otro cuarto, sin llaves, o en el baño. Pero hoy, que son más grandes, las privamos de cosas que les gustan –jueguitos electrónicos- o esperan –ir a la casa de una amiga. “No se las permito hasta que mejoren su conducta y reconozcan que se equivocaron ante algún capricho, mala contestación o desobediencia”, cuenta Corina y agrega que luego les explican qué hicieron mal.

Maria Paula Gerardi explica que entre los 3 y 6 años, los niños comienzan a probar qué pasa si hago tal cosa y qué hace el adulto frente a esto, comienzan los intentos de manipulación y hay mayor conciencia del propio poder. “No hay que dejarse manipular y hay que responder con calma. Ayudarlos a encontrar formas alternativas para resolver conflictos”, aconseja Geradi.

Frente al enojo, una alternativa podría ser separar al nene de la situación diciéndole que se aparte hasta estar más sereno, dándole la posibilidad de decidir cuándo volver. Por ejemplo: “Así no podes seguir jugando porque rompés tus juguetes y yo no voy a permitir que hagas eso, vas a sentarte un rato ahí y cuando estés mas tranquilo volvés a jugar”.

Permitir la emoción

Asimismo, Gerardi destaca que es importante limitar la acción sin bloquear la emoción y buscar una forma alternativa y aceptable para que exprese lo que siente” y ejemplifica: “Si tiene mucha bronca, se lo puede alentar a decir qué le molesta y cómo se siente ¿Estás enojado porque querías sentarte donde está tu hermano? Entonces, en lugar de empujarlo, decile lo que te pasa y buscá otra forma de resolverlo ¿Por qué no le preguntás si quiere cambiarte el lugar o estar ahí un rato cada uno? Si el hermano no acepta, ayudarlo a tolerar la frustración y permitirle que exprese su enojo, relata Gerardi.

En este sentido, es importante acentuar lo positivo. Los niños son más receptivos al "hacer". Algunas represiones directas como el "no" o "pará" no explican qué comportamiento es el apropiado. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Hablá bajo") antes de lo que no debe hacer ("No grites")

Grandes caprichos

Entre los 6 y 12 años los hijos e hijas comienzan a tener sus propios valores y a disentir con los demás, aprenden a negociar. Entonces, es momento de escuchar sus opiniones dándoles lugar a que discrepen con nosotros. Se puede negociar la forma en que se llevará a cabo el límite, pero no si la norma será aplicada o no. Por ejemplo: Si la norma es que hay que ponerse un abrigo para salir a la plaza, eso no se negocia, se podrá negociar qué abrigo quiere ponerse, si el verde o el azul, pero tiene que ponerse uno.

En la pubertad, los chicos y chicas suelen chocar con los padres y criticarlos. Esta es su forma de diferenciarse. Es aconsejable darles lugar sin permitir que falten el respeto a sus padres; permitirles tomar responsabilidades; establecer normas claras sobre qué pueden hacer y qué no y que sepan cuáles son las consecuencias de su accionar.

La conducta y la actitud de los padres serán el modelo y la forma en la cual comprenderán qué esperamos de ellos. Y desearán responder a esa expectativa por el amor que nos tienen. Sin golpes ni castigos físicos o psíquicos. No se aprende por humillación; de ese modo sólo se los somete y se los lastima.

Así, los hijos e hijas aprenderán a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en sociedad. No se trata de “adiestrarlos” ni de “dominarlos”, sino de un verdadero aprendizaje que los ayude a ser felices y libres.

Sugerencias para poner límites





Que los padres puedan:

• Estar convencidos del límite.

• Dar normas claras y sostenidas en el tiempo.

• No enviar dobles mensajes.

• Acordar con la pareja qué van a limitar y qué no.

• Apartarse cuando ya no toleran la situación, para evitar el desborde.

• Limitar sin gritos ni violencia y con firmeza.

• Anticiparles cuándo algo va a finalizar para evitar berrinches.

• Explicarle cuál es su lugar y cuál el de los otros, cuáles son sus cosas y cuáles las de los otros, qué cosas son de chicos y qué cosas son de grandes

• Explicarle que hay cosas que pueden hacer y otras que todavía no, que van a poder cuando sean más grandes.



Lograr que los chicos:

• Reparen el daño que hicieron.

• Se hagan responsables de lo que realizaron.

• Reconozcan que sus acciones afectan a los otros.

• Expresen lo que sienten y lo que piensan.

• Internalicen las normas.



Fuente: Lic. en Psicología UBA M. Paula Gerardi.. MN 37508. Psicóloga de niños y adolescentes. Orientación a padres.










Actitudes de los padres



Hay padres que presentan dificultades para poner límites a sus hijos y esto se relaciona con su propia historia personal y familiar. Muchos temen no ser queridos al decir que no, otros temen a su propia violencia, a “sacarse” y agredir a sus hijos.

Los padres que tuvieron una educación muy estricta no quieren serlo con sus hijos y repetir su historia. A veces sienten culpa por ver poco a sus hijos y esto los lleva a consentirlos. Siempre hay que tener en cuenta, caso por caso, la singularidad de cada familia y la historia personal de los padres.

Los chicos tienen que saber qué cosas pueden hacer, qué cosas no y por qué; experimentar los efectos de su comportamiento e internalizar las normas. Los padres deben enseñarles a reparar el daño que hicieron, a hacerse responsables de sus actos y a reconocer que sus acciones afectan a los otros.

Es importante limitar la acción sin bloquear la emoción. Buscar una forma alternativa para que expresen lo que sienten. Los padres deben conocer su nivel de tolerancia y apartarse cuando sea necesario, dejando la situación en manos de otro adulto que esté más sereno.

“La idea no es ser rígido: "Sí o sí terminas los deberes hoy", y el nene se está cayendo de sueño. Hay que ser firme pero flexible, “tomando en cuenta las necesidades del niño”, la edad y la situación concreta de la que se trate. Es necesario reflexionar y ver qué cosas se pueden negociar. Es decir, discutir la forma en que se llevará a cabo, pero no la norma en sí misma.

 
Publicado en Revista Convivmos - Autora: Natalia Yanina Vázquez

15 jun. 2012

Vergüenza ajena

El primer ministro británico, David Cameron, ha querido hacer una manifestación pública sobre Malvinas el día del aniversario del final de la guerra. Hizo izar la bandera colonial de las llamadas Falklands en su residencia de Downing Street, al lado de la insignia británica. "Ver ondear esta mañana la bandera de los que ellos llaman las Falklands me dio vergüenza ajena", declaró la Presidenta argentina Cristina Fernández en su exposición en el Comité de Descolonización de la ONU. "Las guerras no se celebran", ha añadido la jefa de Estado. "¿Qué pensaría el pueblo alemán o la señora (Angela) Merkel si el 8 de mayo, fecha de la rendición incondicional de Alemania, ondeara la bandera alemana por debajo de la bandera inglesa? ¿Qué pensaría Japón si cada 15 de agosto el presidente de los Estados Unidos hiciera ondear en la Casa Blanca la bandera estadounidense y debajo la bandera japonesa?", se ha preguntado Cristina Fernández.