5 jul. 2012

EVA GIBERTI - LAS VICTIMAS "CONTRA" LAS VIOLENCIAS

Por Natalia Vázquez (*)

Eva Giberti
Psicóloga, psicoanalista, docente universitaria, asistente social, Doctora Honoris Causa más una sobresaliente lista de premios y homenajes. Ejerció como periodista y escribió varios libros sobre adopción, derechos humanos, mujer y estudios de género, familia y violencias

“Ciudadana Ilustre de Buenos Aires” fue la distinción que le otorgó el Gobierno de la Ciudad en 2003 pero el galardón que mejor la define es el “Premio a la Dignidad” que recibió en 2002 por ser una mujer que a través de “su trabajo, sus luchas y su trayectoria de vida dignifica al género mujer”.



Su presencia es elegante y tierna. Su mirada es firme y constante en los ojos de quien le habla. Es ordenada en su discurso y elige minuciosamente cada término que utiliza para hablar. Los ademanes seguros de sus manos acompañan su voz sabia e intransigente en su amplio despacho, donde transcurre muchas horas de su día, cálidamente decorado con alfombras norteñas, recuerdos en fotos de familiares, amigos y colegas dentro de una vitrina y dibujos infantiles debajo del vidrio de su escritorio.


Parecía no disponer de mucho tiempo para la entrevista, por su ocupación, pero de a poco se distendió. Hubo solo un par de interrupciones telefónicas -de fiscales y abogados- y la entrada de su hija Vita Escardó quien trabaja junto a su madre en el Programa “Las Víctimas Contra las Violencias” del Ministerio del Interior de la Nación, coordinado por Eva Giberti desde Marzo de 2006, por designación del entonces Ministro Aníbal Fernández.

¿Cómo fue el encuentro con Aníbal Fernández?

Yo no lo conocía. Lo había visto, obviamente, en televisión, en su función de ministro del Interior. En febrero de 2006, me llamó al teléfono de mi casa la doctora Silvina Zabala (que en ese momento era Secretaria Nacional de Seguridad Interior y la mano derecha de Fernández) para decirme que el ministro quería hablar conmigo por pedido del presidente Néstor Kirchner, porque estaban preocupados por los temas de violencias. Fui a su despacho, lo conocí a Aníbal, un hombre muy enérgico y decidido, y me dice: “Miré Eva - y hace un gesto con la mano en su frente- estamos hasta acá de mujeres violadas y de violadores que no caen porque las mujeres no sostienen las denuncias. Quiero que usted con su equipo – me dice Fernández y yo no tenía ningún equipo, yo era docente universitaria- cuando ingrese una víctima de violación a la comisaría, antes de que hayan transcurrido veinte minutos, se hagan cargo de ella y la acompañen para que no tenga que hacer declaraciones”. Me explicó entonces que era necesario trabajar en una nueva ley de violencia familiar y le sugerí este tema de las brigadas.


¿Cómo armó estas brigadas?

Fue muy difícil crearlas. Porque al convocar a los profesionales para que trabajen con esas víctimas me encontré con egresados universitarios, que no tenían la más pálida idea de lo que era una mujer violada, ni un violador. Entonces, primero convoqué a profesionales por Internet. Recibí cinco mil curriculums pero a medida que empezaba a seleccionar, no encontraba gente que estuviera apta para trabajar con víctimas de violación ni que haya tenido contacto, más allá de haber leído y haber leído muy poco, porque tampoco es tema de lectura obligatoria en la facultad. Por lo tanto recurrí a las colegas que tenían un mínimo de experiencia en violencia familiar del Hospital Álvarez y conseguí que seis de ellas vinieran a trabajar conmigo. Antes de iniciar el trabajo e ingresar en las comisarías -porque ninguna universitaria quiere trabajar con la policía y confieso que para mi tampoco fue fácil ni me gustaba, yo soy madre de un ex preso político- iniciamos las técnicas psicodramáticas, para que la gente se entrenara en los distintos lugares de la víctima y de la profesional y de cómo iban a entrar en la policía. Esas técnicas no se usan en nuestras facultades de psicología pero si se usan en occidente. Así se entrenó y se formó al equipo y durante los tres primeros meses no se salió a la calle.

