2 sept 2013

LA VIDA CON HERMANOS: Los Celos, la Fraternidad



“Es como un hermano” se suele decir cuando se hace referencia a un amigo muy querido ¿Cómo es ese vínculo tan especial? Como se mezclan los sentimientos de fraternidad, rivalidad, celos y lealtad entre los hermanos.


Al nacer un hermano comienza el largo aprendizaje de compartir la vida con un par, con otro semejante pero al mismo tiempo diferente. Alguien con quien se comparte la misma generación, con sus usos y costumbres.  Comienza una relación de fraternidad: “Sufro mucho cuando ella sufre y, a veces, quisiera estar en su piel para que ella no tenga que pasar por momentos feos”.  De rivalidad: “Mica y Joaco prácticamente se criaron juntos, se llevan solo dos años, el tema fue cuando nació el tercero”. Y de lealtad: “Desde que sola tuve que hacerme cargo del cuidado de nuestra mamá, con mi hermano no nos hablamos más”.
Según Matías Muñoz psicólogo clínico y profesor en la Universidad Católica Argentina (UCA), el vínculo entre dos o más hermanos se verá influenciado por los aconteceres de la vida familiar y por las actitudes que los padres tengan con sus hijos.
En este sentido, explica Muñoz al ser consultado por Convivimos, los padres con sus palabras y decisiones pueden “favorecer” u “obstaculizar” la relación entre los hermanos. Esa unión fraternal implica una fuerte mezcla de sentimientos, una tensión que dinamiza ese vínculo e incluye, por un lado, fuertes sentimientos de “lealtad fraterna” y, por otro, cierta cuota de “rivalidad” y de “competencia”. “Una relación sana supone la connivencia de ambas emociones”, enfatiza el psicólogo.
Según el licenciado Muñoz entre los hermanos existe una fraternidad que acerca, une y genera compañerismo, sin ser simbiótica y, además, una competencia, no violenta, que surge como una necesaria búsqueda de mantener las diferencias individuales.
La fraternidad
“Hay momentos de complicidad en los cuales necesito inevitablemente poder contar con mi hermana” –cuenta Julieta Fernández de 34 años- “Cuando me enteré que estaba embarazada de mi tercer bebé a la primera persona que se lo confié fue a mi hermana Nora”. Esa es una de las experiencias que me aferran y me unen a ella porque me demuestra que siempre está dispuesta a escucharme y apoyarme”.
Julieta es abogada pero decidió no ejercer su profesión por ahora para dedicarse tiempo completo, en su casa,  a criar a sus 3 hijos Micaela (9) Joaquín (7) y Bautista (1) y si bien siempre fue “la hermanita” por ser la menor cuenta que muchas veces se siente como una madre con respecto a su hermana mayor, porque sufre mucho cuando ella pasa por momentos feos y manifiesta que “quisiera estar en su piel” para cargar, en ciertas ocasiones, generalmente amorosas, con las angustias de su hermana.
Con respecto a esta necesidad de protección que existe entre los hermanos el psicólogo Muñoz explica que se relaciona con un sentimiento de “lealtad” producto de una historia en común, un espacio compartido y un afecto especial que se va profundizando con el devenir de la historia familiar. Entonces, entre los hermanos se percibe un fuerte nivel de compromiso, de protección y cuidado ante momentos de adversidad.
Nora Fernández, la hermana de Julieta tiene 37 años es diseñadora gráfica y trabaja en una empresa de la industria energética. Ella es soltera pero hace poco que vive en pareja y confiesa que su hermana es un ejemplo de maternidad, de profesionalismo y de lealtad. “No conozco ser, más leal hacia mí, que mi hermana. Siempre está a mi lado y me dice de frente y sin vueltas lo que ciertas personas dicen a mis espaldas”, cuenta Nora.
Y si bien ella aprecia mucho los consejos y el pensamiento de Julieta sobre sus asuntos personales, Nora confiesa que en ocasiones estas opiniones provocan discusiones y peleas entre ellas y que, como consecuencia, pasan varios días sin hablarse pero que finalmente se vuelven a “amigar” o “hermanar” porque la relación entre ellas es “intocable” según Nora: “Nada, ni nadie, las va a separar”.
El sentimiento de unidad
El licenciado Muñoz explica que a partir de la infancia y, en la adolescencia, se entretejen experiencias compartidas que van construyendo este vínculo profundo, intenso y complejo. En la infancia los juegos en común fraternizan y, yendo más particularmente a la adolescencia, cuando comienzan los cuestionamientos y enfrentamientos fuertes con los padres, el vínculo fraterno está resguardado de esa rebeldía, porque no se vivencia a los hermanos como figuras de autoridad.
Entonces, de adolescentes existe una mayor cercanía y cuando la diferencia de edad es poca se comparte el mismo grupo de amigos y surgen conversaciones a puertas cerradas que demuestran esa intimidad fraterna. Por el contrario, cuando es amplia la diferencia de edad, un hermano adolescente descubre la posibilidad de cuidar a sus hermanos menores manifestando aspectos protectores que desconocía tener.
En este sentido, Muñoz detalla que cada hijo irá eligiendo con cuáles de sus hermanos conversar y con cuáles mantener acuerdos tácitos de convivencia. La adolescencia y previamente la infancia son las etapas en las que los padres pueden “mostrar y enseñar la riqueza de la conversación como herramienta” para lograr acercamientos y para resolver conflictos.
Como en toda relación, el diálogo profundiza el vínculo; cuando se construye el camino a través de la palabra se expanden las posibilidades relacionales y los hermanos se van descubriendo mutuamente en su singularidad, según el psicólogo.
La rivalidad y los celos
Tanto en la infancia como en la adolescencia surge entre los hermanos la rivalidad. Las innumerables peleas cotidianas que muchas veces preocupan a los padres y quienes suelen preguntarse si es bueno intervenir o si es preferible dejar que se “arreglen solos”.
En una pelea cada hermano defenderá su postura para fortalecerse y para diferenciarse del otro. Las situaciones de rivalidad son oportunidades que se pueden aprovechar como experiencias de aprendizaje. Entonces, el licenciado Muñoz aconseja demostrar el valor del diálogo para expresar la postura personal y como vía para llegar a ciertos acuerdos.
En este sentido, la licenciada Marisa Russomando Psicóloga especialista en Maternidad y Crianza consultada por Convivimos explica que la calidad de la relación que los padres establecen en particular con cada hijo influye en la modalidad de interacción que mantienen los hermanos entre sí También, la profesional describe que ciertas incidencias de los padres generan celos, rivalidad y hasta hostilidad ante el uso de “favoritismo” hacia alguno de los hijos.
Por ello, Russomando indica que es importante “favorecer vínculos sanos y amorosos”. Los celos son inherentes a las emociones normales del ser humano mientras guarden una medida acorde a lo saludable. Según la psicóloga como existe la fantasía de ser único surgen las peleas y las agresiones debido a la disputa por el amor de sus padres, por el lugar central de su atención.
Esa necesidad de atención la manifestó Joaquín cuando empezó a pasarse todas las noches a la cama de sus papás durante el embarazo de Julieta y “aún hoy lo sigue haciendo”, confiesa su mamá y recuerda también que  Micaela, su hija mayor, estuvo con muchos vómitos el día del nacimiento de Bautista y sin querer alejarse de ella cuando estaba internada en la clínica.
            La fragilidad del vínculo
Ese vínculo fuerte entre hermanos puede también romperse frente a ciertas responsabilidades o sucesos familiares. Por ejemplo Graciela Blanco de 63 años manifiesta que la indiferencia de su hermano mayor Carlos, con respecto a la salud de su mamá, terminó con la relación entre ellos.
“Cuando decidí traer a mi mamá a vivir conmigo, porque mi hermano vendió el departamento donde ella vivía, nos dejamos de tratar –recuerda Graciela- y, desde entonces, él nunca asumió como su responsabilidad asistir a nuestra madre, tanto afectiva como económicamente. Hoy, a sus casi 96 años, ni él ni sus hijas la visitan”, juzga Graciela.
En este caso particular o en otros casos como en los conflictos entre hermanos, que surgen luego del fallecimiento de los padres, frente a las herencias, el licenciado Muñoz explica que el valor de la lealtad juega un papel muy importante, es un sentimiento muy fuerte de unión entre los miembros de un grupo por adherencia a los valores familiares que los padres les han transmitido.
“Ese sentimiento es muy poderoso –amplía Muñoz- y hay situaciones como la de Graciela en la que uno de los hijos siente que otro hermano esta siendo desleal a los mandatos de la familia y eso genera rupturas. Como además de fraterno ese vínculo es de rivalidad y de lucha por el amor de los padres, el más leal a los valores parentales sentirá que tiene más aceptación o es más querido por ellos, aunque los hijos sean adultos mayores”.
Como ocurre en conflictos de herencias, luego del fallecimiento de los progenitores, uno de los hijos será el portavoz de los deseos de los padres antes de morir y los defenderá a ultranza frente a los hermanos que querrán otra cosa. “Entonces esa ambivalencia de fraternidad y competencia se mantiene toda la vida”, explica Muñoz.
Es necesario recordar que, si bien los hermanos vienen del mismo vientre, los padres deben valorar y reconocer sus diferencias, comprender a sus hijos como personas individuales para que ellos se sientan valorados como seres únicos e irrepetibles; personas con identidad propia que no necesitan copiar al otro para ser aceptados.

