26 jun. 2012

Entrevista a Laura Gutman // La biografía humana

Laura nos recibe en su casa de Palermo, en la calle Anasagasti, parisina y aristocrática, donde las casas cambian de dueños pero quedan dentro del linaje familiar. Ella cuenta que la propiedad se la recomendaron y que la conoció el día que escrituró, porque la mujer que allí vivía no permitía que nadie ingrese a verla. “Me cayó del cielo y la compré a ojos cerrados”.



Ciertamente, la casa tiene un aura celestial. Todo blanco, pulcro y con muebles rodantes que parecían flotar, cuando nos permitió moverlos como quisiéramos para las fotos. Allí vive con su tercera hija Gaia (15), de su segunda pareja, y llena de alumnos, los días que dicta clases en su escuela Crianza.


Cálida, cordial, bien dispuesta para las fotos y para la entrevista, sin apuro, me invita al cuarto donde trabaja para comenzar a “charlar”.





¿Qué edad tenías cuando te exiliaste en París, en 1976, durante el Gobierno Militar y por qué elegiste ese destino?



Tenía 18 años. En verdad, en el exilio uno no elige nada. Es el destino que elige por uno. Aterricé en Italia donde vivía mi hermana mayor (que dicho sea de paso, tenía 21 años, no era “muy” mayor). Mi hermana acababa de tener a su primer bebe. Me quedé pocos días, luego me puse a hacer dedo y viví viajando por toda Italia, trabajando de lo que podía. Un poco por casualidad llegué a una comunidad cerca de Torino, en medio de los Alpes. Allí conocí a un francés con quien me fui a Francia, a Grenoble. No puedo explicarte el frío que hacía en Grenoble. A los pocos meses, desesperada, muerta de frío y de nieve, volví a hacer dedo y me fui a Paris. Tenía una dirección de alguien. Llegué a la Place D´Italie, busqué esa dirección, me ofrecieron un colchón por una noche. Luego sigue toda una historia de supervivencia. La cuestión es que me quedé en Paris 12 años.



¿En qué universidad te formaste en Paris y qué significó estudiar con la pediatra y psicoanalista Francoise Dolto?



Me formé en la Universidad de Paris VIII. Fue una Universidad que surgió después de la revolución de Mayo del 68. Muy alternativa, de avanzada. A Francoise Dolto la busqué. Siendo argentina, yo ya había leído muchos libros de ella en Buenos Aires y me llamaba la atención que no tuviera tanto reconocimiento en París. Ella fue un referente fundamental para mí en ese momento, era alguien que traía la voz de los niños, y eso me parecía tan natural y acertado, que yo no entendía cómo alguien la podía cuestionar. También te confieso que ahora, 30 años más tarde, he evolucionado mucho en mi práctica y en mi pensamiento, y cuando releo sus obras, hoy no tienen para mí el impacto que sí tuvieron a mis 20 años.



Leí que tus años en Paris fueron muy duros, en particular siendo mamá de hijos chiquitos, cuando tuviste a Micäel y a Maïara.



Sí, fueron durísimo. Éramos pobres, estudiantes, extranjeros, en una ciudad sin niños y con mucho frío. Te aclaro que yo soy terriblemente friolenta, así que el frío me atravesó todo esos años al punto que hoy lloro de sólo recordarlo. Una vez habíamos juntado dinero para ir a cenar al restaurante que estaba al lado de nuestra casa, bien francés. Llegamos con Micaël bebé -que era un príncipe educadísimo- y no nos dejaron entrar. En cambio vi como permitían el ingreso de un señor con su perro. Los últimos años nos mudamos del barrio de Montparnasse, un departamento cerca de la Bastille, a un cuarto piso por escalera, como es habitual allí. La encargada del edificio era una mujer horrible. Yo subía con Micaël hasta el primer piso, luego bajaba y volvía a subir con Maïara, luego bajaba y volvía a subir con el carrito de compras, a veces bajaba y volvía a subir con algún triciclo o juguete o los tapados de los niños o el mío porque transpirábamos subiendo las escaleras. Luego, lo mismo hacía desde el primer piso al segundo, del segundo al tercero, etc. Tardaba unos 30 minutos en lograr llegar a mi casa. Pero indefectiblemente, salía la encargada y gritaba “silenceeeeee”. Nunca, jamás, en los años que viví allí, me ayudó ni me preguntó ni me habló, salvo para gritarme.