¿Cómo funciona la Brigada Móvil con las víctimas de delitos sexuales?

La Brigada Móvil interviene inmediatamente ante el llamado de la comisaría a la cual recurrió la víctima de violación y/o abuso sexual. Este equipo esta formado por una psicóloga y una trabajadora social, que se trasladan en un móvil policial hasta la comisaría (La comisaría tiene la “obligación” de convocar inmediatamente a la Brigada) Allí, las profesionales asisten a la víctima en el momento de hacer su denuncia, evitando cualquier interrogatorio innecesario, y la trasladan hasta el hospital para su atención. Es importante actuar rápidamente porque dos horas es el tiempo que tenemos para aplicar los retrovirales, un complejo preventivo de infección VIH, la llamada "píldora del día después" y además la atiende un médico de medicina legal. Posteriormente, la conducirán hasta la División de Individualización Criminal, donde podrá realizar la identificación del agresor mediante un identikit diseñado en computadora. A su vez, el proceso judicial continúa y, ante una ampliación de declaración o reconocimientos de fotografías para identificar al agresor, el Equipo que la asistió estará también allí presente. La acompañamos en todo momento. Como resultado puedo decir por ejemplo que, en 3 años, cayeron 3 violadores seriales debido a las mujeres que hacían la denuncia y por lo tanto se logró rastrear al sujeto.


Entonces, según sus estadísticas esta Brigada logró que las víctimas sostuvieran su denuncia.

Sí. En el primer trimestre de 2010 se realizaron un total de 3.131 colaboraciones en las diferentes comisarías de la Ciudad de Buenos Aires. Un 85 por ciento de las víctimas ratificaron su declaración ante el magistrado interventor. De modo que se esta cumpliendo con uno de los propósitos del entrenamiento de esta Unidad que reside en la conciencia ética para promover la identificación y localización del delincuente. Por lo tanto es preciso lograr la colaboración activa de la víctima manteniendo su denuncia.


¿Cómo fue su intervención con la brigada móvil contra la violencia familiar o el número de urgencia 137?

Yo llevo muchos años en esto y veía que la víctima iba a la comisaría y la mandaban de vuelta a su casa. Entonces, lo que había que hacer era ir a buscar a la víctima. Oficinas, escritorios y lugares para recibir a la víctima había muchos, pero no había gente que fuera a buscarla a su casa. Esto es lo novedoso del 137. Nosotros tenemos un call center que recibe el llamado de la víctima, de un vecino o desde hospitales, fiscalías y juzgados. En el caso que se tenga que ir a un domicilio particular, la Brigada interviene después que el patrullero de la comisaría de la zona se acerca a esa dirección para verificar si el equipo tiene las garantías de seguridad para actuar. La policía se hace presente en un auto no identificado como tal para evitar el alboroto en el barrio. Luego, nos presentamos inmediatamente con dos profesionales una psicóloga una trabajadora social y dos oficiales. Entonces, hacemos contacto con la víctima para serenarla y convencerla de que haga la denuncia. Se la traslada a la comisaría para que radique la acusación, para explicarle sus derechos y se inicia la búsqueda de un refugio, casa de algún pariente, para ella y sus hijos y se la lleva al hospital, si fuera necesario. La policía tiene la sencilla función de protegernos a nosotros, porque si nosotros entramos a ese domicilio puede ocurrir que nos tiren perros bravos, que haya un familiar del golpeador que quiera agredirnos o que el golpeador haya mandado a un amigo para seguir amedrentando a la mujer.

¿Cómo actúan cuando hay hijos en la casa donde ocurrió el hecho violento?

Habitualmente, pasamos varias horas en la casa y nos hacemos cargo de los chicos, mientras la víctima -que está muy lastimada- conversa con nosotros. Los chicos también son víctimas, están presentes en el momento de la violencia. Los cargamos en el auto con su mamá y los llevamos a hacer la denuncia a la oficina de la Víctima. En el caso que la mujer violentada no quiera hacer la denuncia, la dejamos en algún refugio de la Ciudad de Buenos Aires o casa de un familiar y comienza a trabajar el equipo de seguimiento durante 10 días. Nosotros trabajamos en urgencia y en emergencia, no podemos hacer asistencia. La dejamos protegida y tratamos que haga la denuncia pero llegamos hasta 10 días de acompañamiento.


