2 sep. 2011

Producir Pensamientos

Producir pensamientos



Presidentes que no fueron elegidos por el pueblo, desfilaron por el escenario rosado del gobierno, dilapidando discursos optimistas al mejor estilo show must go on, hacia un pueblo anémico y deprimido, cada vez más sumido en la miseria y la desesperación. “La cultura del infoentretenimiento, de los escándalos y chismes de celebridades, de los reality shows truchos, de los informativos con swing está íntimamente relacionada con la corrupción y las mafias. Y las mafias con el poder, la impunidad y el cinismo”-decía Aníbal Ford-. En Argentina no es raro escuchar a un ex-presidente, como Carlos Menem, que aconseje a su pueblo jugar al golf, porque eso “distrae y afloja los nervios”. Distrae también, el uso trivial de las tecnologías de la información y comunicación, que en todas sus formas, cubren o moralizan aquella realidad de los ciudadanos que pierden el dinero ahorrado y la casa; trabajadores que pierden el trabajo; niños que pierden la infancia; jóvenes que pierden la esperanza; ancianos que pierden las jubilaciones; condenados que pierden la justicia y pobres que pierden el pan. Realidad, en donde aún el más triunfador puede, de un día para el otro, convertirse en un fracasado.

Según Armand Mattelart, los medios operan sobre la subjetividad humana, “no solo en el seno de sus memorias, de su inteligencia, sino también de su sensibilidad, de sus afectos y de sus fantasmas inconscientes... esta evolución de la máquina no puede juzgarse ni positiva ni negativamente; todo depende de lo que será su engarce con los condicionamientos colectivos de enunciación... Lo peor es la massmediatización embrutecedora a la que hoy están condenados miles de millones de individuos”. La importancia del compromiso ético que tiene el periodista con su lector radica en saber, como señaló Tomas Eloy Martínez, “que el periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta… porque el periodista es también productor de pensamiento”.


Natalia Vázquez