¿QUÉ HACER PARA FAVORECER LAS RELACIONES FRATERNAS ENTRE HERMANOS?
• Fomentar los momentos de juego en común y experiencias de solidaridad mutua, en la infancia y que aprendan a pedirse ayuda en situaciones de la vida diaria.
• Favorecer la expresión de las emociones entre los hermanos.
• Educar en la empatía y ayudarlos a que puedan ponerse en el lugar del otro para intentar comprender sus emociones, estados de ánimo y formas de pensar.
• Intervenir en algunas peleas para ayudarlos a dialogar. Mostrarles la riqueza de la conversación, como forma de llegar a acuerdos respetando las diferencias.
• Evitar responsabilizar siempre al mismo hijo como causante de los conflictos.
• Reconocer explícitamente las distintas fortalezas de todos los hermanos y evitar las comparaciones.
• Relatar experiencias personales con los propios hermanos en los que se transmita la fraternidad como un valor y como una red de sostén.
• Conversar con el hijo mayor, en caso que intuyamos haberlo involucrado en las tareas de educación de sus hermanos menores para constatar si fue esto un peso para él.
Lic. Matías Muñoz Psicólogo clínico Profesor universitario (UCA)


¿Cómo equilibrar los celos de los hijos?

·         Brindar la seguridad del amor para cada niño.
·         Ofrecer momentos de atención exclusiva para cada niño.
·         Evitar comparaciones.
·         Destacar lo bueno de cada uno.
·         Festejar los logros de cada uno.

La llegada de un nuevo hermanito

·         Transmitir la noticia como una buena nueva.
·         Contar lo que vendrá en lo inmediato.
·         Relatar cómo fue su propia llegada: cómo lo esperaron, cómo fue su nacimiento y compartir fotos que recuerden cada uno de esos momentos.
·         Recalcar que nada del amor de sus padres cambiará hacia él.

Nota publicada originalmente en Revista Convivimos - Por Natalia Yanina Vázquez

El respeto y la autoridad de los padres

Por Natalia Yanina Vázquez



Cómo consensuar la convivencia entre padres e hijos. La crianza y la educación que se brinda y se aprende con los niños. Los límites y la autoridad que contempla el rol de padres. El respeto no implica obediencia ni temor. La importancia del diálogo.

¿Qué pasa con la autoridad en casa? ¿Por qué los padres sienten culpa cuando retan a sus hijos? ¿Por qué es importante acordar y aplicar límites? Los chicos de hoy desobedecen a sus padres, lloran, hacen berrinches y caprichos. Cada vez es más difícil contenerlos ¿Cómo lograr que los hijos “hagan caso” y demuestren actitudes positivas, colaborativas y saludables para hacer más fácil la convivencia?
           
