30 oct. 2012

DESPUES DE LA SEPARACIÓN - Por Natalia Y.Vázquez

Divorcio
(autoria de El arte de la estragegia)
El divorcio o la separación es un proceso de duelo, ya que entraña la pérdida del vínculo conyugal. Perder lo que amamos y experimentar dolor por esa realidad es parte de la existencia humana y cambia nuestro modo de estar en el mundo, generando incertidumbre sobre cómo continuar en este nuevo espacio, pero también puede convertirse en una posibilidad de cambio y crecimiento si la angustia por la separación se atraviesa saludablemente.


La ruptura del matrimonio es una circunstancia con características ambiguas: es dolorosa para todos los integrantes, pero al mismo tiempo es la solución del cotidiano malestar de la pareja, en ese vínculo donde los hijos suelen ser quienes más sufren.

Carla Cirelli (38) docente y empleada administrativa se separó hace 1 año de su marido, luego de 13 años de matrimonio. Desde el principio les dijeron a sus dos hijos, Ulises (11) y Franco (8), que papá y mamá no podían vivir más juntos, porque se peleaban mucho y ya no se amaban como pareja. Por lo tanto, esa situación los estaba lastimando a los cuatro. “Ellos lloraron mucho, en particular el mas chico, pero el grande nos dijo que era mejor porque se sentía mal cuando nos veía pelear”, reveló Carla.

Sonia Cesio, psicóloga clínica y docente en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), consultada por Convivimos explicó que los niños ya han presenciado a los padres peleando con frecuencia, también sienten ese enojo entre ellos y no saben muy bien qué hacer al respecto. “Generalmente, la pareja trata de disimular las desavenencias, pero los hijos están muy atentos a esos eventos de sus papás. Son como un termómetro que mide ‘la temperatura’ del ambiente en su casa y siempre saben cuando esta ‘alta’: eso significa que detectan los riesgos por venir”, contó la especialista.

Cómo explicarles la separación a los chicos

Es conveniente decirles a los hijos que hace tiempo que papá y mamá están “disconformes” con lo que hace cada uno de ellos, que cada día les produce mayor “malestar” y “enojo”; que además sienten “tristeza” por no estar contentos como antes y que por esos motivos, luego de pensarlo mucho, decidieron vivir separados.

Sonia Cesio, quien también es titular del sitio www.enigmapsi.com.ar, dijo que es preciso explicarles a los pequeños que después de la separación o divorcio, papá y mamá van a vivir en lugares diferentes, pero que no se van a separar de ellos (los hijos) sino que, de ahora en adelante, van a vivir en dos casas y estarán un tiempo con mamá y otro tiempo con papá. De ese modo, los van a ver a sus padres contentos y podrán hacer cosas divertidas sin enojos mediante. Algunos días será con papá y otros con mamá.

Gabriela López (36), guía y coordinadora Nacional de Turismo, que actualmente trabaja en un centro de Diagnostico por Imágenes en Adrogue, contó que su divorcio no fue de común acuerdo, sino que su marido la dejo por otra mujer, hace 6 años. “Hasta ese momento, la nuestra era una relación hermosa. Sin peleas ni desacuerdos. Éramos muy unidos. Jamás me expliqué qué pasó. Jamás entendí el por qué. Pero un día, el de mi cumpleaños, me dijo esa frase especial: ‘Estoy confundido, necesito tiempo’", relató Gabriela.

En ese entonces, sus dos hijos varones de 1 y 3 años no tuvieron una clara noción de lo que estaba ocurriendo porque ella también había quedado desconcertada. “De hecho yo me enteré que estaba con otra mujer por mi hijo mayor, que los había visto juntos”, reveló Gabriela irritada y contó que enseguida empezó terapia para asesorarse cómo explicarles a sus niños, de manera sencilla, que su papá ya no iba a vivir más con ellos.

“Fue muy doloroso, en particular con el mayor que en un primer momento lloraba mucho y pedía por su papá, luego tuvo, y aún hoy tiene, problemas emocionales, así que lo ayudan de manera alternada una psicóloga y una psicopedagoga, porque le habían diagnosticado depresión. En cambio, el más chico creció sin su papá presente y, hoy, lo ve como algo normal”, confesó Gabriela.

