13 sep. 2013

La Autoestima


LA AUTOESTIMA // Por Natalia Yanina Vázquez //


¿Cuánto nos valoramos? ¿Cuánto de lo que yo deseo hacer cumplo a diario? ¿Y cuánto hago para complacer a los demás? Cómo crecer a partir de nuestros errores, nuestros deseos y cómo saber si soy exitoso

 El canchero, el felpudo, el narcisista, el exitoso, el miedoso, el valiente o el cobarde. Todos estos adjetivos se relacionan con la autoestima o el “autoconcepto” que cada persona construye desde niño, luego de adolescente, transita en la vida adulta y cosecha en la vejez. La influencia de los padres y el entorno social juegan un rol tan fundamental como así también, el conocimiento de nuestro deseo interior.

Autoestima y auto-concepto

El escritor, psicólogo, sexólogo clínico, teólogo y Pastor General bautista del “Ministerio Presencia de Dios”, en el barrio de Caballito, Bernardo Stamateas es un referente obligado a la hora de hablar de liderazgo y superación personal. Por eso Convivimos lo consultó para dialogar sobre el significado del concepto de la “Autoestima” en nuestra vida.
            Él dice que primero hay que hacer una distinción entre dos términos ligados pero distintos: la “Autoestima” y el “Autoconcepto”. Según Stamateas, “la Autoestima es la emoción, la “emocionalidad”,  cómo me siento con respecto a mí mismo. El Autoconcepto es cómo nos vemos y pensamos a nivel cuerpo, a nivel capacidades, qué cosas podemos hacer y qué no, lo formamos y construimos desde los primeros años y su repercusión emocional sería el lugar donde se encuentra la autoestima”.
            Entonces, cabe preguntarse ¿Cuán responsables son los papás de la autoestima de sus hijos? Stamateas explica que los padres juegan un papel fundamental en la construcción de esos dos conceptos, porque se van formando de acuerdo a la mirada y a la devolución que ellos les dan a sus hijos. - “¿Cómo es esa mirada, cómo es esa devolución? Si se descalifica, insulta, agrede y se dicen frases tales como: -“¿Qué tenés en la cabeza?” O “siempre haces las cosas mal”-, obviamente que el chico va a crecer con  una mirada descalificadora. Entonces, la manera en que los papás marcan los límites es fundamental para la construcción de la autoestima”, asegura el psicólogo.
            “La autoestima es la evaluación que hacemos de nosotros mismos, incluidos nuestros pensamientos, conductas y sentimientos. Refleja el juicio que cada uno hace de su propia  habilidad para enfrentar los desafíos de la vida, superar problemas y conflictos y el derecho de ser feliz respetando y defendiendo nuestros intereses y nuestras necesidades. Esto depende también del ambiente familiar, social y educativo en el que estemos y de los estímulos que hemos recibido”, define la licenciada en psicología Claudia Erlich, miembro de Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad (www.hemera.com.ar)
            Además, la licenciada Erlich explica que la confianza en uno mismo es indispensable para la autoestima porque es la creencia en la propia capacidad para llevar a cabo una tarea. “Esta confianza se va adquiriendo a través de las experiencias cruciales de la vida, del conocimiento, y del intercambio con los otros. Siempre hay algo que queremos lograr y no hemos conseguido por falta de confianza, por timidez o vergüenza, pero si toleramos cierta frustración, cierto margen de error, lo intentaremos nuevamente”, asegura la psicóloga.
 
La autoestima adolescente y la mirada social

Durante la adolescencia, aparece la mirada social y ese es un elemento importante en la autoestima adolescente, resalta el escritor de “Heridas emocionales”, “Pasiones Tóxicas” y “Fracasos Exitosos”, entre otros Best-seller. “Es el momento en que esa persona descubre que no solo mira a los demás sino también, que es mirada”.
Por ejemplo: El fanfarrón tiene una baja estima, porque está atado a la mirada del otro y tiene que exagerar sus logros. La persona de falsa humildad que dice: `Yo  no pido nada o no sirvo para nada´, también tiene una autoestima inmadura, porque  está esperando que el otro le diga: ` ¡Che qué grande que sos! ó ¡Sos bárbaro!´ Entonces, la mirada del otro tiene que servir para ubicarnos pero nunca para depender. La mirada interna es la que cuenta. Ahora, eso no quiere decir no considerar al otro, por lo menos al `otro significativo´, porque aquél que no escucha es un narcisista”, ejemplifica Stamateas.
“Esa mirada-juicio sobre uno mismo es vital. Cuando es positiva, permite actuar con aplomo, sentirse a gusto consigo mismo, enfrentar las dificultades. Cuando es negativa, engendra sufrimientos y molestias que afectan la vida cotidiana”, sostiene Luis Hornstein, psicoanalista y presidente de la Fundación para el Estudio de la Depresión. Y agrega: “La autoestima es sentirnos competentes para enfrentarnos a los desafíos y creernos merecedores de recompensa. Contiene varios aspectos: confianza en nuestra capacidad de pensar y tomar decisiones adecuadas, y convicción en nuestro derecho a ser reconocidos por los demás y por nosotros mismos. La autoestima facilita la acción: la acción alienta, modela y construye la autoestima. Junto a las relaciones afectivas y a los proyectos es uno de los grandes nutrientes”.
Los niveles de autoestima no permanecen siempre iguales, sino que sufren fluctuaciones ligadas a los estados psicológicos, y a las circunstancias de la vida. “Una buena autoestima nos permite hacer frente a las situaciones de nuestra vida personal o laboral, y nos ayuda a recuperarnos de nuestras caídas con mayor rapidez. Por el contrario, un déficit de autoestima nos lleva a buscar amparo en lo que ya conocemos y nos resulta fácil. Se elige permanecer en el mismo lugar, donde no se es feliz, pero se está cómodo”, puntualiza la licenciada en Psicología Claudia Erlich.
            ¿Cuál sería la mejor definición de la autoestima, entonces y qué se debe tener presente? Según Bernardo Stamateas deberíamos “reconocer que hacemos algunas cosas bien, algunas cosas más  o menos y algunas cosas mal” y describe que la persona que sólo ve aquello que hace bien se llama narcisista, porque es “yo” y nada más que “yo”, es decir sólo se puede conectar con lo que hace bien y no con lo que hace mas o menos o hace mal.
Y continúa: “En el otro extremo está el `felpudo´, el que dice: - Yo soy un desastre, hago todo mal- y que no puede ver qué las cosas que hace bien y qué cosas hace más o menos. Entonces, cuando uno acepta las tres premisas tiene una buena estima. Por ejemplo: Si un soldado que está en la trinchera sólo reconoce que tiene miedo, va a huir. Si sólo reconoce que tiene valor, va a ir al frente y lo van a reventar. Y si reconoce que tiene valor y miedo, las dos cosas, se queda en la trinchera peleando hasta que lo arresten o termine la batalla”, ilustra el psicólogo y pastor.