Franco de 12 años y Nicolás de 8, van de lunes a viernes a doble escolaridad porque su papá, Javier Massimino, y su esposa trabajan ambos todo el día fuera de sucasa. Ni bien llegan del colegio,los chicos meriendan, hacen la tarea con ayuda, si la necesitan. Luego juegan, se bañan, se reúnen a comer todos juntos y después, con gran insistencia, les ordenan acostarse temprano. Javier considera que sus hijos son “bastante dóciles”, aunque confiesa que, en la convivencia, no les resulta fácil exigirles que sean ordenados “por ser varones”.
Los chicos no son los de antes
La sociedad cambia continuamente y las familias no son una excepción debido, en parte, al deslumbrante avance tecnológico, la expansión de los medios de comunicación y la sobre exposición de información que tienen los hijos y, también los padres.En este sentido el licenciado Alexander Covalschi, Director de la Asociación Psicología Abierta (www.psicologiaabierta.com) reflexiona que los padres y los niños de antes tenían cierto pensamiento transmitido mayormente por la cultura y la tradición familiar, además no corría demasiada información para contrastar o cuestionar los saberes cotidianos.
Entonces, dada esta multiplicidad de recursos de información,“es importante que los padres se permitan un espacio de reflexión acerca de quécrianza prefieren adoptar para su familia y, desde ese lugar, actuar efectivamente”, explica Covalschi y entiende que si no existe tal acuerdo, los retos, los castigos y las directivas a los niños suelen surgir de manera impulsiva y desde una emoción negativa como la bronca, la impotencia o el desgano.
Javier, el papá de Franco y Nicolás, recuerda que sus padres eran bastante estrictos con él y con sus hermanos. Con el paso del tiempo se moderó la relación y confiesa que logró, de adulto, acercarse a ellos sin reproches y “hacerse amigo especialmente de su papá”. En su casa considera que él es quien “pone los límites” porque su esposa es más “condescendiente” y “sobreprotectora”.
Los límites educan
Si bien en la actualidad se hace hincapié en respetar y escuchar las ideas de los niños, todos los especialistas en psicología y educación coinciden en que esa participación y cooperación no debe confundirse con la necesidad de aplicar límites.  Esos retos o regaños darán resultados positivos en la crianza de los hijos mientras no se apliquen de modo “autocrático” es decir que los niños solo aprendan a obedecer -o a rebelarse- y no haya lugar para sus deseos y reclamos.
Según Covalschi, la aplicación de límites es la manera en que los hijos interiorizan ciertas reglas que después se reflejarán en una vida responsable y adaptada a la sociedad, pero esos límites deben ser claros y empezar en el hogar. Si estos retos o advertencias generan culpa o malestar en los padres cabe preguntarse desde qué lugar están surgiendo, si provienen de cierta reflexión y contemplan la intención de corregir alguna actitud que afecta al niño o, por el contrario, no están amparados en ninguna clase de fundamento.
“Los límites claros, reproches y regaños racionales forman parte de la educación de los padres hacia los hijos. Puede mencionarse el cariño, la empatía y los espacios compartidos entre padres y sus chicos como un ámbito de contención que mejora la condición emocional de los niños y ayuda a su maduración progresiva y natural”, reflexiona Covalschi y admite que la falta de tiempo y la necesidad de trabajar lo máximo posible para suplir las condiciones materiales de la vida cotidiana hacen difícil sostener espacios de encuentros y de conexión entre padres e hijos. Sin embargo, es necesario resaltar que la búsqueda y la defensa de estos ámbitos enriquecen notablemente la relación y la salud mental de los niños.
Sustituir la televisión durante la cena o el almuerzo por una charla familiar, un paseo por la plaza, una salida al aire libre donde realizar actividades recreativas, culturales o algún deporte; o programar un fin de semana en un lugar donde compartir y vivir en familia, son ejemplos de pequeños hábitos saludables que enriquecen plenamente la relación entre padres e hijos y generan niños más sanos y libres.
En la adolescencia a veces la oportunidad es única; es importante realizar una autocrítica de cuántas veces se posterga una charla o no se le da el lugar que merece por “falta de tiempo”. Hay preguntas y situaciones que los hijos plantearan  y que lo harán por única vez.
El respeto a los padres
La licenciada en psicología María Casariego de Gainza miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) autora de “Adopción: La caída del prejuicio” entre otras publicaciones (licmariacasariego.blogspot.com) resalta que la autoridad no se obtiene por ser solamente los padres e imponerse desde la agresión porque la verdadera autoridad es consecuencia de un vínculo respetuoso.
“El respeto es una consecuencia de la coherencia, de la dedicación y del amor; esa es la mejor autoridad que podemos tener, la que surge de esa conjunción. Cuando un padre grita o tiene que poner castigos para que sean eficaces sus indicaciones es señal que algo falla. El refuerzo desde la  violencia como modo de obtener autoridad es señal de fracaso en nuestra función, habla de nuestra propia impotencia”, indica la licenciada Casariego.
Por lo tanto la profesional aconseja que es fundamental descartar el autoritarismo como modo de educación, porque el miedo no es un buen camino e inevitablemente llevará a la rebeldía desde distintas conductas del niño, que se acentuarán y agravarán cuando llegue a la adolescencia. “Criemos y eduquemos desde el amor no desde el terror. El miedo genera resentimiento y distancia emocional”, destaca la psicóloga.
Abrir el diálogo
Javier cuenta que muchas veces lo invade la culpa luego de retar a sus hijos: “No puedo estar mucho tiempo enojado con ellos. Entonces, voy a su habitación, entablo una conversación y arreglamos los tantos. Así, les pido que ese mal comportamiento no lo vuelvan a hacer, nos abrazamos, nos pedimos disculpas y listo”.
 Según la licenciada Casariego es necesario conversar con los hijos, acercarse,  averiguar cómo está su vida, sus relaciones sociales y sobre todo acompañarlos emocionalmente. Los hijos deben sentir que el mejor refugio son los padres, es la única manera que recurrana sus papás para consultarles sobre aquellos temas que son fundamentales que los hablen con los adultos (por ejemplo su sexualidad)
“Busquemos espacios de conversación y escuchar desde sus estilos, no impongamos los temas y ejerzamos una labor de  tolerancia frente a lo que no estamos de acuerdo. Las épocas han cambiado y se hace imprescindible abrir nuestras cabezas. Desde la crítica o la censura de ciertos temas lo único que lograremos es un ‘final de dialogo´ y que otras figuras reemplacen nuestro lugar”, advierte la psicóloga Casariego.
Asumamos que es posible mantener una autoridad sana, responsable y ofrezcámosles a nuestros hijos una dulce maternidad y paternidad fundada en previas reflexiones sin dejar de respetar, a su vez, la individualidad humana de nuestros hijos.

ASUMIR EL ROL DE PADRES
Javier explica que él y su esposa remarcan a sus hijos que ellos son sus padres y no sus amigos pero observa que muchos chicos llaman a sus padres por el nombre en vez de decirles papá o mamá: “Nosotros eso no lo permitimos. Para mi hijo soy papi, pa o papá”, determina Javier. 
En este sentido la licenciada Casariego advierte que actualmente los padres tienen dificultad en identificarse en su rol adulto y función paterna. La “revalorización de la  juventud” genera “confusiones” generacionales. Entonces, la asimetría es imprescindible. Para un adolescente es muy confuso que sus padres no tengan clara su función y su edad.
“Hay una ‘adolentización´ de la vida que borra diferencias en la relación padres- hijos, esto no ayuda a la ubicación del adolescente en el mundo. Este borramiento de la diferencia etaria impide los límites”, advierte la psicóloga.
Javier cuenta que su hijo menor solía llorar cuando recibía un “no” como respuesta. El psicólogo Covalschi explica que tanto una rabieta como una lastimadura en un niño, se curan con amor. Una madre o un padre, que contiene a su hijo en un momento de dolor, o en un arranque de enojo, evitará escenas de tragedia o de incontinencia emocional. “En general, el berrinche de un niño es un profundo llamado de atención, una necesidad de ser tenido en cuenta. ‘Toda demanda es demanda de amor´. En estas situaciones, los niños suelen ‘enseñar´ también a los padres a asumir el rol de cuidadores”, enfatiza el licenciado.

14 may 2013

"Esa comida no me gusta"


Una comida o varias comidas. Cómo enfrentar el problema de “esa comida no me gusta” de los chicos. Qué hacer y cómo lograr que los hijos coman.

 

Durante la infancia, los niños pueden negarse a comer por muchas razones: aversión a la apariencia, sabor o forma; poco apetito; o simplemente por distracción ya que su atención se centra en actividades más atractivas como el juego. Si bien, estos rechazos, generalmente, no llegan a ser problemáticos, algunas actitudes pueden ocasionar trastornos de la conducta alimentaria en la pubertad o adolescencia.

            “No tengo hambre”; “no quiero comer”, “esa comida no me gusta” son frases que habitualmente Santiago de 4 años les dice a sus papás a la hora de sentarse a comer. “Lo único que elige son las pastas –cuenta Laura, su mamá,- entonces la pediatra nos aconsejó que le variemos los platos con diferentes rellenos y salsas”.

            En este sentido María Laura García, nutricionista de adultos y niños en Policonsultorios Quilmes, explica que si los hijos presentan dificultades para comer, es muy delgado y tiene poco apetito, es importante ofrecerles comidas con mayor densidad energética es decir, calorías y proteínas, para ayudarlos a prevenir la pérdida de peso.

“De manera que se puede incorporar una cantidad extra de aceite, crema de leche, manteca ó margarina, a preparaciones calientes como purés, sopas, pastas, arroz, papas, polenta, batatas, guisos”, enumera la nutricionista. También, agregar quesos tipo crema, mantecoso ó fresco, en preparaciones como soufflé, budines, omellettes, rellenos de pastas, canelones, lasañas, ravioles, tartas, empanadas o pizzas.

