10 jun. 2005

Investigación. Incineración de Residuos Patológicos


Los residuos hospitalarios -cánulas, gasas, guantes, jeringas o restos orgánicos provenientes de quirófano- de la ciudad de Buenos Aires son recolectados, transportados y tratados por una incineradora de Lanús a pesar de que una ley prohíbe su quema porque es extremadamente tóxica.
Cecilia Allen de la Coalición Ciudadana Anti-incineración (por sus siglas en inglés GAIA) aseguró que la cremación de desechos peligrosos -clorados como el plástico PVC en materiales descartables de uso médico-, crea Compuestos Orgánicos Permantes (COPs) del tipo de las dioxinas y los furanos altamente contaminantes. Al respecto, Verónica Odriozola de Greenpeace aportó un dato preocupante: el principal problema de los COPs es que penetran en la cadena trófica.
Sobre el tema Lilian Corra pediatra de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente (AAMMA) afirmó que el ser humano se contamina al respirar, ingerir, beber y por contacto directo con el veneno. También, dijo que a través de la madre puede pasar al feto durante el embarazo y al bebé por el amamantamiento.
En el informe “Going Green” de la asociación AAMMA se explica que la exposición humana a estos compuestos ha sido relacionada con trastornos del desarrollo sexual, defectos de nacimiento, comportamiento hiperactivo, retardo mental y daños al sistema inmune.
De la misma manera, la organización internacional “Salud sin Daño” (por sus siglas en inglés HCWH) advirtió que las emisiones tóxicas al aire, a través de las chimeneas, afectan el ambiente local y en muchos casos, puede perjudicar a comunidades distantes. Además, informó que el residuo en forma de cenizas, enviado a los enterramientos, puede filtrarse hacia las napas de agua.
Raúl Montenegro, biólogo y presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM) describió la situación alarmante que vivieron los vecinos de Villa Allende, Córdoba, cuando comprobaron que en los sedimentos de los tanques de agua había altos valores de manganeso, plomo, cromo y arsénico, producto de la quema de restos patogénicos.
“La población consumió estos compuestos que pasaron por las redes hacia las viviendas y contrajo serias enfermedades. Afortunadamente, luego se logró el cierre definitivo del incinerador CIVA”, sostuvo Montenegro.

El pacto


En mayo de 2001, la comunidad internacional adoptó, en el marco de las Naciones Unidas, el Convenio de Estocolmo sobre los COPs que busca eliminar o minimizar la descarga de doce sustancias tóxicas conocidas por la ciencia, entre ellas las dioxinas y los furanos. El Gobierno argentino fue uno de los firmantes y se comprometió a tomar las medidas necesarias.
Efectivamente, en febrero de 2002, la Legislatura porteña sancionó la Ley 747 sobre el tratamiento de residuos patológicos que prohíbe “la contratación por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) de empresas incineradoras”, aún cuando se sitúen en otras jurisdicciones, como así también “la utilización de hornos de incineración”.

Incumplimiento de los deberes


Desde la Secretaría de Salud del GCBA Silvia Ferrer informó en nombre del titular de esa dependencia, Maximiliano Stern, que el servicio de recolección, transporte, procesado y disposición final de los desechos hospitalarios de la Ciudad lo efectúan Soma S.A., en Tigre, y Hábitat Ecológico S.A., en Lanús.
La empresa de la zona sur tiene serios problemas porque la resolución 598/05 de la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires ejecutó, en marzo, la “clausura preventiva total” por infracción a las normas ambientales vigentes, entre ellas la existencia de 600 tambores sin tapa que contenían cenizas proveniente de los hornos.
Si bien dicha clausura se levantó parcialmente en mayo, mediante la resolución 1273/05, la compañía aún tiene “prohibido el ingreso de cualquier tipo de residuos” y está sujeta al cumplimiento y corrección de las irregularidades del fallo 598/05.

