21 feb. 2013

Nuestro hijo no quiere dormir solo - Por Natalia Vázquez

La importancia del contacto físico entre la madre y su bebé y de acudir a las demandas de su llanto. Laura Gutman explica por qué algunos niños no concilian el sueño sin sus padres y habla sobre el “dolor de la espera”. Dormir con mamá y papá.

La Teoría del Apego expuesta en los artículos de John Bowlby, de 1958 explica que el estado de ansiedad o temor de un niño está determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto. El “apego” proporciona seguridad emocional, ser aceptado y protegido incondicionalmente y  resalta la importancia del contacto continuo con el bebé, sus cuidados y la sensibilidad ante sus demandas.
En este sentido Laura Gutman, consultada por Convivimos, autora de varios libros sobre infancia, maternidad, paternidad y sobre la metodología de construcción de la “biografía humana” enfatiza sobre el dolor de la espera: “Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar el confort  en brazos de su madre,  se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno.  El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre  volverá en cualquier momento a devorarlos”.
Asimismo,  Gutman destaca la importancia del sueño y propone con ironía “hacer un campamento en el living con padre, madre, hermanos, perro y hasta el hámster, si es necesario, para poder dormir”. También, se siente extrañada cuando las personas grandes se asombran tanto con hechos sencillos que los niños entienden perfectamente bien.
“Los seres humanos somos mamíferos” –dice la escritora y amplía- “Es decir, que necesitamos estar pegados al cuerpo materno o a los de otros miembros de la manada, hasta que estemos suficientemente seguros y capaces de enfrentar a los depredadores”.
Así, Laura Gutman opina que los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. “¿Hasta cuándo?” – pregunta la terapeuta y contesta- “Hasta que el niño no lo necesite más”.
“A mi nene, de noche,  lo acostamos con nosotros en nuestra cama y, cuando está profundamente dormido, lo llevamos a su cuna. Tanto el papá como yo optamos esta rutina porque varias veces intentamos dejarlo dormir solo pero lloraba y se angustiaba mucho”, cuenta María Eugenia Trabucco de 26 años, mamá de Ciro Nicolás de 2 y agrega que al pasarlo a su pieza sigue durmiendo hasta el día siguiente.
Dormir en la cama con mamá y papá
En Asia, a diferencia de los americanos y europeos, la modalidad habitual de crianza es compartir la habitación y aún la cama con los hijos, sin que ello sea vivido como un problema, según las investigaciones de doctores estadounidenses publicadas en “Colecho: en el contexto de las prácticas y problemas del sueño en los niños de Japón y Estados Unidos”.
            Sin embargo, un grupo de médicos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) explica en el artículo “Trastornos del sueño en niños sanos”, divulgado en la web,  que “el colecho – dormir en la cama con los padres u otro adulto- es un factor que está relacionado con una mayor prevalencia de perturbaciones en el descanso de los hijos.
Esta afirmación se basa en una investigación que se realizó en 203 niños controlados en el Sector Salud Infantil del Servicio de Pediatría del Hospital Nacional Profesor Dr. Alejandro Posadas, en la Provincia de Buenos Aires, que demostró que de los que compartían la cama con un adulto (colecho) - sólo el 12,3% o sea 25 niños y niñas del total consultado- el 64% presentaban dificultades para dormir (16 de 25 niños).
De todas maneras, el texto también resalta que otros autores no encontraron asociación entre el colecho y los trastornos del sueño y mencionan además, el caso de Japón donde los padres acostumbran a dormir con sus niños sin asociarse esta modalidad “per se” a tales perturbaciones. Asimismo, se excluyeron situaciones específicas que comúnmente alteran el sueño y el comportamiento de los hijos como la “crisis la familiar actual” que abarca el fallecimiento de un pariente directo, las mudanzas, la separación o el divorcio de los padres y la pérdida de trabajo paterno o materno.
Por otro lado, en la página de la organización argentina Sindrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) bajo la responsabilidad del Dr. Alejandro Gustavo Jenik se informa que los peligros del colecho son: elementos peligrosos en la cama para la vida del bebé (almohadas, edredones, etc.), dormir en un sofá, adultos fumadores, papás muy extenuados con sueño muy profundo, producto del cansancio, del consumo de alcohol o de drogas, que les impida despertarse si el bebé está en peligro.