El vínculo madre-niño en la alimentación

María Paula Gerardi, psicóloga de niños y adolescentes, explica que la alimentación es una forma de comunicación entre la madre y el bebé, dar el pecho o la  mamadera en un ambiente cálido, de conexión y de ternura va dejando huellas psíquicas en el niño y va construyendo su subjetividad. “Es saludable que desde esos primeros momentos que son los inicios del niño con la alimentación muy ligados al contacto con el cuerpo materno, con las miradas, las caricias y las palabras sean experiencias placenteras para ambos”, aconseja Gerardi titular también del sitio www.orientacionapadres.com

Asimismo, explica la profesional que el pasaje de líquido a sólido es un período muy importante en lo que respecta a la alimentación. El bebé comienza a explorar. Entonces, hay que permitir que el niño juegue con los alimentos, que los toque, que se ensucie, que los pase por su carita, que juguetee con la cuchara y que tome el vaso. Estas experiencias en un contexto de juego, exploración y afecto marcan el futuro vínculo del niño con la alimentación.

No forzar a los chicos a comer

Los niños pequeños suelen distraerse mucho a la hora de comer: no se quedan quietos o se paran  en su silla, se levantan para buscar algún juego y luego vuelven a sentarse y así la hora de la comida se convierte en un enorme desafío entre padres e hijos. Muchos papás han usado y aún pronuncian frases tales como: “Si no comes no tenés postre” o “hasta que no comas toda la comida no te levantas de la mesa”.

En este sentido, la titular del sitio Orientación para Padres propone no forzar a los chicos a comer, sino ir familiarizándolos de a poco con los nuevos alimentos, cortar la comida en pequeños trozos o crear distintas formas con sus ingredientes en el plato. “Hay que tratar de evitar las discusiones relacionadas con la comida y no hay que castigar a los chicos por que no comen, ni hay que sobornarlos”, concluye Gerardi.

Gisela López cuenta que su nena de 3 años suele tirar la comida al piso, cuando no le gusta o escupirla en el plato, luego de masticarla. “Desde bebé tuve que tener mucha paciencia cuando empecé con sus papillas. Me rechazaba la cuchara así que su pediatra me aconsejó no usar una de metal, sino de plástico, solía llorar y voltear su cara cuando le daba de comer”, recuerda Gisela.

La licenciada Gerardi advierte que a los dos y tres años los chicos quieren hacer las cosas solitos, se van separando del adulto y comienzan a explorar su independencia. Por lo tanto, es necesario darles la oportunidad de comer solos aunque tarden y también, dejarlos “probar” aunque se ensucien y tiren la comida al piso. El rechazo a la comida a esta edad, en ocasiones, puede ser un intento de reforzar su independencia.

            Desde el año de vida, los bebés pueden participar de la mesa con los adultos y es aconsejable que sea un momento compartido, un momento tranquilo, de reunión, de afecto y comunicación sin discusiones y sin televisión.

Según un estudio de Unicef sobre “Nutrición, desarrollo y alfabetización”, los niños no deben ser forzados a comer. El rol del adulto es proveerles alimentos con frecuencia y en variedad. Los niños son resistentes a los cambios del mismo modo que lo son los adultos. Por eso, cuando se les ofrece un alimento nuevo, se les debe dar la oportunidad de probarlo, rechazarlo, desmenuzarlo, jugar con él. Este aprendizaje es parte del desarrollo global.

El sabor, el olor y las texturas

Como dice el refrán “sobre gustos no hay nada escrito”. Así, Carolyn Korsmeyer en su libro “El sentido del gusto” relata que los filósofos han interpretado las preferencias gustativas como particulares, personales y resistentes a toda estandarización y explica que los gustos expresan un significado y por ello poseen una dimensión cognitiva (de conocimiento) por lo tanto comer es una actividad con un profundo significado social.

            El sabor: Cuando los pequeños comienzan a incursionar en el mundo de los alimentos sólidos, ellos tienden a preferir los sabores suaves y dulzones a los más ácidos o amargos. Según “La guía práctica de nutrición infantil” de Carolina Camacho Mackenzie, nutricionista y gourmet colombiana, el gusto por el dulce en los niños es natural, se desarrolla desde que el niño está en el útero de la madre porque el líquido amniótico que lo rodea es dulce y lo ingiere desde el quinto mes de gestación. Por lo tanto, es un sabor que no le resulta desconocido al nacer. Además, la leche materna como las de fórmula tiene un sabor dulzón.

Entonces, es altamente probable que los niños acepten de manera más natural alimentos dulces como zanahorias, calabaza y batatas que aquellos como el repollo, el brócoli o la coliflor.  Por lo tanto, es aconsejable combinar sabores más dulces con otros más fuertes e ir reduciendo gradualmente la proporción de los sabores suaves respecto de los más intensos.

El olor: La lengua es capaz de detectar sólo cuatro sabores básicos: dulce, ácido, salado y amargo, y lo que denominamos sabor de las comidas en realidad está determinado por su olor. Cualquier barrera que afecte la capacidad olfativa, como un resfrío, también afectará el sentido del gusto; por eso los niños pequeños resfriados pueden rechazar todo tipo de alimentos. Además, tampoco les gustan los alimentos con olor muy fuerte, como el ajo o las cebollas.

Teresa Becerra, psicoanalista mexicana y autora de “La Alimentación en la Primera Infancia” explica en su libro que hay bebés que rechazan muchas comidas por su olor, entonces recomienda realizar una “aproximación gradual”.  Esto es que el bebé tolere estar cerca de ciertos olores, sin intentar que los pruebe, para que se familiarice con ellos. También, se puede poner el alimento de sabor nuevo en sus dedos o en un juguete para que al manipularlo el niño vaya exponiéndose a ese sabor  u olor y gradualmente se acostumbre a él y empiece a gustarle

La textura: “Es importante que la textura de la comida vaya variando de mas suave a menos suave, conforme a la edad del niño”, explica la nutricionista y escritora colombiana. A los niños suelen no gustarles ciertas texturas como la carne fibrosa y difícil de masticar, las comidas resbaladizas o grasosas y los vegetales gomosos o con filamentos. También, de muy pequeños, ellos pueden rechazar todo lo que no esté reducido a puré o pisado si todavía no desarrollan la habilidad de deshacer los grumos, en cuyo caso habrá que darles alimentos cremosos y suaves como yogur y sopas.

             “A veces -amplía Becerra- un método negativo o de castigos puede a corto plazo modificar una conducta, pero no necesariamente es un éxito terapéutico. Es más recomendable invertir el esfuerzo en lograr que el niño y sus padres consigan tener una relación de cooperación mutua y busquen soluciones juntos. Aunque esto tome más tiempo, el resultado  a la larga será más satisfactorio”. 

            La hora de la comida es un momento apropiado para la socialización, el diálogo y la relación afectiva con el niño. Por tanto es importante crear una atmósfera agradable, de charla e intercambio. Cuando se produce tensión y disgusto, podemos llegar a crear un niño inapetente, sólo por cierta actitud negativa de gritos, ademanes bruscos o imposiciones.