En el call center los teléfonos suenan constantemente. Eva pregunta por el último llamado. Todos son registrados con fecha y hora en computadoras. Una de las 4 chicas que allí trabaja contesta: “Recibimos un llamado de una escuela de Barracas donde una maestra notó que su alumno estaba muy golpeado. Cuando ella le preguntó por sus moretones el chico le contó que su papá los golpeaba constantemente a él y a su mamá. Entonces, por medio de la maestra nos pusimos en diálogo con este chico de 16 años, quien nos pidió ayuda. Y ya salió una brigada hacia el domicilio”.

¿No enfurece al golpeador la presencia policial y por ende corre riesgo la víctima?

¡No! ¡El golpeador es un miserable y un cobarde! Cuando la víctima hace la denuncia el golpeador desaparece.


¿Entonces la denuncia es un freno al golpeador?


Si, claro. Al cabo de unos días, es probable que el golpeador regrese arrepentido y la mujer lo perdone porque le da lástima o porque es el padre de los chicos y le permite el ingreso al domicilio. Nosotros tenemos una reincidencia -tomamos estadísticamente la reincidencia a la tercera y cuarta vez- de entre el 30 y el 40 por ciento, en relación al 2009. Recrudeció notablemente. Otras veces, la mujer depende económicamente del golpeador. En Chaco se ha institucionalizado algo muy interesante, el gobernador Jorge Capitanich le embarga el sueldo al golpeador. Algo que ví en Cuba hace casi 24 años. Si bien quedan afuera los que cobran en negro, es un avance importante.


¿Se agravó también la violencia contra los chicos?


Sí, es monstruosa (Eva abre una carpeta con los últimos recuentos de llamados) Aquí las estadísticas muestran víctimas masculinas. Es muy gracioso el término masculino porque son niños de 0 a 5 años y donde el 41 por ciento tiene 16 años. Las mujeres víctima de 0 a 5 años ¿Mujeres? ¡Son niñas! Es del 18 por ciento y de 6 a 10 años es del 24 por ciento. Son niños a los que revientan a bifes y a patadas. Esto ocurre en todas las clases sociales. En los sectores sociales altos llaman los vecinos. En cambio en las clases populares llama la víctima.

Eva Giberti explica que el nombre del Programa, al mencionar la expresión “contra” las violencias, evidencia que su tarea apunta a logar que la víctima intervenga activamente en su propia recuperación mediante la denuncia, que significa una acción reparatoria y equivale a reconocer su derecho a reclamarle al Estado que intervenga en su defensa y también en el rescate de sus derechos humanos.


Con las “Prácticas para asistir y defender a niños, niñas y adolescentes” espera sumarse al mundo de los adultos que no descansan ni se conforman ante las pesadumbres que innumerables chicos sobrellevan y así lograr que crezcan siendo sujetos amados y respetados por los adultos, en lugar de tener que ser protegidos de ellos.
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Violencia sexual


En la Ciudad de Buenos Aires, el 63 por ciento de las violaciones sexuales provienen de un integrante de la familia -padre, abuelo, hermano mayor o tío particularmente-, el resto son violaciones en la calle. De las 1.769 víctimas atendidas entre el 2010 y el 2011, 967 víctimas son niños, niñas y adolescentes. En el 98 por ciento de los casos son mujeres.

Programa de Víctimas Contra las Violencias


El Programa de Víctimas Contra las Violencias se instaló, a través de las universidades en las provincias de Chaco, Misiones, Río Negro y Neuquén (la zona del Comahue) Entre Ríos, La Pampa y una serie de localidades del Gran Buenos Aires. Este programa se caracteriza por su tarea en el terreno o campo, buscando a la víctima, asistiéndola en el lugar donde se produjo la violencia y acompañándola mientras duren la emergencia y urgencia.

 
(*)Nota publicada originalmente en la revista Convivimos de julio de 2012