Con el retorno de la democracia volviste a Buenos Aires con tus dos hijos chiquitos y leí que te costó el divorcio ¿Por donde arrancaste?



El des-exilio es duro, pero en mi caso no fue tan duro como el exilio. Tenía el apoyo de mi familia. Mal que mal, en Buenos Aires me sentía en casa. Arranqué visitando pediatras y ofreciéndoles mis servicios como “doula” para las madres recientes (en ese entonces, era 1988, nadie había escuchado esa palabra) Muy pocos profesionales me ayudaron. Empecé haciendo visitas a domicilio a las madres puérperas. Aunque fue difícil, yo sentía que tocaba el cielo con las manos. Lo que me parecía encantador, era ir a la plaza con mis hijos en las noches de verano.



En 1997 comenzaste a escribir lo que enseñabas en tus clases, hiciste fotocopias y fueron artículos que llamaste “Queridas mamás”. De ese entonces, a los 15 mil ejemplares que se imprimieron en tu último libro fue un crecimiento muy importante ¿Lo planeaste o fue surgiendo?



No, no lo planeé. Yo era básicamente una comunicadora oral. Una alumna en ese momento me incitó a escribir, ella me ayudó efectivamente con las “Queridas Mamás”. Después de tres años de publicarlas, me di cuenta que tenía casi un libro escrito. Revisé los artículos, los ordené, escribí lo que faltaba y empecé a recorrer editoriales con las fotocopias anilladas (en ese momento no se entregaban los CDs ni se mandaban los archivos por email). Ese recorrido por editoriales también está lleno de anécdotas. Y de absurdos, como podrás imaginar. Ese fue el nacimiento de mi primer libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”.



Contame esas anécdotas del recorrido por las editoriales.



Firmé con Editorial Atlántida en 1999 para publicar mi primer libro dos años después, luego vino el “incendio de 2001”, no me publicaron el libro y se lo quedaron sin darme fecha de publicación. Ese momento fue muy duro para mí. Entonces, pagué para llevarme el libro, luego lo llevé a una imprenta, contraté a un diseñador e imprimí unos mil ejemplares y dije: ¿Cómo hago para venderlos? Así fue que les di a mis alumnos en consignación 6 libros al precio de 5. La cuestión que, en 6 meses, la gente me venía a tocar el timbre a mi casa para comprarlo y de este modo llegaron los libros a España, de boca en boca. Así me contrataron por primera vez en Europa y todavía no tenía mi primer libro editado. En ese momento, me llamaron de la editorial Del Nuevo Extremo, yo ya tenía escrito mi segundo libro “Puerperios y otras exploraciones del alma femenina” que en las siguientes ediciones se llamó “La familia nace con el primer hijo” porque la palabra puerperio que yo insistía en nombrar e imponer, era muy fuerte ¡La remé toda!





En tu libro “Puerperios…” explicas sobre las vicisitudes de la maternidad y las actividades intra-hogareñas que parecen haberse constituido en obstáculos para la realización personal ¿Por qué es tan difícil para la mujer realizar ambas cosas sin sentirse culposas de descuidar lo profesional o los hijos?




Porque son dos ámbitos muy diferentes. Uno es totalmente hacia afuera, el otro es totalmente hacia adentro. Uno es veloz, el otro es lento. Uno es racional, el otro es intuitivo. El problema es que en la actualidad las mujeres tenemos organizada la identidad sólo en el ámbito público, entonces cuando permanecemos en el ámbito privado, tenemos la sensación que desaparecemos. Y a nadie le gusta desaparecer.