 
Algunos consejos para que los niños coman

 

• Hacer de la hora de la comida un momento de diversión

Haz que intervenga en el “ritual” de la comida.  Llevar a los chicos de compras a la verdulería, carnicería o supermercado y enseñarles las verduras y frutas por colores y por nombres.

Una vez en casa, invitarlo a que ayude a guardar lo comprado y ordenarlo. A partir de los 2 y 3 años pueden ayudar a elegir el mantel, a poner las servilletas y su vaso o cubierto. A partir de los 4 años el niño puede ayudar o hacer él mismo una receta sencilla, bajo la supervisión de un adulto y esto, sin duda,  lo estimulará a probar y comer.

En lo que respecta al menú, proponerle a los hijos que elijan entre algunos platos, pero no hacer de la cocina diaria un restaurante a la carta.

• No lo presiones

Las expresiones como: “¡Come toda la comida del plato!” harán que el niño se niegue a comer. Si el pequeño no se siente presionado, empezará a comer sin ninguna preocupación. No hay que enfrentarse a un hijo que no quiere comer, porque él buscará agotar la paciencia de quién lo rete. Tratá de decirle pacientemente: “De acuerdo, no comes en la mesa, pero si tenés hambre dos horas más tarde, vas a tener que esperar a la cena”.


• Haz atractivos los platos

Darle formas a las verduras o crear con ellas algún dibujo. Cortar la fruta en pequeños trozos y ensártala en un palito a modo de brochets. Ese momento de diversión le gustará y le hará olvidar que bajo esas “creaciones” colores y formas se encuentra el puré de zanahoria que tanto le desanima.
Fuente: Guía infantil de la Asociación Española de Pediatría de Pelancha Gómez-Olazábal.


Nota Publicada originalmente en revista Convivimos - Autora: Natalia Yanina Vázquez

13 mar 2013

COMO SER FELIZ - Por Natalia Yanina Vázquez




La creencia general es que la felicidad se consigue al obtener algo que falta: un hombre, una mujer, un auto o una casa. Pero según los estudios de la psicología positiva la felicidad se construye al conjugar las emociones, los vínculos sociales, los logros y el amor en todas sus manifestaciones.

“Consciente de que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental” y “reconociendo la pertinencia de la felicidad y del bienestar como objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos de todo el mundo”, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó, este año, al 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad.

Pero ¿Se puede ser feliz y construir la felicidad? Si las necesidades básicas están cubiertas –según Aristóteles- se puede afirmar que la felicidad no tiene que ver ni con el dinero, ni con el éxito. La felicidad se construye en función de vivir poniendo en juego las diferentes áreas que el psicólogo norteamericano Martin Seligman denominó PERMA”.

Viviana Kelmanowicz psicóloga y psicopedagoga, profesora titular de “Intervenciones en Psicología Positiva” de la Universidad de Palermo explica que el PERMA (acrónimo en inglés) resume: P: Emociones positivas. E: (Engagement) Compromiso. R: Relacioones, vínculos sociales. M: (Meaning) Tener una vida con significado y A: (Accomplishment) Realizaciones, logros.

Asimismo, la psicóloga advierte que el amor es la emoción que condensa a todas las demás emociones positivas (gratitud, orgullo, serenidad, etc.) por lo tanto, se puede afirmar que experimentar amor en cualquiera de sus formas (romántico, fraternal, espiritual, maternal y otros) incrementa la felicidad.

Sin dudas, la maternidad y ese primer vínculo con el recién nacido es uno de los momentos que toda madre revive con mayor bienestar. Romina Hernández (37) cuenta que su primer bebé se adelantó 1 mes y por eso no pudo tenerlo con ella en la habitación del sanatorio. “Lautaro estuvo 2 semanas internado en neonatología y recuerdo que recién a los 5 días de nacer los médicos me permitieron ponerlo en mi pecho. Ese fue un momento hermoso, emocionante y de plena felicidad, que aún hoy se me estremece la piel al contarlo”, manifiesta Romina.


La felicidad es heredable y estable


Sonja Lyubomirski en su libro “La ciencia de la felicidad” (en un estudio que incluye 225.000 adultos) sostiene que el rango en que se experimenta la felicidad es en un 50 por ciento hereditario, sólo el 10 por ciento está definido por las circunstancias que se atraviesan (dinero, casamiento, soltería, trabajo, etc.) El 40 por ciento restante se debe a la actividad deliberada que cada uno realiza en busca del bienestar, en función de lo que cada persona haga. Es decir, que todos tienen un 40 por ciento de posibilidades de guiar su actividad en forma intencional para producir mejores estados de ánimo o mayor felicidad.

En este sentido, Viviana Kelmanowicz consultada por Convivimos explica que las personas poseen una capacidad notable para habituarse a cualquier cambio positivo en su vida, por eso se habla de “habituación o adaptación hedónica” a las emociones positivas. En consecuencia, según la lógica, no se puede lograr que las personas sean muy felices para siempre, porque cualquier aumento de la felicidad será temporal y a largo plazo, regresan a su nivel de bienestar original o de “referencia” (ese 50 por ciento genético) por eso se explica que cuando alguien obtiene algo que deseaba con ansias no suele provocar un estado de felicidad eterno, sino efímero.

La felicidad se construye


“Entonces, la clave de la felicidad no consiste en cambiar nuestra constitución genética -algo imposible- ni en cambiar nuestras circunstancias –por ejemplo buscar tener más dinero-, sino en nuestras ‘actividades deliberadas’ de todos los días que tienen efecto sobre nuestro nivel de felicidad” -afirma Kelmanowicz y expone- “la felicidad depende del accionar de cada persona. Es necesario que los adultos desarrollen una ‘actitud’ intencional y activa hacia la búsqueda de la felicidad y es ‘responsabilidad’ de cada persona adulta promover el diseño de contextos favorecedores de afectividad positiva, para que los niños sean proclives a desplegar, en el futuro, una búsqueda activa hacia el ‘bienestar subjetivo’ porque “la felicidad no se encuentra, se construye y se crea”, remarca la profesional.

Según los profesores en psicología estadounidenses Edward Diener, Steve Sandvik y William Pavot el “bienestar subjetivo” implica un balance del efecto positivo frente al negativo y por ende, una vivencia de felicidad. Esa sensación de bienestar es experimentar emociones positivas en un mayor porcentaje de tiempo, respecto al que sentimos emociones negativas, formando un círculo positivo de retroalimentación.

Maria del Carmen Ibañez (84) dice que, a su edad, tiene un gran número de recuerdos felices pero que, actualmente, lo que la hace sentir bien es “ver crecer a sus plantas” y no solo las que cultiva en su propio jardín –que parece un cuadro de Monet- sino a los plantines y gajos que hace para sus nietas. “A Valeria, la mayor, le planté dos hermosos jazmines celestes y unas campanitas trepadoras blancas que hoy están inmensas y embellecen su parque. Esa es mi manera de brindar amor y me da mucha felicidad ver como han crecido y las han cuidado. Es una manera de estar con ella y permanecer”, expresa con ternura María.


Paraíso e Infierno


Viviana Kelmanowicz como miembro titular también de la Asociación Internacional de Psicología Positiva explica que sentimos lo positivo, tanto como lo negativo. “Paraíso e infierno”. Los estudios dicen que aquellos que más intensamente sienten lo negativo, experimentan con igual intensidad lo positivo. “La clave está entonces -confía Kelmanowicz- en aumentar la frecuencia de lo positivo, de las experiencias y vínculos efectivos y no en intentar eliminar lo negativo, básicamente porque es imposible”.

