12 sep. 2005

Arte. Una noche por el Teatro Under



“Partes iguales”

Parece un tugurio clandestino. Tres o cuatro marquesinas del tamaño de un panfleto presentan la obra de hoy y otros talleres. Una puerta angosta y alta de madera, cerrada pero sin llave, conduce a través de una estrecha escalera pasillo hacia un primer piso donde funciona el Teatro Escuela “Lo de Guidi”.

La ambientación de las llamadas salas under es una mezcla de estilos dadaísta y barroco, cargada de objetos descontextualizados de contrastantes colores y materiales berretas. Cabezas de muñecos de cerámica, un par de remos de madera, más pequeñas botellas de vidrio vacías, quizás de perfumes gastados, decoran las vigas debajo del techo vidriado del patio central, en esta casona de Riobamba 359.

Somos pocos y la antesala es pequeña. Quizás por eso haya tantos adornos, para evitar la incomodidad de mirarnos unos a otros. También hay una máquina de café, un par de mesas tipo playeras, un rejunte de sillas, bancos y algunas carteleras de aglomerado con papeles colgados que describen los talleres semanales.

Mientras, los cuatro que acapararon la mesa del medio conversan sobre lo poco que, actualmente, concurren a espectáculos y recuerdan que solían ver obras todos los meses porque eran socios de un teatro. “Antes se podía pagar una cuota, ahora menos mal que todavía existen funciones a la gorra como éstas”, dice la mujer de tapado y sombrero rojo, que parece emitir mil palabras por minuto.

Miro hacia arriba y vuelvo a repasar los adornos y me pregunto si los dueños del teatro, Osvaldo Guidi y Hugo del Barrio, creerán en el llamado poder de los ángeles porque había cuerpitos renacentistas que colgaban por doquier y le otorgaban al lugar cierta esencia esotérica.

Luego, recorro con la mirada las paredes y me lamento de esa pobre planta, quizás una de las pocas especies adaptadas a los vicios ambientales de Buenos Aires, un potus mustio que ayudado por algunas chinches apenas logra un zigzagueo selvático.

En el rincón el matafuego, un aparato que luego de la tragedia de Cromañon recuerda la desidia de muchos y la posterior clausura de locales bailables, pubs con música "ao vivo", bajo el operativo que el entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra y el entonces secretario de Seguridad, Juan José Álvarez, llamaron “política activa de control”. En aquel momento, durante el mes de enero, los teatros comenzaron a verse también, como peligrosas trampas humanas.

Pero, en virtud de la organización de un grupo de dueños e integrantes del teatro under, se evitó la proliferación de las inminentes clausuras. Por eso, Hugo del Barrio colgó, en una de las carteleras, una cita textual de la canción “Como la Cigarra” de María Elena Walsh que dice: “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí y sin embargo estoy aquí...” que, a su parecer, resume el sentimiento de la última contienda ganada, antecedida por las sucesivas crisis económica y las represalias sufridas durante la dictadura.

A las 21.15, alguien abre la puerta doble de una de las salas que dan al patio central para que ingresen los espectadores. Busco el número de mi ubicación en el respaldo de alguna de las veinte sillas, a lo sumo treinta, que ocupan la mitad de la habitación, a la misma altura que la otra mitad reservada para la actuación.

En el lugar a media luz, comienza a escucharse el tema “Ideología (sin editar)”, compuesto especialmente para la obra, de Pedro Aznar, mientras los concurrentes se terminan de acomodar. Luego la oscuridad. De pronto, un par de reflectores iluminan la escenografía creada por Daniel Marussich.

El cuadro de “Partes iguales” esta compuesto por el living de un departamento abarrotado de cajas, las del fondo apiladas casi hasta el techo y las demás desparramadas y llenas de objetos de utilería que se usarán durante la obra, además de una pequeña mesa redonda con dos sillas. Se oye el ruido de una puerta que se abre y entra en escena María Pugliese, quien utilizó su propio nombre de pila para el de su personaje.

María enciende una video casetera y sobre el cartón de las cajas del fondo se proyecta una filmación casera de dos hombres gay. Allí, se realiza un cruce con el lenguaje cinematográfico, un recurso que también se utiliza en el final de la obra y que es propio del estilo del teatro contemporáneo.

De esta manera, se registra un realismo psicológico al estilo de los dramaturgos estadounidenses Arthur Miller y Tennessee Williams, cuyas obras comprendían escenas basadas en la memoria, secuencias sobre sueños, proyecciones y otros recursos similares. Además de un fondo sonoro con otras canciones de Aznar del disco “No te mueras sin decirme a dónde vas”, cuidadosamente seleccionado para suavizar ese crudo existencialismo.

El filme proyectado en el escenario se interrumpe cuando entra en escena Osvaldo Guidi, quien interpreta a Omar. En ese momento, una mujer que estaba sentada a mi lado le pregunta a su novio si reconoce al actor. Ciertamente, si vio alguna novela protagonizada por Andrea del Boca debería recordar a Guidi en el papel de mayordomo maniático. Quizás la más intensa de sus interpretaciones en telenovelas fue la que hizo en “Celeste” sobre un enfermo de SIDA que le valió, en 1993, el premio Martín Fierro de APTRA como mejor actor de reparto.

Una mudanza enfrenta a los dos protagonistas, María y Omar, con un pasado que comparten contra su voluntad. Ambos deben dividir el legado del difunto Pablo (Hugo del Barrio), ex marido de María y última pareja de Omar.

Hace alrededor de quince años que el teatro protagonizado por dúos es el más utilizado en Occidente. La explicación es esencialmente económica. Acaso también, es un desafío apasionante para el dramaturgo que se exige resolver un conflicto entre dos personajes, a lo sumo utiliza a un tercero de quien se habla -la alternancia de la presencia y la ausencia-, como en "¿Estás ahí?" de Javier Daulte o como el personaje de Pablo en “Partes iguales”, quien murió enfermo de SIDA y se hace presente en el escenario por medio de un filme o una foto.

La restricción a dos personajes, si bien era poco frecuente, podía identificarse en obras de finales del siglo XIX como en “La mas fuerte” del autor teatral sueco August Strindberg, considerado como uno de los fundadores del teatro moderno. Dicha pieza teatral esta basada en el diálogo entre dos mujeres que se disputan el amor de un hombre.

El recurso del teatro expresionista, como el uso sugerente de la luz y la sombra, es utilizado en “Partes iguales” para explorar la mente de los personajes. Omar sentado solo en una silla y un reflector potente ilumina su rostro en el punto de mayor dramatismo de la obra, cuando se quiebra en llanto. La silueta de María, en penumbras, apenas perceptible mientras el personaje que interpreta Osvaldo Guidi recuerda su vida con Pablo.

Un tema fuerte que atraviesa la obra de principio a fin es el SIDA y sus aflicciones, fundamentado en aquella idea del teórico alemán Bertolt Brecht, quien creía que el teatro podía instruir y a la vez reformar la sociedad.

Cuerpos desnudos.

Una metáfora de la inmortalidad del amor.

Y finalmente aplausos.

Texto: Natalia Vázquez
Foto: Teatro Escuela "Lo de Guidi"

1 comentario:

Anónimo dijo...
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