14 may. 2013

"Esa comida no me gusta"


Una comida o varias comidas. Cómo enfrentar el problema de “esa comida no me gusta” de los chicos. Qué hacer y cómo lograr que los hijos coman.

 

Durante la infancia, los niños pueden negarse a comer por muchas razones: aversión a la apariencia, sabor o forma; poco apetito; o simplemente por distracción ya que su atención se centra en actividades más atractivas como el juego. Si bien, estos rechazos, generalmente, no llegan a ser problemáticos, algunas actitudes pueden ocasionar trastornos de la conducta alimentaria en la pubertad o adolescencia.

            “No tengo hambre”; “no quiero comer”, “esa comida no me gusta” son frases que habitualmente Santiago de 4 años les dice a sus papás a la hora de sentarse a comer. “Lo único que elige son las pastas –cuenta Laura, su mamá,- entonces la pediatra nos aconsejó que le variemos los platos con diferentes rellenos y salsas”.

            En este sentido María Laura García, nutricionista de adultos y niños en Policonsultorios Quilmes, explica que si los hijos presentan dificultades para comer, es muy delgado y tiene poco apetito, es importante ofrecerles comidas con mayor densidad energética es decir, calorías y proteínas, para ayudarlos a prevenir la pérdida de peso.

“De manera que se puede incorporar una cantidad extra de aceite, crema de leche, manteca ó margarina, a preparaciones calientes como purés, sopas, pastas, arroz, papas, polenta, batatas, guisos”, enumera la nutricionista. También, agregar quesos tipo crema, mantecoso ó fresco, en preparaciones como soufflé, budines, omellettes, rellenos de pastas, canelones, lasañas, ravioles, tartas, empanadas o pizzas.

El vínculo madre-niño en la alimentación

María Paula Gerardi, psicóloga de niños y adolescentes, explica que la alimentación es una forma de comunicación entre la madre y el bebé, dar el pecho o la  mamadera en un ambiente cálido, de conexión y de ternura va dejando huellas psíquicas en el niño y va construyendo su subjetividad. “Es saludable que desde esos primeros momentos que son los inicios del niño con la alimentación muy ligados al contacto con el cuerpo materno, con las miradas, las caricias y las palabras sean experiencias placenteras para ambos”, aconseja Gerardi titular también del sitio www.orientacionapadres.com

Asimismo, explica la profesional que el pasaje de líquido a sólido es un período muy importante en lo que respecta a la alimentación. El bebé comienza a explorar. Entonces, hay que permitir que el niño juegue con los alimentos, que los toque, que se ensucie, que los pase por su carita, que juguetee con la cuchara y que tome el vaso. Estas experiencias en un contexto de juego, exploración y afecto marcan el futuro vínculo del niño con la alimentación.

No forzar a los chicos a comer

Los niños pequeños suelen distraerse mucho a la hora de comer: no se quedan quietos o se paran  en su silla, se levantan para buscar algún juego y luego vuelven a sentarse y así la hora de la comida se convierte en un enorme desafío entre padres e hijos. Muchos papás han usado y aún pronuncian frases tales como: “Si no comes no tenés postre” o “hasta que no comas toda la comida no te levantas de la mesa”.

En este sentido, la titular del sitio Orientación para Padres propone no forzar a los chicos a comer, sino ir familiarizándolos de a poco con los nuevos alimentos, cortar la comida en pequeños trozos o crear distintas formas con sus ingredientes en el plato. “Hay que tratar de evitar las discusiones relacionadas con la comida y no hay que castigar a los chicos por que no comen, ni hay que sobornarlos”, concluye Gerardi.

Gisela López cuenta que su nena de 3 años suele tirar la comida al piso, cuando no le gusta o escupirla en el plato, luego de masticarla. “Desde bebé tuve que tener mucha paciencia cuando empecé con sus papillas. Me rechazaba la cuchara así que su pediatra me aconsejó no usar una de metal, sino de plástico, solía llorar y voltear su cara cuando le daba de comer”, recuerda Gisela.

La licenciada Gerardi advierte que a los dos y tres años los chicos quieren hacer las cosas solitos, se van separando del adulto y comienzan a explorar su independencia. Por lo tanto, es necesario darles la oportunidad de comer solos aunque tarden y también, dejarlos “probar” aunque se ensucien y tiren la comida al piso. El rechazo a la comida a esta edad, en ocasiones, puede ser un intento de reforzar su independencia.

            Desde el año de vida, los bebés pueden participar de la mesa con los adultos y es aconsejable que sea un momento compartido, un momento tranquilo, de reunión, de afecto y comunicación sin discusiones y sin televisión.

Según un estudio de Unicef sobre “Nutrición, desarrollo y alfabetización”, los niños no deben ser forzados a comer. El rol del adulto es proveerles alimentos con frecuencia y en variedad. Los niños son resistentes a los cambios del mismo modo que lo son los adultos. Por eso, cuando se les ofrece un alimento nuevo, se les debe dar la oportunidad de probarlo, rechazarlo, desmenuzarlo, jugar con él. Este aprendizaje es parte del desarrollo global.

El sabor, el olor y las texturas

Como dice el refrán “sobre gustos no hay nada escrito”. Así, Carolyn Korsmeyer en su libro “El sentido del gusto” relata que los filósofos han interpretado las preferencias gustativas como particulares, personales y resistentes a toda estandarización y explica que los gustos expresan un significado y por ello poseen una dimensión cognitiva (de conocimiento) por lo tanto comer es una actividad con un profundo significado social.