No es culpa de nadie, son cosas que pasan

Los niños pequeños desean la reconciliación de sus padres cuando el mensaje de la separación de la pareja parental fue confuso. Entonces, naturalmente, esperan que se aclare la confusión y todo vuelva a ser como antes; y alimentan la ilusión de tenerlos juntos otra vez. La psicóloga Cesio explicó que “si el mensaje es claro” se acaba esa ilusión, no de repente sino progresivamente.

Circunstancialmente, los chicos sienten que hicieron algo malo y que la separación es a causa de ellos. La mente humana (tanto infantil como adulta) recurre a mecanismos defensivos ante la angustia y el dolor, para aliviarlos. Esta sensación, en los niños está aumentada por “la indefensión propia de la edad”. Es más soportable sentir “que hice algo malo yo (el hijo/a)” porque eso se puede reparar y, entonces existiría la posibilidad de volver atrás y que todo sea como antes. No es algo pensado sino algo sentido.

“Conviene verbalizar todas las veces que sea necesario que no es culpa de nadie, que son cosas que pasan, a veces, entre las personas grandes que, en ocasiones, dejan de estar felices viviendo juntas. Además, recordarles a los niños que ‘nunca’ van a dejar de quererlos y que ‘siempre’ van verlos, cuidarlos, llevarlos a pasear, estar atentos a sus intereses, pero de una forma distinta a la de antes”, expuso la psicóloga y aclaró que eso es aplicable en parejas separadas en buenos términos.

En los matrimonios que atraviesan serios problemas y cierta violencia, es más complicado establecer acuerdos y brindar contención y, por lo tanto ciertas discordias dejan una marca muy dolorosa en la personalidad de los hijos. Lo saludable es poder superarlas con ayuda de los padres o de un psicólogo, según el caso.

La presencia de los padres y las visitas

Después de la separación de los papás, los niños se sienten solos, impotentes, profundamente tristes y hasta con rabia y enojo cuando lo adultos no los acompañan en esta experiencia que atraviesan. Entonces, según explicó la psicóloga Cesio conviene que los hijos “descarguen esos sentimientos” a través de juegos apropiados, “estimularlos” a hacer algún deporte y “estar cerca de ellos” hasta que la furia desaparezca.

Gabriela contó que su ex marido tiene otro hijo de 4 años con su actual pareja, que es la mujer por quien rompió el vínculo con ella. “La relación de esta señora con mis hijos no es nada buena ya que nunca aceptó ‘el combo’", irónizó Gabriela y explicó que por eso sus hijos se están alejando de su papá, a pesar de que ella lucha para que eso no ocurra.

Después de 6 años, Gabriela se volvió a enamorar y sus hijos están contentos y “aliviados”. El más grande había tomado la postura de “cuidador” y de "hombre de la casa". Ahora, en cambio, hay otra persona que cuida de mamá y ellos sólo cumplen el rol de hijos.

En el caso de Carla, el papá de los nenes, Alberto, todos los días los lleva al colegio, los retira y almuerzan juntos. Los jueves y los domingos se van con él y sábado por medio duermen donde él vive. “Somos totalmente flexibles y compartimos partidos en el club, reuniones del colegio, visitas al pediatra y cenamos una vez a la semana los cuatro juntos en nuestra casa”, contó Carla.

En este sentido, la psicóloga Cesio observó que los padres están preocupados sobre sus propios problemas y, también sobre el destino y bienestar de sus hijos. Entonces va a ser muy importante que se “arme un plan que puedan cumplir” respecto de las visitas.

Si el padre se fue, conviene que se vea con los hijos como mínimo dos veces en la semana y de algún modo similar al que tenía antes de la separación. Es importante que vaya a buscarlos a la escuela o a la práctica de deporte y que realicen salidas y paseos juntos. Además, también es bueno alternar los fines de semana entre cada uno de los padres. Si es posible, siempre conviene que haya flexibilidad para compartir el tiempo con los chicos.

Nota publicada originalmente en la Revista Convivimos