La psicología positiva tiene como foco no sólo ayudar a las personas a superar sus problemas (objetivo de las terapias tradicionales) sino, y básicamente, focalizarse en sus fortalezas, en aquello que hace sentir a las personas realizadas, en paz y armonía con los otros. Abraham Maslow y Carl Rogerts fueron los que establecieron las bases del bienestar psicológico, de la felicidad y trabajaron sobre los aspectos objetivos de las personas como el amor, la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la resiliencia y Martin Seligman el que aunó todos esos esfuerzos en lo que denominó “psicología positiva”.

Y así se entiende que la “inteligencia emocional” (la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos) es fundamental. No se puede evitar la tristeza, la decepción, la desilusión ni el dolor. No se pueden evitar los duelos. El estado de ánimo de cada persona va a depender momentáneamente de lo que le suceda. “Los hechos nos acontecen”.

“Lo importante es qué hacemos con lo que nos ocurre” –revela Kelmanowicz- “Cómo estos hechos pueden influirnos”. Es decir, cómo y en qué medida los acontecimientos de la vida afectan el ánimo y la calidad de vida de los individuos. Entonces, dependerá de esa fracción genética pero también de ese 40 por ciento de actividad intencional, que se puede generar en la vida y, como adultos, enseñarles a los hijos.

“A mi terminar de leer un libro me da placer” -cuenta Gisela Barros (39) y relata- Martín, un amigo entusiasta por la literatura, que cursa talleres literarios y que espero, algún día, edite y publique sus cuentos, me regaló un libro de Pablo Ramos, crudo, intenso y cuyos cuentos me llegaron a las vísceras, más que al corazón y que terminé en 3 días. Eso me puso feliz”, relata Gisela quien recuperó un hábito que había abandonado.


Saborear, Fluir y Atención Plena


Entre las premisas que propone practicar la psicología positiva como entrenamiento para lograr el bienestar y la felicidad están: El saboreo relacionado con el aprecio de la belleza, la excelencia, la capacidad de admiración y el asombro.

También el “fluir”: la posibilidad que tenemos de abstraernos de todo y entregarnos, al menos por un momento, a aquellas actividades que no tienen otro objetivo más que el placer de hacerlas. El psicólogo y sociólogo croata Mihaly Csikszentmihalyi define “fluir” como el momento en que funcionamos a pleno rendimiento y estamos concentrados en la actividad que realizamos.

Para que esto ocurra, el psicólogo cree que es necesario que haya un equilibrio entre nuestras habilidades y los desafíos a que nos enfrentamos. Por ello, el peor acoso laboral es impedir la posibilidad de fluir, ya sea a través de tareas demasiado fáciles, que nos llevan al aburrimiento, o a través de tareas demasiado complicadas, que nos provocan estrés.

Y por último esta lo denominado Mindfulness o “atención plena” esto es aprender a centrar la mente de forma consciente en la experiencia del presente, del aquí y ahora. Y hacerlo como observadores sin prejuicios, sin emitir juicios. Algo así como aprender a centrarnos en el presente sin poner etiquetas, sin pensar "esto no debería ser así", "no me debería sentir así". Simplemente recibiendo el presente lo que existe, la experiencia tal y como es.

En definitiva “saborear” las cosas placenteras de la vida, “fluir” en la práctica de aquello que nos da verdadero placer y conectarse con suma “atención” y plena conciencia con “este presente”, sin prejuicios, dándole el tiempo y el espacio que merece es una forma de emprender el camino para acercarse a la felicidad.

Entrenamiento para ser feliz


Algunos consejos que la psicóloga Viviana Kelmanowicz enumera de la Psicología Positiva para alcanzar el estado de felicidad:

 Actos de amabilidad: Recordar algún momento en que uno haya actuado de manera generosa y amable y en los que se sintió satisfecho. Visualizar la respuesta del receptor de la actuación y la sensación que se experimentó. “Saborearla”.

 Placer y significado: Llevar un registro, por 2 semanas, de las actividades cotidianas y tomar el tiempo que le dedica a cada actividad. Armar una tabla que indique cuánto significado y cuánto placer le provee cada actividad y la cantidad de tiempo que le dedica. Evaluar si se está satisfecho con el resultado.

 Preguntarse qué le provee a la vida de significado. Qué brinda esa gratificación emocional que uno necesita para sentirte bien consigo mismo.

 Desarrollar habilidades nuevas. Proponerse aprender cosas nuevas.

 Cultivar las relaciones: conectarse, llamar o verse con aquellas personas con las que no uno se encuentra por falta de tiempo o por la inercia de la vida. Incrementar la intensidad de los vínculos.

 Contar bendiciones: pensar las tres mejores cosas que le pasaron en el día, llevar un racconto de lo bueno que le pasó (desde lo más pequeño hasta lo más grande) y agradecer por eso.

 Agradecer: pensar en aquellas personas a las que por su impacto en tu vida, uno desea agradecerles. Escribirle una carta contándoles por qué fueron importantes para uno, en qué ayudaron, qué le brindaron a uno, etc.

 Compromiso: Comprometerse con sus objetivos.



Nota publicada originalmente en la revista Convivimos/Autora: Natalia Yanina Vázquez

21 feb 2013

Nuestro hijo no quiere dormir solo - Por Natalia Vázquez

La importancia del contacto físico entre la madre y su bebé y de acudir a las demandas de su llanto. Laura Gutman explica por qué algunos niños no concilian el sueño sin sus padres y habla sobre el “dolor de la espera”. Dormir con mamá y papá.