            El sabor: Cuando los pequeños comienzan a incursionar en el mundo de los alimentos sólidos, ellos tienden a preferir los sabores suaves y dulzones a los más ácidos o amargos. Según “La guía práctica de nutrición infantil” de Carolina Camacho Mackenzie, nutricionista y gourmet colombiana, el gusto por el dulce en los niños es natural, se desarrolla desde que el niño está en el útero de la madre porque el líquido amniótico que lo rodea es dulce y lo ingiere desde el quinto mes de gestación. Por lo tanto, es un sabor que no le resulta desconocido al nacer. Además, la leche materna como las de fórmula tiene un sabor dulzón.

Entonces, es altamente probable que los niños acepten de manera más natural alimentos dulces como zanahorias, calabaza y batatas que aquellos como el repollo, el brócoli o la coliflor.  Por lo tanto, es aconsejable combinar sabores más dulces con otros más fuertes e ir reduciendo gradualmente la proporción de los sabores suaves respecto de los más intensos.

El olor: La lengua es capaz de detectar sólo cuatro sabores básicos: dulce, ácido, salado y amargo, y lo que denominamos sabor de las comidas en realidad está determinado por su olor. Cualquier barrera que afecte la capacidad olfativa, como un resfrío, también afectará el sentido del gusto; por eso los niños pequeños resfriados pueden rechazar todo tipo de alimentos. Además, tampoco les gustan los alimentos con olor muy fuerte, como el ajo o las cebollas.

Teresa Becerra, psicoanalista mexicana y autora de “La Alimentación en la Primera Infancia” explica en su libro que hay bebés que rechazan muchas comidas por su olor, entonces recomienda realizar una “aproximación gradual”.  Esto es que el bebé tolere estar cerca de ciertos olores, sin intentar que los pruebe, para que se familiarice con ellos. También, se puede poner el alimento de sabor nuevo en sus dedos o en un juguete para que al manipularlo el niño vaya exponiéndose a ese sabor  u olor y gradualmente se acostumbre a él y empiece a gustarle

La textura: “Es importante que la textura de la comida vaya variando de mas suave a menos suave, conforme a la edad del niño”, explica la nutricionista y escritora colombiana. A los niños suelen no gustarles ciertas texturas como la carne fibrosa y difícil de masticar, las comidas resbaladizas o grasosas y los vegetales gomosos o con filamentos. También, de muy pequeños, ellos pueden rechazar todo lo que no esté reducido a puré o pisado si todavía no desarrollan la habilidad de deshacer los grumos, en cuyo caso habrá que darles alimentos cremosos y suaves como yogur y sopas.

             “A veces -amplía Becerra- un método negativo o de castigos puede a corto plazo modificar una conducta, pero no necesariamente es un éxito terapéutico. Es más recomendable invertir el esfuerzo en lograr que el niño y sus padres consigan tener una relación de cooperación mutua y busquen soluciones juntos. Aunque esto tome más tiempo, el resultado  a la larga será más satisfactorio”. 

            La hora de la comida es un momento apropiado para la socialización, el diálogo y la relación afectiva con el niño. Por tanto es importante crear una atmósfera agradable, de charla e intercambio. Cuando se produce tensión y disgusto, podemos llegar a crear un niño inapetente, sólo por cierta actitud negativa de gritos, ademanes bruscos o imposiciones.

 
Algunos consejos para que los niños coman

 

• Hacer de la hora de la comida un momento de diversión

Haz que intervenga en el “ritual” de la comida.  Llevar a los chicos de compras a la verdulería, carnicería o supermercado y enseñarles las verduras y frutas por colores y por nombres.

Una vez en casa, invitarlo a que ayude a guardar lo comprado y ordenarlo. A partir de los 2 y 3 años pueden ayudar a elegir el mantel, a poner las servilletas y su vaso o cubierto. A partir de los 4 años el niño puede ayudar o hacer él mismo una receta sencilla, bajo la supervisión de un adulto y esto, sin duda,  lo estimulará a probar y comer.

En lo que respecta al menú, proponerle a los hijos que elijan entre algunos platos, pero no hacer de la cocina diaria un restaurante a la carta.

• No lo presiones

Las expresiones como: “¡Come toda la comida del plato!” harán que el niño se niegue a comer. Si el pequeño no se siente presionado, empezará a comer sin ninguna preocupación. No hay que enfrentarse a un hijo que no quiere comer, porque él buscará agotar la paciencia de quién lo rete. Tratá de decirle pacientemente: “De acuerdo, no comes en la mesa, pero si tenés hambre dos horas más tarde, vas a tener que esperar a la cena”.


• Haz atractivos los platos

Darle formas a las verduras o crear con ellas algún dibujo. Cortar la fruta en pequeños trozos y ensártala en un palito a modo de brochets. Ese momento de diversión le gustará y le hará olvidar que bajo esas “creaciones” colores y formas se encuentra el puré de zanahoria que tanto le desanima.
Fuente: Guía infantil de la Asociación Española de Pediatría de Pelancha Gómez-Olazábal.


Nota Publicada originalmente en revista Convivimos - Autora: Natalia Yanina Vázquez