Despertares nocturnos
Lorena Del Valle (37), mamá de Lautaro de 4 y de Julia de 2 años, comenta cómo su amiga Ana, duerme a su hija de 2 años sola en la cuna y con la luz apagada. “Estábamos cenando en su casa y el llanto de la nena se escuchaba cada vez más fuerte pero Ana le señalaba que `lloraba 10 o 15 minutos y que luego caía rendida de sueño`” cuenta Lorena.
            Esa practica se popularizó en Boston, Estados Unidos y nace del denominado Método Ferber, que posteriormente fue adaptado por el médico catalán Eduard Estivill en el libro “Duérmete Niño”, una técnica conductistas que propone de a poco dejar que el bebé llore en su cuna, cada vez mas minutos, hasta que “aprenda a dormirse solo”.
Ana no fue la primera persona que le sugirió a Lorena no dormir a su bebé en brazos, ni en la cama con ella. Ella recibía varias recomendaciones de abuelas, tías y hermana mayor tales como “lo vas a malcriar a ese bebé si lo tenés tanto tiempo a upa” o “ponelo en el cochecito” o “que no se te duerma en la teta sino te la va a usar de chupete” que las sentía como una “presión” que le “anulaban ese sentimiento e instinto materno”.
            Alejandra Marina Mercado, médica de familia, nacida en Córdoba pero instalada en Nequén con su esposo Guillermo y sus 5 niñas, dedicada a su trabajo en el Centro de Salud de Valentina Norte, un barrio periférico de la ciudad y a la docencia como integrante de la Comisión de Lactancia Materna de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte, en su página web www.dardemamar.com, que las mamás deben saber que los bebés que maman, por lo general toman más seguido que los alimentados con leche de otra especie.
Precisamente, la médica especialista en lactancia explica que la leche materna es muchísimo más fácil de digerir y asimilar, por lo tanto muchos bebés que maman necesitan las tomas nocturnas, sobre todo porque es durante las noches cuando la producción de prolactina (hormona que estimula la producción de leche) es mayor”.
Además informa que existen otros motivos por los que los bebés se despiertan de noche y para explicarlo cita al doctor Carlos González, uno de los máximos exponentes en los países de habla hispana de métodos no conductivos autor, entre otros, de “Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor”.
En los brazos de los antepasados
  Así cuenta que hace 50.000 años, cuando el hombre no tenía casas, ni ropa, ni muebles, separarse de su madre significaba la muerte “¿Se imagina a un bebé desnudo en el campo, al aire libre, expuesto al sol, a la lluvia, al viento y a las alimañas? ¿Sólo durante ocho horas, mientras su madre "trabaja" recogiendo frutas y raíces? Ni siquiera una hora podría sobrevivir en esas circunstancias”.
En los antepasados, los bebés estaban las  24 horas en brazos, y sólo se separaban de su madre para estar unos momentos en brazos de su padre, su abuela o sus hermanos. “Hoy en día, cuando se pone al bebé en su cuna se sabe que no corre ningún peligro: no pasará frío, ni calor, ni se mojará, ni se lo comerá un depredador.
“Pero el niño no sabe todo eso” –dice el artículo del doctor Carlos González y compara- “los hijos, cuando nacen, son exactamente iguales a los que nacían hace 50.000 años. Así, ante la más mínima separación, lloran como si la mamá se hubiera ido para siempre. Más adelante, cuando empiece a comprender dónde está esa madre, cuándo volverá y quién le cuida mientras tanto, empezará a tolerar las separaciones con más tranquilidad”.
Acudir al llanto
            El autor y médico pediatra Gonzalez manifiesta: “Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo normal" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad”.
Y concluye que a medida que el niño crece, se va haciendo más independiente. Esto no significa que pase más tiempo solo, o que haga las cosas sin ayuda. “La independencia consiste en ser capaces de vivir en comunidad, expresando nuestras necesidades para conseguir la ayuda de otros, y ofreciendo nuestra ayuda para satisfacer las necesidades de los demás”.
No quiere ni debe dormir solo. Por Laura Gutman
Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida.
Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos  que  son inconfundiblemente claros. 
Circula  socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos ellos van a reclamar más y más.  Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente.


 Autora: Natalia Yanina Vázquez
Nota publicada originalmente en la revista "Convivimos".