Los más vulnerables


Un dato escalofriante que se divulgó durante la “11 Conferencia Ministerial Sobre Medio Ambiente y Salud”, en Europa, decía que “uno de cada tres chicos muere por causas ambientales”.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 300 químicos de síntesis se pueden detectar actualmente en el cuerpo de los niños. Asimismo estimó que poco más del 30 por ciento de las enfermedades infantiles de 2003, como asma o neurotoxicidad, se produjeron por la exposición a la polución ambiental.
Corra precisó que la contaminación es ubicua porque el mercurio se instala en los músculos, el plomo en los huesos y las dioxinas en las grasas y reveló que en la Argentina no existen estudios epidemiológicos sobre las posibles enfermedades asociadas a los incineradores.
Tal es así, que sólo se puede trabajar con lo que se denomina “Principio Precautorio” -un enfoque para el rediseño industrial de lo denominado “Producción Limpia”- que busca eliminar los productos secundarios peligrosos y defiende la precaución ante la incertidumbre.

Con la contaminación a otro lado


Rubén Méndez de la Asociación Ecológica de Lanús expresó la preocupación de los vecinos porque los hornos de la incineradora funcionan de noche y durante el día los camiones rojos de basura –los llamados clean car- no dejan de arrojar residuos.
Esta versión fue ratificada por el ingeniero y jefe de planta de Hábitat Ecológico S.A., Fabián Mariano: “Se reciben alrededor de 30 toneladas diarias de basura, incluida la de los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires”, confirmó. Corroboró también que uno de los sistemas que utilizan para el tratamiento de desechos patológicos es la incineración y en tono confidencial dijo: “No es nada bueno lo que se quema. No se trata de un asado”.
La realidad no es menos grave en la zona oeste del conurbano bonaerense. Según denunció Gladys Enciso abogada y fundadora de la Asociación Vecinal Moronense (AVM) “murieron 62 personas de cáncer y, actualmente, otras tantas padecen de ese mal que también se manifiesta en los animales domésticos”. Esta situación empezó a partir de la instalación del “Crematorio Privado Morón”, donde además de cadáveres se queman restos hospitalarios.
Para la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, una división de la OMS, las dioxinas son causa potencial de la enfermedad que ellos estudian y las clasificaron como “carcinógeno humano conocido”.

Táctica del avestruz


Alejandro Grossman, jefe de Asuntos Jurídicos de la Defensoría del Pueblo del GCBA, aseguró que en la actualidad no existen denuncias ni controles sobre la manipulación de residuos patológicos y comentó que la última investigación que se hizo fue en 2002 en el Hospital Muñiz, donde se constató que se volcaban líquidos tóxicos y patogénicos en las redes cloacales, entre otras irregularidades (Resolución 2170/02)
En su informe sobre el manejo de los desechos peligrosos (con riesgos tóxicos, radiactivos e infecciosos) Alejandro Hakim, médico del Hospital Ramos Mejía, concluyó que existe un gran desconocimiento de los profesionales de la salud sobre el tema y advirtió que la ignorancia a nivel poblacional es mucho mayor.
“El problema en los hospitales no es económico sino de formación”, acotó Liliana Corra, puesto que según AAMMA los centros médicos tienen que considerar la composición de los insumos en el momento de la compra (priorizar alternativas libres de PVC cuyo costo no es elevado) e informar y entrenar al personal.
Por su parte, Silvia Ferrer insistió en que “la gestión integral y el manejo de los restos hospitalarios contemplan los aspectos que exige la ley”. Sin embargo y bajo la misma jefatura, funciona la Oficina de Coordinación del Plan Estratégico de la Ciudad de Buenos cuyo informe ambiental señala la falta de un estudio sistemático sobre la generación de residuos peligrosos de los centros de salud y advierte que “el 57 por ciento de los desechos de este tipo no es tratado, o lo es inadecuadamente, y se dispone para su recolección como basura común”.

Texto: Natalia Yanina Vázquez

Fotos: Asociación Vecinal Moronense (AVM)

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