¿Esta sociedad esta perdiendo a las madres?



Sí. Es un pensamiento tóxico de nuestra civilización, porque si no apoyamos a las madres en la tarea de maternizar, nos vamos a quedar sin ciudadanos pacíficos, calmos, maduros, honestos y generosos. No atender a la cría es un desastre ecológico, miremos por donde miremos. Si no tenemos madres que miran a sus crías, nos perjudicaremos todos, a la brevedad.



Contame cómo surgió la idea de hacer el libro “La familia Ilustrada” que realizaste con tu hijo mayor Micaël.




Yo ya no estaba más dispuesta a escribir absolutamente nada más sobre maternidad ni paternidad ni vínculos tempranos. Estaba preparando mi libro “El poder del discurso materno”, sobre la metodología que fui desarrollando respecto a la construcción de la biografía humana. Entonces se me ocurrió hacer un “cierre” de ese “período”. ¿Viste como Picasso que tiene el “período azul” o el “período rosa”? Bueno, igual. Estaba visitando a Micaël (30) en Paris, él reside allí. Yo siempre admiré mucho su trabajo como artista y, conversando sobre esto, surgió la idea de hacer algo que concluyera enfáticamente con estos temas. Se nos ocurrió que él dibujara con humor, mis textos. Eso hicimos. Trabajamos durante dos años, encontrándonos puntualmente por Skype para discutir las ideas (él en París y yo en Buenos Aires) hasta que terminamos el libro. Es un libro precioso.



En tu último libro “El poder del Discurso Materno” y también en “La Revolución de las madres” contas sobre el Yo engañado. Lo que yo creo que recibí. ¿Por qué es tan determinante en nuestra psique lo que nos han dicho nuestros padres en los primeros años de vida?



Porque hemos aprehendido el mundo externo y el mundo interno, a través de las palabras que nombraban los hechos o las emociones, desde un cierto punto de vista. Los niños no tenemos palabras para nombrar lo que nos pasa. Usamos palabras prestadas. Si me caigo y mi mamá dice “qué torpe sos”, yo crezco interpretando que caerse es cosa de torpes. En cambio, mi ser interior siente que eso es “me duele”. Pero si nunca nadie me ha dicho “eso se llama me duele”, no seré capaz de nombrarlo así. A menos que siendo adulto, alguien me preste nuevas palabras y yo sienta que encajan en mi vivencia interior.



¿Cuáles son tus anhelos?



Sólo me interesa generar nuevos pensamientos, mejores maneras de trabajar, ser cada vez más eficaz, más clara, más contundente. Me preocupo por escribir libros mejores, más entendibles y que sirvan a más personas. Me preocupo por plasmar materialmente, lo que es fuego adentro de mi cabeza.



Laura Gutman, escritora y terapeuta familiar, publicó varios libros sobre maternidad, paternidad, desamparo emocional, adicciones, violencia y metodologías para acompañar procesos de indagación personal y construir el rompecabezas de nuestra “biografía humana” o la “búsqueda de la propia sombra” así lo expone en su último libro “El poder del discurso materno” que presenta en abril, en la 38ª Feria del Libro de Buenos Aires.

Dirige Crianza, una Escuela de Capacitación con base en Buenos Aires, donde ella misma enseña, durante 3 años, su metodología de trabajo y donde para ingresar no hace falta contar con formación profesional anterior, salvo “la intención de abrir el corazón y comprometerse emocionalmente”. Cada alumno aprende a trazar los mapas familiares personales, y “presta” su historia, como dice Laura su “organización de luz y sombra” para el estudio.



Escribió dos obras de teatro: “Post parto” que se repondrá este año y fue recientemente galardonada junto a Ignacio Apolo con el Premio Casa de las Américas 2012" por su segunda obra “El tao del sexo”.




Entrevista publicada en Revista Convivimos - Autora: Natalia Yanina Vázquez
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