La Teoría del Apego expuesta en los artículos de John Bowlby, de 1958 explica que el estado de ansiedad o temor de un niño está determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto. El “apego” proporciona seguridad emocional, ser aceptado y protegido incondicionalmente y  resalta la importancia del contacto continuo con el bebé, sus cuidados y la sensibilidad ante sus demandas.
En este sentido Laura Gutman, consultada por Convivimos, autora de varios libros sobre infancia, maternidad, paternidad y sobre la metodología de construcción de la “biografía humana” enfatiza sobre el dolor de la espera: “Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar el confort  en brazos de su madre,  se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno.  El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre  volverá en cualquier momento a devorarlos”.
Asimismo,  Gutman destaca la importancia del sueño y propone con ironía “hacer un campamento en el living con padre, madre, hermanos, perro y hasta el hámster, si es necesario, para poder dormir”. También, se siente extrañada cuando las personas grandes se asombran tanto con hechos sencillos que los niños entienden perfectamente bien.
“Los seres humanos somos mamíferos” –dice la escritora y amplía- “Es decir, que necesitamos estar pegados al cuerpo materno o a los de otros miembros de la manada, hasta que estemos suficientemente seguros y capaces de enfrentar a los depredadores”.
Así, Laura Gutman opina que los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. “¿Hasta cuándo?” – pregunta la terapeuta y contesta- “Hasta que el niño no lo necesite más”.
“A mi nene, de noche,  lo acostamos con nosotros en nuestra cama y, cuando está profundamente dormido, lo llevamos a su cuna. Tanto el papá como yo optamos esta rutina porque varias veces intentamos dejarlo dormir solo pero lloraba y se angustiaba mucho”, cuenta María Eugenia Trabucco de 26 años, mamá de Ciro Nicolás de 2 y agrega que al pasarlo a su pieza sigue durmiendo hasta el día siguiente.
Dormir en la cama con mamá y papá
En Asia, a diferencia de los americanos y europeos, la modalidad habitual de crianza es compartir la habitación y aún la cama con los hijos, sin que ello sea vivido como un problema, según las investigaciones de doctores estadounidenses publicadas en “Colecho: en el contexto de las prácticas y problemas del sueño en los niños de Japón y Estados Unidos”.
            Sin embargo, un grupo de médicos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) explica en el artículo “Trastornos del sueño en niños sanos”, divulgado en la web,  que “el colecho – dormir en la cama con los padres u otro adulto- es un factor que está relacionado con una mayor prevalencia de perturbaciones en el descanso de los hijos.
Esta afirmación se basa en una investigación que se realizó en 203 niños controlados en el Sector Salud Infantil del Servicio de Pediatría del Hospital Nacional Profesor Dr. Alejandro Posadas, en la Provincia de Buenos Aires, que demostró que de los que compartían la cama con un adulto (colecho) - sólo el 12,3% o sea 25 niños y niñas del total consultado- el 64% presentaban dificultades para dormir (16 de 25 niños).
De todas maneras, el texto también resalta que otros autores no encontraron asociación entre el colecho y los trastornos del sueño y mencionan además, el caso de Japón donde los padres acostumbran a dormir con sus niños sin asociarse esta modalidad “per se” a tales perturbaciones. Asimismo, se excluyeron situaciones específicas que comúnmente alteran el sueño y el comportamiento de los hijos como la “crisis la familiar actual” que abarca el fallecimiento de un pariente directo, las mudanzas, la separación o el divorcio de los padres y la pérdida de trabajo paterno o materno.
Por otro lado, en la página de la organización argentina Sindrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) bajo la responsabilidad del Dr. Alejandro Gustavo Jenik se informa que los peligros del colecho son: elementos peligrosos en la cama para la vida del bebé (almohadas, edredones, etc.), dormir en un sofá, adultos fumadores, papás muy extenuados con sueño muy profundo, producto del cansancio, del consumo de alcohol o de drogas, que les impida despertarse si el bebé está en peligro.
Despertares nocturnos
Lorena Del Valle (37), mamá de Lautaro de 4 y de Julia de 2 años, comenta cómo su amiga Ana, duerme a su hija de 2 años sola en la cuna y con la luz apagada. “Estábamos cenando en su casa y el llanto de la nena se escuchaba cada vez más fuerte pero Ana le señalaba que `lloraba 10 o 15 minutos y que luego caía rendida de sueño`” cuenta Lorena.
            Esa practica se popularizó en Boston, Estados Unidos y nace del denominado Método Ferber, que posteriormente fue adaptado por el médico catalán Eduard Estivill en el libro “Duérmete Niño”, una técnica conductistas que propone de a poco dejar que el bebé llore en su cuna, cada vez mas minutos, hasta que “aprenda a dormirse solo”.
Ana no fue la primera persona que le sugirió a Lorena no dormir a su bebé en brazos, ni en la cama con ella. Ella recibía varias recomendaciones de abuelas, tías y hermana mayor tales como “lo vas a malcriar a ese bebé si lo tenés tanto tiempo a upa” o “ponelo en el cochecito” o “que no se te duerma en la teta sino te la va a usar de chupete” que las sentía como una “presión” que le “anulaban ese sentimiento e instinto materno”.
            Alejandra Marina Mercado, médica de familia, nacida en Córdoba pero instalada en Nequén con su esposo Guillermo y sus 5 niñas, dedicada a su trabajo en el Centro de Salud de Valentina Norte, un barrio periférico de la ciudad y a la docencia como integrante de la Comisión de Lactancia Materna de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte, en su página web www.dardemamar.com, que las mamás deben saber que los bebés que maman, por lo general toman más seguido que los alimentados con leche de otra especie.
Precisamente, la médica especialista en lactancia explica que la leche materna es muchísimo más fácil de digerir y asimilar, por lo tanto muchos bebés que maman necesitan las tomas nocturnas, sobre todo porque es durante las noches cuando la producción de prolactina (hormona que estimula la producción de leche) es mayor”.
Además informa que existen otros motivos por los que los bebés se despiertan de noche y para explicarlo cita al doctor Carlos González, uno de los máximos exponentes en los países de habla hispana de métodos no conductivos autor, entre otros, de “Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor”.
En los brazos de los antepasados
  Así cuenta que hace 50.000 años, cuando el hombre no tenía casas, ni ropa, ni muebles, separarse de su madre significaba la muerte “¿Se imagina a un bebé desnudo en el campo, al aire libre, expuesto al sol, a la lluvia, al viento y a las alimañas? ¿Sólo durante ocho horas, mientras su madre "trabaja" recogiendo frutas y raíces? Ni siquiera una hora podría sobrevivir en esas circunstancias”.
En los antepasados, los bebés estaban las  24 horas en brazos, y sólo se separaban de su madre para estar unos momentos en brazos de su padre, su abuela o sus hermanos. “Hoy en día, cuando se pone al bebé en su cuna se sabe que no corre ningún peligro: no pasará frío, ni calor, ni se mojará, ni se lo comerá un depredador.
“Pero el niño no sabe todo eso” –dice el artículo del doctor Carlos González y compara- “los hijos, cuando nacen, son exactamente iguales a los que nacían hace 50.000 años. Así, ante la más mínima separación, lloran como si la mamá se hubiera ido para siempre. Más adelante, cuando empiece a comprender dónde está esa madre, cuándo volverá y quién le cuida mientras tanto, empezará a tolerar las separaciones con más tranquilidad”.
Acudir al llanto
            El autor y médico pediatra Gonzalez manifiesta: “Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo normal" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad”.
Y concluye que a medida que el niño crece, se va haciendo más independiente. Esto no significa que pase más tiempo solo, o que haga las cosas sin ayuda. “La independencia consiste en ser capaces de vivir en comunidad, expresando nuestras necesidades para conseguir la ayuda de otros, y ofreciendo nuestra ayuda para satisfacer las necesidades de los demás”.
No quiere ni debe dormir solo. Por Laura Gutman
Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida.
Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos  que  son inconfundiblemente claros. 
Circula  socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos ellos van a reclamar más y más.  Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente.


 Autora: Natalia Yanina Vázquez
Nota publicada originalmente en la revista "Convivimos".

30 oct 2012

DESPUES DE LA SEPARACIÓN - Por Natalia Y.Vázquez

Divorcio
(autoria de El arte de la estragegia)
El divorcio o la separación es un proceso de duelo, ya que entraña la pérdida del vínculo conyugal. Perder lo que amamos y experimentar dolor por esa realidad es parte de la existencia humana y cambia nuestro modo de estar en el mundo, generando incertidumbre sobre cómo continuar en este nuevo espacio, pero también puede convertirse en una posibilidad de cambio y crecimiento si la angustia por la separación se atraviesa saludablemente.


La ruptura del matrimonio es una circunstancia con características ambiguas: es dolorosa para todos los integrantes, pero al mismo tiempo es la solución del cotidiano malestar de la pareja, en ese vínculo donde los hijos suelen ser quienes más sufren.