Reconocer debilidades, corregir errores y copiar virtudes

Detectar estos conceptos –debilidades, errores y virtudes-, en nuestras acciones diarias, estaría íntimamente ligado a nuestra inteligencia emocional. Según Stamateas, uno puede tener una buena estima en un área y no necesariamente en otra: “Una persona con buena autoestima reconoce sus debilidades, corrige sus errores y copia las virtudes; porque mira para adentro y tiene buena autocrítica; aprende del error y, también, reconoce las virtudes del otro para imitarlas”.
Lo ideal es “diversificar” las fuentes o “afluentes” de la autoestima, “porque si se sostiene en una sola -en las mujeres es más habitual centrar la autovaloración en lo afectivo y en los hombres, en lo laboral-, cualquier pérdida en uno de estos ámbitos puede desembocar en una verdadera catástrofe narcisista”, analiza Hornstein.

El éxito y la fama

En principio, el éxito y la fama son dos conceptos distintos.  Se puede tener éxito y fama, se puede tener sólo éxito o sólo fama. “Cuando vos te conectas con tu propio deseo, con tu propia meta, con lo que vos querés, tenés éxito. En cambio, la fama es la mirada social, es decir cómo te ven los demás, cuando cumplís el deseo de ellos” –distingue Stamateas y ejemplifica- “Si vos sos un científico y te gusta investigar, tenés éxito porque estás haciendo lo que te da satisfacción, a pesar de que nadie te conozca. Es decir, que tenés éxito pero no tenés fama porque, en cierta manera, no existe la mirada social”.
“En cambio –continua Stamateas- si sos un científico que escribe un libro y gracias a esa publicación te das a conocer y ganas el Premio Nobel, tenés éxito y fama,  porque logras reconocimiento social, la fama, y éxito porque cumpliste tu propio deseo. El caso típico del pibe que estudió abogacía porque los papás le dijeron toda la vida que debía ser abogado, como lo fueron los otros miembros de su familia, es famoso y es reconocido a nivel social pero no tiene éxito, porque no conectó con su deseo interior”.
Tener un buen conocimiento de uno mismo, por ejemplo: qué nos gusta y qué no, qué estamos dispuestos a negociar y hasta dónde llegaremos para lograr nuestras metas, ayuda a proveernos de consistencia interna, algo que nos aporta una sensación de confianza en nuestra individualidad. “El desafío es en todo caso, lograr la mejor versión de uno mismo”, asegura María Gabriela Fernández, psicóloga de Hémera.


Para el adolescente

Es importante aprender a “historizar”, es decir qué enseñanzas recibo hoy, de los errores que cometí ayer y, hacer un “puente” entre el pasado y el presente pero a la vez, pensar en el mañana. “Los errores son una fuente de aprendizaje, puedo aprender del error y transformarlo en un puente de crecimiento". Fuente: Bernardo Stamateas.

 Modelado de la autoestima

Los niños aprenden a valorarse a sí mismos mediante el ejemplo de sus padres. El modelar la autoestima significa valorarse a uno mismo lo suficiente como para atender a las propias necesidades básicas. Cuando la persona se pone en último lugar, cuando se sacrifica crónicamente por sus hijos, les enseña que una persona sólo es valiosa si está al servicio de los demás.
Fuente: “Autoestima Evaluación y Mejora” de Matthew McKay y Patrick Fanning.

Consejos que mejoran la Autoestima
  • Dejar de tener pensamientos negativos sobre uno mismo. 
  •  Ponerse como objetivo el logro, en vez de la perfección.
  • Considerar los errores como oportunidades de aprendizaje. 
  • Fijarse metas. 
  • Sentirse orgulloso de las propias opiniones e ideas. No tengas miedo de expresarlas.
  • Colaborar en una labor social.
  • Hacer ejercicio. Mitiga el estrés y estarás más sano y más feliz.
  • Pasarla bien.  Disfruta tu tiempo con personas que te importan y haciendo cosas que te gustan. No dejes tu vida en suspenso.



Redacción: Natalia Yanina Vázquez - 2013

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