Carla Cirelli (38) docente y empleada administrativa se separó hace 1 año de su marido, luego de 13 años de matrimonio. Desde el principio les dijeron a sus dos hijos, Ulises (11) y Franco (8), que papá y mamá no podían vivir más juntos, porque se peleaban mucho y ya no se amaban como pareja. Por lo tanto, esa situación los estaba lastimando a los cuatro. “Ellos lloraron mucho, en particular el mas chico, pero el grande nos dijo que era mejor porque se sentía mal cuando nos veía pelear”, reveló Carla.

Sonia Cesio, psicóloga clínica y docente en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), consultada por Convivimos explicó que los niños ya han presenciado a los padres peleando con frecuencia, también sienten ese enojo entre ellos y no saben muy bien qué hacer al respecto. “Generalmente, la pareja trata de disimular las desavenencias, pero los hijos están muy atentos a esos eventos de sus papás. Son como un termómetro que mide ‘la temperatura’ del ambiente en su casa y siempre saben cuando esta ‘alta’: eso significa que detectan los riesgos por venir”, contó la especialista.

Cómo explicarles la separación a los chicos

Es conveniente decirles a los hijos que hace tiempo que papá y mamá están “disconformes” con lo que hace cada uno de ellos, que cada día les produce mayor “malestar” y “enojo”; que además sienten “tristeza” por no estar contentos como antes y que por esos motivos, luego de pensarlo mucho, decidieron vivir separados.

Sonia Cesio, quien también es titular del sitio www.enigmapsi.com.ar, dijo que es preciso explicarles a los pequeños que después de la separación o divorcio, papá y mamá van a vivir en lugares diferentes, pero que no se van a separar de ellos (los hijos) sino que, de ahora en adelante, van a vivir en dos casas y estarán un tiempo con mamá y otro tiempo con papá. De ese modo, los van a ver a sus padres contentos y podrán hacer cosas divertidas sin enojos mediante. Algunos días será con papá y otros con mamá.

Gabriela López (36), guía y coordinadora Nacional de Turismo, que actualmente trabaja en un centro de Diagnostico por Imágenes en Adrogue, contó que su divorcio no fue de común acuerdo, sino que su marido la dejo por otra mujer, hace 6 años. “Hasta ese momento, la nuestra era una relación hermosa. Sin peleas ni desacuerdos. Éramos muy unidos. Jamás me expliqué qué pasó. Jamás entendí el por qué. Pero un día, el de mi cumpleaños, me dijo esa frase especial: ‘Estoy confundido, necesito tiempo’", relató Gabriela.

En ese entonces, sus dos hijos varones de 1 y 3 años no tuvieron una clara noción de lo que estaba ocurriendo porque ella también había quedado desconcertada. “De hecho yo me enteré que estaba con otra mujer por mi hijo mayor, que los había visto juntos”, reveló Gabriela irritada y contó que enseguida empezó terapia para asesorarse cómo explicarles a sus niños, de manera sencilla, que su papá ya no iba a vivir más con ellos.

“Fue muy doloroso, en particular con el mayor que en un primer momento lloraba mucho y pedía por su papá, luego tuvo, y aún hoy tiene, problemas emocionales, así que lo ayudan de manera alternada una psicóloga y una psicopedagoga, porque le habían diagnosticado depresión. En cambio, el más chico creció sin su papá presente y, hoy, lo ve como algo normal”, confesó Gabriela.

No es culpa de nadie, son cosas que pasan

Los niños pequeños desean la reconciliación de sus padres cuando el mensaje de la separación de la pareja parental fue confuso. Entonces, naturalmente, esperan que se aclare la confusión y todo vuelva a ser como antes; y alimentan la ilusión de tenerlos juntos otra vez. La psicóloga Cesio explicó que “si el mensaje es claro” se acaba esa ilusión, no de repente sino progresivamente.

Circunstancialmente, los chicos sienten que hicieron algo malo y que la separación es a causa de ellos. La mente humana (tanto infantil como adulta) recurre a mecanismos defensivos ante la angustia y el dolor, para aliviarlos. Esta sensación, en los niños está aumentada por “la indefensión propia de la edad”. Es más soportable sentir “que hice algo malo yo (el hijo/a)” porque eso se puede reparar y, entonces existiría la posibilidad de volver atrás y que todo sea como antes. No es algo pensado sino algo sentido.

“Conviene verbalizar todas las veces que sea necesario que no es culpa de nadie, que son cosas que pasan, a veces, entre las personas grandes que, en ocasiones, dejan de estar felices viviendo juntas. Además, recordarles a los niños que ‘nunca’ van a dejar de quererlos y que ‘siempre’ van verlos, cuidarlos, llevarlos a pasear, estar atentos a sus intereses, pero de una forma distinta a la de antes”, expuso la psicóloga y aclaró que eso es aplicable en parejas separadas en buenos términos.

En los matrimonios que atraviesan serios problemas y cierta violencia, es más complicado establecer acuerdos y brindar contención y, por lo tanto ciertas discordias dejan una marca muy dolorosa en la personalidad de los hijos. Lo saludable es poder superarlas con ayuda de los padres o de un psicólogo, según el caso.

La presencia de los padres y las visitas

Después de la separación de los papás, los niños se sienten solos, impotentes, profundamente tristes y hasta con rabia y enojo cuando lo adultos no los acompañan en esta experiencia que atraviesan. Entonces, según explicó la psicóloga Cesio conviene que los hijos “descarguen esos sentimientos” a través de juegos apropiados, “estimularlos” a hacer algún deporte y “estar cerca de ellos” hasta que la furia desaparezca.

Gabriela contó que su ex marido tiene otro hijo de 4 años con su actual pareja, que es la mujer por quien rompió el vínculo con ella. “La relación de esta señora con mis hijos no es nada buena ya que nunca aceptó ‘el combo’", irónizó Gabriela y explicó que por eso sus hijos se están alejando de su papá, a pesar de que ella lucha para que eso no ocurra.

Después de 6 años, Gabriela se volvió a enamorar y sus hijos están contentos y “aliviados”. El más grande había tomado la postura de “cuidador” y de "hombre de la casa". Ahora, en cambio, hay otra persona que cuida de mamá y ellos sólo cumplen el rol de hijos.

En el caso de Carla, el papá de los nenes, Alberto, todos los días los lleva al colegio, los retira y almuerzan juntos. Los jueves y los domingos se van con él y sábado por medio duermen donde él vive. “Somos totalmente flexibles y compartimos partidos en el club, reuniones del colegio, visitas al pediatra y cenamos una vez a la semana los cuatro juntos en nuestra casa”, contó Carla.

En este sentido, la psicóloga Cesio observó que los padres están preocupados sobre sus propios problemas y, también sobre el destino y bienestar de sus hijos. Entonces va a ser muy importante que se “arme un plan que puedan cumplir” respecto de las visitas.

Si el padre se fue, conviene que se vea con los hijos como mínimo dos veces en la semana y de algún modo similar al que tenía antes de la separación. Es importante que vaya a buscarlos a la escuela o a la práctica de deporte y que realicen salidas y paseos juntos. Además, también es bueno alternar los fines de semana entre cada uno de los padres. Si es posible, siempre conviene que haya flexibilidad para compartir el tiempo con los chicos.

Nota publicada originalmente en la Revista Convivimos